La persecución por parte de la actual Administración de Estados Unidos contra el doctor Anthony Fauci, posiblemente el científico con mayor prestigio dentro y fuera de ese país en la infección del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que produce el sida, y en SARS-CoV-2, que origina Covid-19, además de su dilatada trayectoria como director del prestigioso Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de los INH, no ha cesado desde que fuera acusado por un senador republicano de mentir durante la pandemia, sin pruebas que lo demostrase.
Actualmente, el doctor Fauci, de 85 años, sobrevive con la acusación de «desacato» que acordó el Congreso de EE UU en agosto pasado, por negarse a declarar días antes en una audiencia-trampa sobre su gestión en la pandemia. Y de nada ha servido tampoco la carta abierta que, a finales de julio de este año, firmaran más de 150 científicos y clínicos denunciando esta incalificable persecución.
El contenido de la carta, que apenas tuvo difusión en España, posiblemente por las vacaciones estivales, es contundente. «Las acusaciones contra el doctor Fauci carecen de fundamento, ya que sugieren que encubrió los orígenes de la Covid-19, que sobornó o persuadió a otros científicos para que se unieran a su encubrimiento, que la investigación financiada por el NIAID desencadenó la pandemia, que posee patentes del virus y que colabora con agencias de inteligencia para ocultar la verdadera historia de la pandemia. No se ha presentado ninguna prueba creíble que respalde estas acusaciones absurdas», recoge la misiva.
En este texto también se recuerda que Fauci ha liderado a EE UU durante los brotes del virus Ébola y los ataques con ántrax. El final de esta lamentable situación es difícil de predecir, fundamentalmente por las imprevisibles decisiones del presidente Trump que por ahora apoya sin ambages a ese senador innombrable.


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