La medicina de precisión permite tratar el cáncer de forma más eficaz y con menos efectos secundarios al ajustar las terapias a los rasgos únicos de cada paciente.
Las terapias celulares representan hoy uno de los pilares más avanzados de la medicina personalizada para tratar el cáncer de forma más eficaz y con menos efectos secundarios, al utilizar células vivas (generalmente del propio sistema inmunitario del paciente) modificadas en el laboratorio para combatir los tumores de manera específica.
De esta manera, se modifican células inmunitarias -linfocitos T- de la propia persona enferma, para potenciar su capacidad de detectar y destruir células tumorales.
A diferencia de la quimioterapia tradicional, que destruye tanto células cancerosas como sanas, estas terapias se diseñan para reconocer rasgos únicos del tumor, minimizando el daño al tejido sano.
A pesar de ser terapias prometedoras, se usan en la clínica para pocos tumores de la sangre. La investigación busca muy activamente ampliar el tipo de tumores en que poder aplicarlas y eso pasa por reducir sus efectos secundarios.
Ese es el objetivo de la nueva estrategia desarrollada por el equipo de Luis Álvarez-Vallina en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el Hospital del Mar Research Institute (Hmrib) y el Instituto de Investigación del Hospital 12 de Octubre (i+12), que merece la portada del último número de la revista "Advanced Science".
El equipo, como informa el CNIO en un comunicado, ha creado una manera de regular la actividad de la terapia celular de tipo STAb-T mediante un fármaco, que el paciente toma o no.
El fármaco funciona en la práctica como un interruptor químico que apaga o enciende la terapia celular, controlando así la intensidad del tratamiento y, por tanto, evitando una toxicidad excesiva.
La estrategia ha sido probada en modelos animales de varios tipos de tumores, también en tumores sólidos. El equipo ha demostrado que el fármaco activa los linfocitos modificados y además regula su actividad -ajustando la dosis de fármaco que se administra al paciente-.
Es la primera vez que se logra este efecto en las terapias STAb-T, un tipo de terapia celular de nueva generación desarrollada por el equipo de Álvarez-Vallina, y que está actualmente en ensayo.
Como en todas las terapias celulares, en la STAb-T o terapia de células puñal los linfocitos del paciente se modifican en el laboratorio -para potenciar su capacidad de reconocer y destruir el cáncer-, y después se reinfunden en la persona enferma. La terapia de células puñal se distingue porque los linfocitos T modificados secretan un tipo de anticuerpos llamados biespecíficos, que activan el sistema inmunitario del paciente.
“En la inmunoterapia STAb-T las células T modificadas producen anticuerpos biespecíficos, que establecen puentes entre la célula T y la célula tumoral. Este puente potencia aún más la capacidad de las células T de identificar y destruir la célula tumoral”, explica Álvarez-Vallina.
En el estudio, co-liderado por Álvarez-Vallina y Anaïs Jiménez-Reinoso, el equipo ha logrado que los linfocitos T modificados fabriquen por separado los componentes de los anticuerpos biespecíficos, “y solo cuando el paciente recibe el fármaco se ensambla el anticuerpo biespecífico activo”, explica Álvarez-Vallina. “Así apagamos o encendemos el sistema, e incluso podemos regular la potencia y el tiempo durante el que funciona”, añade.
También en tumores sólidos
Como explica Susana Luengo-Arias, primera firmante del estudio, “el fármaco actúa como un interruptor químico. Los linfocitos T modificados solo activan y ensamblan los dos módulos del anticuerpo en presencia del fármaco, desencadenando la respuesta inmunitaria contra el tumor”.
“Esta capacidad de regulación es especialmente relevante para los tumores sólidos, ya que muchas de sus dianas terapéuticas también se encuentran en tejidos sanos”, apunta Jiménez-Reinoso.
La nueva terapia ha sido probada in vitro y en ratones, tanto en modelos de tumores hematológicos, dirigidos contra la proteína CD19, como en modelos de tumores sólidos, en este caso utilizando como diana la proteína EGFR.
Aunque su utilidad clínica deberá confirmarse mediante estudios adicionales de seguridad y ensayos en pacientes, este enfoque abre la puerta a inmunoterapias celulares más seguras y adaptables.


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