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“Trump ha gobernado de una forma completamente déspota, como si su poder fuera ilimitado”

El Comercio
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“Trump ha gobernado de una forma completamente déspota, como si su poder fuera ilimitado”

La contundente derrota del Partido Republicano en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos abre un nuevo escenario político para Donald Trump. Tras perder el control del Senado y la Cámara de Representantes, el presidente deberá afrontar los dos últimos años de su mandato con una oposición fortalecida y mayores dificultades para sacar adelante su agenda. ¿Qué margen tendrá para gobernar, cuáles serán los principales obstáculos que enfrentará y qué consecuencias tendrá este revés para el futuro del Partido Republicano de cara a las presidenciales del 2028?

En la Cámara de Representantes, donde los republicanos tenían la mayoría antes de los comicios (220 escaños frente a 212 demócratas y tres vacantes), los demócratas alcanzaban el miércoles 231 representantes frente a 139 republicanos, con 370 de los 435 escaños contabilizados.

En el Senado, los republicanos partían con una mayoría de 53 senadores frente a 47 demócratas e independientes que votan con ellos; ahora los demócratas sumaban 54 escaños frente a 44 republicanos, con dos contiendas todavía sin definirse. Para conquistar la mayoría, los demócratas arrebataron siete escaños de senadores que estaban en manos republicanas: Kansas, Texas, Iowa, Ohio, Maine, Carolina del Norte y Carolina del Sur.

El resultado no le quita facultades ejecutivas a Trump ni lo obliga a modificar de inmediato sus políticas, pero sí altera el equilibrio de poder en Washington: los demócratas tendrán ahora herramientas para bloquear iniciativas, investigar a su Gobierno y someter sus decisiones a un mayor escrutinio.

Para Paz Zárate, analista especializada en derecho internacional, relaciones internacionales y geopolítica, el resultado es un rechazo directo a la gestión de Trump y tendrá consecuencias que van más allá de las dificultades legislativas que enfrentará el presidente.

Zárate considera que estos comicios tienen una particularidad respecto de otras elecciones de medio mandato porque “Trump convirtió la contienda en un referéndum sobre su propia gestión”. Por ello, sostiene que la magnitud del resultado obliga a mirar no solo el futuro de la Casa Blanca, sino también el de los partidos Republicano y Demócrata, así como las repercusiones que puede tener el nuevo escenario en la política internacional.

“Una de las primeras consecuencias será el ejercicio más intenso de las facultades de control del Legislativo sobre el Ejecutivo. Con los demócratas al frente del Congreso, la oposición tendrá mayores posibilidades de impulsar investigaciones sobre las actuaciones del Gobierno, cuestionar a sus funcionarios y promover iniciativas legislativas propias”, advierte.

“Es esperable un ejercicio acelerado e intenso de las facultades de control que tiene el Congreso con respecto al Ejecutivo”, agrega Zárate.

La analista también anticipa que los demócratas podrían promover procesos de impeachment, no solo contra el presidente, sino también contra otros altos funcionarios de su Administración. Entre los asuntos que podrían alimentar estas investigaciones, menciona las denuncias de corrupción, los presuntos beneficios para integrantes de la familia Trump y sus allegados, y las propias declaraciones del mandatario sobre la escasa importancia que, según él, tiene ese tema para los votantes.

Por su parte, el analista internacional Francisco Belaunde Matossian indica que Trump “va a ser un presidente debilitado” en lo que resta de su gestión. Y coincide en que los demócratas tendrán ahora herramientas para bloquear sus iniciativas, fiscalizar al Ejecutivo y condicionar las decisiones presupuestarias.

Cree que uno de los ámbitos donde podría verse afectado es el financiamiento del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), pieza central de la política migratoria de Trump. “Lo más probable es que el presupuesto del ICE sea reducido, y eso va a limitar su acción”, afirma Belaunde.

Sostiene que el presidente podría recurrir al veto para frenar iniciativas aprobadas por el Congreso. Entonces, cree que para superar esa situación tendrá que haber eventuales acuerdos entre demócratas y republicanos.

Zárate indica que el resultado también podría reactivar a los sectores del Partido Republicano que se han mantenido distantes o silenciosos frente al mandatario. Considera que los republicanos tendrán que evaluar si les conviene mantener su identificación con el trumpismo o buscar una alternativa política de cara a las elecciones del 2028.

“Los republicanos que están contra Trump, que han estado mayormente silenciados hasta ahora, deberían revivir. El partido como un todo debería buscar una alternativa no trumpista que les diera mayores posibilidades en las elecciones que vienen”, sostiene.

La analista cree que también se debilitan las perspectivas de los principales colaboradores y figuras asociadas al presidente, entre ellos Marco Rubio, en una eventual disputa por el liderazgo republicano.

Para Zárate, una de las consecuencias más importantes de la derrota será el posible debilitamiento progresivo de la influencia de Trump dentro del Partido Republicano.

“Ha gobernado, a diferencia de su primer mandato, de una forma completamente déspota, como si su poder fuera ilimitado”, afirma.

Opina que esa manera de ejercer el poder, sumada a las controversias que han acompañado su gestión, ha terminado pasando factura incluso entre sectores de su propio electorado.

“Yo creo que su influencia definitivamente va a irse apagando e irá despertando la del Partido Republicano, que el movimiento MAGA fagocitó en un inicio”, sostiene.

La analista considera que los próximos meses serán determinantes para observar si el Partido Republicano comienza a perfilar una alternativa al trumpismo. Indica que la disputa por los nuevos liderazgos, tanto republicanos como demócratas, se acelerará conforme se acerque la próxima elección presidencial.

Belaunde dice que la derrota también podría marcar un punto de inflexión dentro del Partido Republicano, al abrir espacio para dirigentes que busquen disputar el liderazgo de Trump y proyectarse para el 2028.

Considera que el mandatario tendrá menos influencia dentro de su partido, sobre todo si no consigue recuperar los niveles de popularidad que perdió. En ese contexto, indica que podrían comenzar a surgir aspirantes a la Casa Blanca que no se identifiquen con el trumpismo y legisladores dispuestos a adoptar posiciones más críticas frente al presidente.

“Donald Trump puede pasar de ser un activo para ser elegido a convertirse más bien en un lastre para su partido”, advierte el analista.

La capacidad del mandatario para conservar el control del partido también dependerá de su poder económico y de su posibilidad de respaldar a candidatos en futuras elecciones, dice Belaunde. Agrega que Trump también podría intentar utilizar su influencia financiera para castigar a los republicanos que se distancien de él. Pero de todas maneras, el analista indica que su poder ya no es el mismo.

La derrota republicana también podría tener repercusiones en la política exterior estadounidense. Sin embargo, Zárate advierte que “un presidente políticamente acorralado por el Legislativo no necesariamente moderará sus decisiones internacionales”. Por el contrario, considera que existe el riesgo de que Trump responda con una política exterior más agresiva e imprevisible.

“Un Trump acorralado no puede descartarse que se vuelva todavía más irracional en su política exterior, más insensato, más agresivo, para demostrar que el Ejecutivo sigue manejando la política exterior”, advierte.

La analista señala que los demócratas intentarán aumentar el control legislativo sobre decisiones comerciales y eventuales intervenciones militares. Sin embargo, recuerda que Trump ha recurrido durante su mandato a mecanismos jurídicos para sortear los controles del Congreso y que podría continuar utilizando esa estrategia, incluso mediante vetos o disputas ante los tribunales.

Por ello, dice que no se puede dar por descontado que los intentos de la oposición para limitar las decisiones presidenciales tengan éxito.

Belaunde sostiene que el nuevo equilibrio en el Congreso podría elevar el costo político de algunas de decisiones de Trump, especialmente si decide involucrar a Estados Unidos en una nueva guerra.

“Claro que el Congreso seguramente querría evitar que Trump se lance a nuevas guerras sin su permiso”, señala Belaunde. Si el mandatario optara por hacerlo los legisladores podrían impulsar un proceso de destitución, añade. Aunque aclara que para que ello prospere será necesario el respaldo de un número significativo de senadores republicanos.

Zárate sostiene que las consecuencias de la derrota republicana podrían extenderse más allá de Estados Unidos, especialmente entre los sectores de derecha que han observado con simpatía el movimiento político de Trump.

En Europa, señala que algunas figuras y partidos de derecha han comenzado a tomar distancia del mandatario. Menciona los casos de Alice Weidel, en Alemania; y de Giorgia Meloni, en Italia; entre otros referentes políticos.

En América Latina, considera que los sectores de derecha identificados con Trump también tendrán que revisar su relación con Washington y evaluar cómo cambia su margen de acción ante un presidente que contará con menor respaldo político de su propio partido.

En ese sentido, menciona el debate sobre la iniciativa estadounidense conocida como Escudo de las Américas y la coalición contra los cárteles. Como ejemplo, alude a la cautela del Gobierno chileno frente a una eventual participación en esa iniciativa.

“Creo que la derecha trumpista latinoamericana tiene que hacer un análisis de cómo mantener la relación con Trump, un Trump que ciertamente va a contar con menos respaldo de su partido”, apunta.

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