Algunos lugares de trabajo invierten mucho en intervenciones ergonómicas, mediante cambios del mobiliario de oficina y formación en ergonomía o biomecánica, para ayudar a sus trabajadores de oficina con molestias en el brazo, el cuello o el hombro. Sin embargo, las intervenciones ergonómicas no muestran beneficios relevantes para el dolor, la capacidad funcional, la recuperación o las bajas por enfermedad en el personal con molestias del brazo, el cuello o el hombro relacionadas con el trabajo, en comparación con ningún tratamiento, tal y como concluye una revisión Cochrane tras analizar 20 ensayos.
Estas molestias abarcan trastornos que aparecen por movimientos repetitivos, malas posturas o factores externos, como el uso de herramientas vibratorias.
Dirigida por investigadores de la Universidad de Sídney, la revisión, con un total de 2.478 personas con estas molestias relacionadas con el trabajo. Entre los participantes había trabajadores que utilizan con frecuencia el ordenador en su trabajo.
La revisión observó que, comparada con ningún tratamiento, el tratamiento habitual o un placebo, las intervenciones ergonómicas apenas suponen una diferencia en el dolor a corto plazo. Es probable que tengan poco o ningún efecto en el estado funcional, las bajas por enfermedad o la recuperación.
Evidencia de certeza baja apunta a posibles beneficios para la calidad de vida y el uso de asistencia sanitaria. Sin embargo, los resultados fueron contradictorios, pues un análisis mostró una reducción en el consumo de atención sanitaria mientras que otro mostró poca o ninguna diferencia.
En general, las estrategias de ergonomía parecen menos efectivas que el ejercicio, aunque podrían producir pequeños beneficios en subgrupos concretos, como las personas con tendinitis del manguito rotador.
«Cuando se agruparon los mejores ensayos disponibles, las intervenciones ergonómicas lograron poca o ninguna diferencia en el dolor, la capacidad funcional, la recuperación o las bajas por enfermedad en comparación con ningún tratamiento. La certeza de esa evidencia va de baja a moderada, lo que es una señal clara de que la defensa de estas intervenciones es más débil de lo que muchas personas creen», afirma Poonam Mehta, autora principal. «Necesitaríamos más pruebas para confirmarlo, ya que no hay mucha investigación de alta calidad en esta área».
«Las intervenciones ergonómicas pueden ser una considerable carga financiera para las organizaciones. Nuestros hallazgos indican que, según la evidencia actual, no debemos esperar que estas medidas por sí solas alivien el dolor o reduzcan las bajas por enfermedad a corto plazo. Es posible que las empresas quieran sopesarlo con respecto a el coste», cierra Mehta.





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