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Investigan un fármaco que imite los efectos del ayuno intermitente frente al cáncer

La Razon
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¿Sería posible obtener algunos de los beneficios metabólicos del ayuno sin tener que pasar hambre? Esta es una de las preguntas que intenta responder un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), que estudia en modelos de ratón cómo la restricción calórica y el ayuno intermitente influyen en la salud del hígado y en la aparición de tumores. El objetivo último es identificar los mecanismos celulares responsables de estos efectos y desarrollar un fármaco capaz de reproducirlos.

Los investigadores trabajan con dos estrategias diferentes. En una de ellas reducen un 30% la ingesta diaria de alimentos de los animales respecto a su alimentación habitual. En la otra, limitan el acceso a la comida a una ventana de siete horas al día, una pauta de alimentación restringida en el tiempo que permite estudiar los efectos del ayuno intermitente.

"Sabemos que ambas intervenciones tienen efectos beneficiosos, ya que condicionan favorablemente el metabolismo del hígado y consiguen retrasar la aparición de tumores en el órgano", explica Alejo Efeyan, jefe del Grupo de Metabolismo y Señalización Celular del CNIO, segùn recoge Ep. Su investigación cuenta con el apoyo de CRIS Contra el Cáncer, que le ha concedido su Premio a la Excelencia 2026, dotado con 1,25 millones de euros para cinco años.

Los resultados, por ahora, corresponden a modelos animales y el trabajo busca desentrañar qué procesos biológicos explican esa respuesta.

Cáncer de hígado y obesidad

El punto de partida es la estrecha relación entre el cáncer hepático y las alteraciones metabólicas asociadas a la obesidad. La acumulación de grasa en el hígado puede favorecer procesos de inflamación y fibrosis que, con el tiempo, deterioran el órgano y crean un entorno propicio para el desarrollo de tumores. Reducir el exceso de nutrientes y energía podría interrumpir parte de esa cadena.

En este proceso interviene mTOR, una vía de señalización celular que funciona como un regulador central del metabolismo. Esta maquinaria molecular ayuda a las células a decidir qué hacer con los nutrientes disponibles: crecer, almacenar energía en forma de grasa o glucógeno o, cuando escasean los alimentos, activar mecanismos para reciclar y movilizar las reservas.

Efeyan compara su función con la de un director dentro de la célula, que organiza la respuesta a la disponibilidad de nutrientes. La cuestión que ahora quieren resolver los investigadores es cuáles de las funciones reguladas por mTOR son las que realmente influyen en el desarrollo del cáncer de hígado. Identificar esos mecanismos permitiría actuar sobre ellos de forma más precisa, sin necesidad de reproducir todas las consecuencias de una restricción alimentaria.

La meta es desarrollar un medicamento que imite algunos de los efectos beneficiosos de la restricción calórica y el ayuno. "Se podría generar un fármaco que mimetice algunos de los beneficios del ayuno intermitente, incluso evitando algunos de sus posibles efectos secundarios", señala el investigador.

De los ratones a los pacientes

La dificultad de trasladar estas intervenciones a las personas es precisamente uno de los motivos para buscar alternativas farmacológicas. Aunque en el laboratorio es posible controlar cuándo y cuánto comen los animales, mantener una restricción calórica o periodos prolongados sin ingerir alimentos resulta mucho más complicado en la vida cotidiana. Además, sus posibles efectos adversos pueden ser especialmente difíciles de gestionar en personas mayores o pacientes con cáncer.

La investigación se enmarca en una línea de trabajo más amplia del CNIO sobre la relación entre alimentación y tumores. Por el momento, no existen pruebas clínicas que permitan recomendar el ayuno intermitente como tratamiento contra el cáncer de hígado. Los oncólogos también han advertido de que esta práctica no debe utilizarse por iniciativa propia con una finalidad antitumoral, especialmente cuando existe riesgo de desnutrición o pérdida de masa muscular. El proyecto del CNIO busca precisamente avanzar en el conocimiento necesario para que, en el futuro, algunos de los efectos estudiados puedan aprovecharse mediante tratamientos específicos.

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