Donald Trump pasó de pedir a los estadounidenses que votaran como si él mismo estuviera en las papeletas a desvincularse de la derrota republicana en las elecciones legislativas. Después de una jornada en la que los demócratas recuperaron el control de ambas cámaras del Congreso y conquistaron territorios tradicionalmente conservadores, el presidente atribuyó parte de los resultados a los candidatos de su partido, reconoció que esperaba un desenlace diferente y advirtió de que utilizará su poder de veto para frenar las iniciativas de la oposición.
La reacción contrastó con el optimismo que había mostrado durante las horas previas al cierre de los colegios electorales. En una entrevista telefónica con CBS News, Trump defendió la campaña que había realizado por distintos estados y aseguró que sus mítines habían contribuido a mejorar las perspectivas republicanas. También anticipó cómo respondería a una eventual mayoría demócrata: se presentó como «Mr. Veto» y recordó que la Constitución le permite rechazar las leyes aprobadas por el Congreso.
Durante las últimas semanas, el mandatario había participado en numerosos actos electorales para movilizar a sus seguidores. Su mensaje era que debían acudir a votar con la misma intensidad que en las presidenciales de 2024. Sin embargo, cuando comenzaron a confirmarse las derrotas, cambió el argumento. «Yo no estaba en la papeleta y, si hubiera estado, habríamos ganado por una mayoría aplastante», escribió en Truth Social.
El distanciamiento fue más evidente en una entrevista con Politico. Trump sostuvo que algunos votantes republicanos no habían respaldado a los aspirantes de su partido porque no estaban satisfechos con ellos. Aunque aseguró que no quería responsabilizar a nadie, sus declaraciones trasladaron parte de la explicación de la derrota a las candidaturas locales.
El problema para el presidente es que había intervenido personalmente en varias de las contiendas más importantes. En Texas respaldó al fiscal general Ken Paxton, derrotado por el demócrata James Talarico, mientras que en Carolina del Sur apoyó a Darline Graham, que también perdió su elección al Senado. En ambos casos, los resultados pusieron de manifiesto que el respaldo presidencial no había bastado para conservar escaños republicanos.
Trump fue especialmente crítico con el gobernador saliente de Texas, Greg Abbott, derrotado por la demócrata Gina Hinojosa. Lo acusó de haberse convertido en un republicano de nombre solamente, utilizando el término despectivo «RINO», habitual entre los sectores más conservadores del partido.
El presidente también admitió en una entrevista con Fox News que los resultados le habían sorprendido. Aseguró que esperaba un mejor desempeño de los republicanos y señaló, entre los factores que perjudicaron a su partido, el encarecimiento de los combustibles asociado a la guerra con Irán.
Pese a las críticas, Trump no cerró la puerta a una relación de trabajo con los demócratas. En declaraciones a The New York Times, aseguró que aceptaría los resultados electorales y que esperaba alcanzar acuerdos con la oposición. En su conversación con Politico, afirmó que estaba dispuesto a colaborar para garantizar el buen funcionamiento del país e incluso dejó abierta la posibilidad de negociar una reforma migratoria si consideraba que beneficiaba a Estados Unidos.
La disposición al diálogo, sin embargo, estuvo acompañada de nuevas advertencias. Trump publicó una imagen de su característica gorra roja con la palabra «VETO» y explicó que podría devolver al Congreso las leyes demócratas hasta obligar a sus dirigentes a negociar. Su estrategia apunta a combinar la resistencia legislativa con el uso de las competencias ejecutivas que conserva la presidencia.
El revés electoral también plantea interrogantes dentro del movimiento Make America Great Again (MAGA), que ha convertido la figura de Trump en el principal elemento de cohesión del Partido Republicano. Las derrotas de candidatos respaldados por él reabren el debate sobre la capacidad de trasladar su popularidad personal a otras elecciones, especialmente cuando su nombre no aparece en las papeletas.
Todo esto importa porque vienen las presidenciales de 2028, a las que Trump no podrá presentarse para un tercer mandato bajo las actuales disposiciones constitucionales. El vicepresidente JD Vance y otros dirigentes republicanos tendrán que definir hasta qué punto mantienen las políticas y el estilo político del presidente. Las elecciones del martes ofrecen argumentos tanto a quienes defienden preservar su legado como a quienes consideran necesario ampliar la base electoral del partido.
Para los demócratas, la victoria también supone una prueba. La recuperación del Congreso les permitirá investigar a la Administración y bloquear parte de su agenda, pero también los obligará a demostrar que pueden alcanzar acuerdos en asuntos como los presupuestos, la inmigración y el coste de vida. Una confrontación permanente podría dificultar esa tarea.





💬 Debate de la Comunidad 0