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Ratones que miran a otros pelearse ayudan a entender por qué nos fascina la violencia

ABC Ciencia
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Ratones que miran a otros pelearse ayudan a entender por qué nos fascina la violencia

La violencia, la sangre y las peleas han atraído al público desde tiempos remotos. Los antiguos romanos no dejaban un hueco libre en el Coliseo para presenciar las carnicerías sobre la arena. Y las ejecuciones públicas han reunido durante siglos a una gran cantidad de mirones.

En nuestros tiempos, reinan el True Crime o las películas de Tarantino. La serie distópica 'El juego del calamar', repleta de palizas, apuñalamientos y disparos en la cabeza, supera los 600 millones de visualizaciones. Otros prefieren el boxeo o la lucha libre.

Más allá de la extraña sensación de placer que estas escenas puedan proporcionar -un sadismo controlado en el que el espectador sabe que nadie ha resultado herido realmente o, en el caso de los deportes de combate, que existen reglas y límites-, quizás la fascinación por la muerte y los golpes tenga una utilidad en la vida real.

Tras llevar a cabo un curioso experimento con ratones, investigadores de la Universidad de Princeton han descubierto que los ejemplares que simplemente observaron pelear a otros estaban mejor preparados para la lucha, sin ser por ello más crueles o agresivos que los demás roedores.

Es decir, mirar les sirvió para aprender, sin necesidad de experimentarlo personalmente. No solo modificaron su comportamiento, sino que también experimentaron cambios en sus cerebros similares a los de los ejemplares con experiencia real en el cuerpo a cuerpo.Durante la prueba, los investigadores dividieron a ratones macho en tres grupos: los luchadores, que se enfrentaron a otros ejemplares fáciles de derrotar; los espectadores, que observaban las peleas desde una plataforma elevada, detrás de una barrera transparente (podían ver, oír y oler a los contrincantes, pero no participar); y los novatos, que no veían los combates e interactuaban con un ratón de peluche de tamaño similar.

Durante ocho días consecutivos, los tres grupos realizaron tres sesiones de entrenamiento diario durante diez minutos: los luchadores luchaban, los espectadores presenciaban los combates y los novatos se dedicaban a jugar con su peluche. Después, los tres grupos se enfrentaron a un oponente difícil de vencer, unas batallas que fueron grabadas con cámaras de vídeo.

Pues bien, los ratones espectadores demostraron una rapidez de ataque, un tiempo de espaldas al rival y un número de ataques similar al de los luchadores. No llegaban a tener su destreza, pero se acercaban, mostrando estar más preparados para enfrentarse a una situación de lucha que los novatos que no habían visto ninguna pelea.

"Los animales que observan las peleas aprenden a pasar más tiempo en posturas de alerta y menos tiempo de espaldas a su oponente. Básicamente, aprendieron una combinación de estrategias ofensivas (atacar más) y defensivas (evitar posiciones vulnerables)», afirma a ABC Annegret Falkner, profesora del Instituto de Neurociencia de Princeton y autora principal del estudio que publica este miércoles la revista 'Nature'.

Gran atenciónPara saber si presenciar violencia también tenía efectos en los circuitos neuronales de los ratones, los investigadores modificaron genéticamente determinadas neuronas para que emitieran luz. Las neuronas excitadoras, que facilitan la transmisión de señales y la activiación de otras neuronas, brillaban en verde cuando estaban activas, mientras que las neuronas inhibidoras, que reducen la actividad, lo hacían en rojo.

Además, introdujeron fibras ópticas extremadamente finas, de un diámetro apenas superior al de un cabello humano, en el cerebro de los ratones para recoger la fluorescencia emitida por las neuronas. Los animales que observaron las peleas aprendieron a pasar más tiempo en posturas de alerta y menos tiempo de espaldas a su oponenteDe esta forma, registraron doce regiones cerebrales simultáneamente.

Esto supone un avance relevante, ya que estudios anteriores habían identificado neuronas relacionadas con la observación de la agresión solo en una región cerebral concreta. Observaron que los ratones espectadores desarrollaban patrones de actividad neuronal parecidos a los de los ratones que habían luchado realmente, pero solo en parte.

La actividad de las neuronas inhibidoras (rojas) era comparable a la registrada en las neuronas de los luchadores, mientras que la de las excitadoras (verdes) se parecía más a la de los novatos. Cuando llegaba el noveno día y los ratones tenían que enfrentarse a un adversario difícil, la actividad de la red cerebral de los espectadores se parecía mucho más a la de los luchadores experimentados que a la de los novatos.

Esto sugiere que la observación había preparado neuronalmente al animal para una experiencia que todavía no había vivido.Los cambios se produjeron en doce regiones cerebrales, especialmente en el hipotálamo y la amígdala«Para nuestra sorpresa, la actividad cerebral en diversas regiones, especialmente en el hipotálamo y la amígdala, muestra una respuesta coordinada al presenciar un ataque.

No parece existir una región 'maestra'», señala Falkner.Durante los ocho días de entrenamiento, los investigadores observaron que las neuronas inhibidoras iban reduciendo progresivamente su influencia sobre determinados centros cerebrales relacionados con la agresión.

Pero querían saber si ese cambio tenía una función real, así que restauraron la inhibición neuronal. El resultado fue que los ratones volvieron a comportarse como novatos durante los enfrentamientos.Para que se produzca el aprendizaje, «la atención es fundamental".

Si los ratones no prestan atención, no hay respuesta cerebral. "La familiaridad previa con los animales que observan parece amplificar esta respuesta. Aún no sabemos si los ratones procesan información sobre quién gana y quién pierde, pero sospechamos que sí, ya que esto les ayudaría a saber qué hacer cuando se encuentren con ese individuo más adelante», indica la investigadora."Sé kung fu"Falkner y su equipo se centran ahora en dos nuevas líneas de investigación.

Un proyecto analizará cómo ratonas que observan pelear a los machos modifican su interés hacia cada uno de ellos. Creen que las hembras podrían utilizar la información de quién ganó o perdió para elegir pareja más adelante. El segundo proyecto es aún más emocionante.

Lo comparan con la famosa escena de la película Matrix, cuando el personaje principal, Neo, abre los ojos tras haber sido sometido a la carga de varios estilos de lucha y dice: «Sé kung fu». Pues bien, ahora que el grupo conoce los patrones de actividad cerebral que cambian al observar episodios agresivos, quieren comprobar si la introducción artificial de ese mismo patrón en un ratón no entrenado puede dotarlo de los mismos cambios de circuito y de comportamiento que se producen mediante el aprendizaje por observación.«Hemos creado una plataforma que nos permite introducir patrones de estimulación en nuestra red de fibras, como si tocáramos un piano.

Dado que sabemos qué ocurre en el cerebro cuando atacan o presencian un ataque, podemos simplemente reproducir esas respuestas cuando el animal está solo», explica Falkner. Los investigadores creen posible que un mecanismo similar actúe también en los humanosPero, ¿hasta qué punto pueden extrapolarse estos hallazgos a los seres humanos?

«No lo sabemos con exactitud, pero esta red de regiones cerebrales que parecen activarse y modificarse durante la observación de la agresión está altamente conservada. Por lo tanto, creemos que es probable que un mecanismo de cambio similar también esté conservado», señala la investigadora.A su juicio, el visionado de películas violentas podría producir cambios similares en el cerebro humano, «aunque aún no sabemos si estos cambios pueden ocurrir solo con ver videos.

Aquí, los animales observan una pelea en vivo, con todas las señales sensoriales, los olores, los sonidos, etc, que están implicados. Pero tiene sentido que, si te encuentras en un entorno donde la violencia es común, sería muy adaptativo modificar tu comportamiento para adoptar una estrategia que te prepare para la violencia».

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