Dormir en un hotel no siempre es algo tan sencillo como cerrar la puerta y meterse en la cama. Debería ser así, pero aunque la habitación sea cómoda, hay pequeños detalles que pueden acabar molestando bastante más de lo esperado y entre ellos están la luz del pasillo que entra por debajo de la puerta, las conversaciones de otros huéspedes, los pasos a última hora o el golpe de las puertas cercanas. Por eso, muchos viajeros terminan adoptando pequeños hábitos que no requieren llevar nada especial en la maleta y que ayudan a que la estancia resulte algo más tranquila.
Uno de esos trucos consiste en enrollar una toalla y colocarla pegada a la parte inferior de la puerta, justo donde queda la pequeña abertura con el suelo. Puede parecer un simple gesto sin importancia, pero sirve para bloquear parte de la luz del pasillo y amortiguar ligeramente algunos sonidos que entran por ese hueco. Está claro que hacer no convierte la habitación en un espacio insonorizado ni mucho menos, pero muchos turistas que llevan años haciéndolo aseguran que puede mejorar el descanso de quienes tienen el sueño ligero o también si tras un viaje de noche, se llega al hotel y se necesita dormir durante el día.
La razón por la que los turistas siempre ponen una toalla delante de la puerta de la habitación del hotel
En muchos hoteles, la puerta no llega completamente hasta el suelo y deja una franja por la que puede colarse la iluminación del pasillo durante toda la noche. Si la habitación está a oscuras, esa línea de luz puede resultar especialmente molesta, sobre todo para personas acostumbradas a dormir sin ninguna claridad alrededor. Por este motivo, una toalla gruesa, bien enrollada y colocada lo más cerca posible del borde inferior, puede reducir bastante esa entrada de luz. También añade una pequeña barrera que amortigua algunos ruidos. No elimina voces, pasos o portazos, pero puede hacer que lleguen algo menos directos. El efecto será mayor cuanto más pesada y compacta sea la toalla, porque cubrirá mejor el hueco y se moverá menos durante la noche.
No hace la habitación más segura por sí sola
A veces este truco se presenta también como una medida de seguridad, pero ahí conviene no exagerar. Colocar una toalla frente a la puerta no impide que alguien pueda abrirla y tampoco sustituye al pestillo, la cadena o cualquier cierre adicional que tenga la habitación. La sensación de tener una barrera delante puede resultar tranquilizadora, pero la seguridad depende de otras medidas. Lo recomendable sigue siendo cerrar correctamente la puerta, utilizar los bloqueos interiores disponibles y no dejar objetos de valor a la vista. Pasaporte, dinero, joyas o documentación importante deben guardarse en la caja fuerte cuando el hotel disponga de ella.
Y quienes viajan solos y quieren añadir una protección extra pueden utilizar una cuña de puerta o un cierre portátil diseñado específicamente para viajes. Estos accesorios ocupan poco espacio y sí pueden dificultar la apertura desde el exterior, algo que una simple toalla no puede hacer.
En caso de incendio puede tener otra función
La toalla sí puede resultar útil en una situación de emergencia, aunque de una manera distinta. Las recomendaciones de seguridad contra incendios contemplan el uso de toallas húmedas para reducir la entrada de humo si una persona no puede abandonar la habitación porque el pasillo está bloqueado por fuego o humo.
En ese caso, la puerta debe mantenerse cerrada y los huecos pueden sellarse temporalmente con tejidos húmedos mientras se espera a que llegue la ayuda. La parte inferior de la puerta es uno de esos puntos por los que puede entrar humo, de modo que una toalla mojada puede ayudar a limitarlo. Eso no significa que haya que dormir todas las noches con una toalla húmeda en el suelo. Se trata únicamente de una medida para una situación de emergencia y no del uso habitual de este truco.
Otros detalles que ayudan a dormir mejor en un hotel
La toalla puede ser útil, pero no es la única solución cuando la habitación tiene demasiado ruido o luz. Un antifaz suele ser más eficaz si el problema viene de cortinas que no cierran bien, luces de aparatos electrónicos o iluminación exterior. Para el ruido, unos tapones para los oídos pueden marcar mucha más diferencia que cualquier barrera improvisada. También conviene revisar la habitación nada más llegar, comprobando que la puerta cierre bien, que las ventanas estén aseguradas y que los cierres interiores. De este modo podemos evitar sorpresas cuando ya es de noche. Y si la habitación está junto al ascensor, las escaleras o una zona muy transitada, pedir un cambio puede ser más efectivo que intentar aislar el ruido después.
Al final el truco de la toalla funciona precisamente porque es sencillo. No necesita accesorios, no cuesta nada y puede mejorar dos de las molestias más comunes de una habitación de hotel: la claridad que entra por debajo de la puerta y parte del ruido del pasillo. No hará sin embargo, que el alojamiento sea completamente silencioso ni más seguro por sí mismo, pero para muchos viajeros resulta suficiente para dormir algo mejor.





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