Edin Terzic estaba satisfecho del rendimiento en los entrenamientos de Hugo Rincón, repescado de su provechosa cesión en el Girona en verano y poseedor de un talento enorme. Sin embargo, su intención inicial pasaba por alinear a Jesús Areso de titular en los primeros partidos de Liga e incluso adelantar a Johaneko, una apuesta muy personal del técnico alemán, ya no por la izquierda por la dictadura indiscutible de Yuri Berchiche, si no como alternativa en el carril derecho. El de Valtierra aguantó el tirón y la presión que suponía este esquivo escenario.
Pero con el transitar de las jornadas, Terzic ha virado y ha decidido permutar los puestos en el cajón del 2. Rincón, casi del tercer escalón se ha catapultado al primero y se ha aferrado al puesto apoyado en su resiliencia. El carrillero navarro, que no había protestado por su situación, se ha ido acoplando como un guante abarcando toda la banda y sacando a pasear su buen pie en los pases interiores. Tampoco lo tuvo fácil en el Girona con Míchel y el rocoso Arnau Martínez. Acabó por poner pie en pared y foguearse con muchos minutos en su estreno en la élite tras superar con nota su préstamo en Miranda. Ahora, a sus 23 años, con la mili hecha, empieza a encontrar su madurez personal y deportiva.
Acusado de intermitente en defensa y desenfadado en ataque, eso sí muy plástico trotando sobre el césped, rompe la etiqueta. Combina estas últimas jornadas, hasta cuatro consecutivas en Liga, coronadas con su desempeño en el derbi ante la Real, su sacrificio en tareas de zapa sin descuidar sus incursiones en ataque. A ello le suma su privilegiada resistencia física que le permite cabalgar casi del mismo modo en el minuto 1 como en el 90 sin acusar en exceso el esfuerzo.
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