El municipio de La Malahá está a unos veinte kilómetros de Granada y bastante más lejos del mar, por lo menos una de trayecto en coche. Si se menciona lo de su distancia con el litoral es porque viene al caso: la práctica totalidad de las salinas de España se nutren de la sal que tiene el agua marina.
Pero en La Malahá existen unas salinas de interior. Ya lo decía la película: todo es posible en Granada. Es una de las excepciones a esa regla por una razón: el agua de los arroyos Salado y Santapudia entra, al pasar por allí, en un paisaje con abundantes minerales ricos en sales.
El contacto entre esos minerales y el agua dulce produce una sal muy peculiar y apreciada, que se consume en toda Andalucía. Cada vez se valora más, de hecho, por una circunstancia que además de ser curiosa, invita a pensar: el agua que llega a las salinas marinas contiene cada vez más microplásticos por culpa de la contaminación, y para deshacerse de ellos hace falta un proceso que no siempre se cumple a rajatabla.
El agua de La Malahá procede de dos arroyos limpios, y eso se agradece. La existencia de las salinas se remonta nada menos que los tiempos de los romanos. Algunos restos encontrados en el lugar atestiguan que ya se fabricaba sal en el siglo II después de Cristo.
Más tarde, en la época de dominación musulmana, ese aprovechamiento se convirtió en industria. Y no sólo eso, sino que las salinas originaron el pueblo. Si La Malahá existe es precisamente por ellas. El nombre de esta tranquila población de apenas dos mil habitantes proviene de la voz árabe Al-Malaha, que significa Alquería de sal.
Después, los cristianos tomaron el testigo y la producción se mantiene hasta nuestros días.La producción es simple, natural y sin apenas aportación de medios mecánicos abcLa fabricación es simple: la sal formada por la mezcla de agua y minerales ricos en sales se acumula en un espacio de 4,5 hectáreas que incluye una especie de piscina.
Conforme el agua se va secando y la sal se solidifica, se lleva a almacenes como paso previo a su transporte. Todo es muy artesanal, apenas se utilizan medios mecánicos , lo que refuerza la idea de que es un producto natural y saludable, aunque ya se sabe que la sal es un condimento del que no hay que abusar.
Bromas aparte, las salinas de La Malahá tienen bien ganada fama de centro de producción sostenible y natural. La Malahá, por lo demás, es uno de esos muchos pueblos donde, aparentemente, no se puede hacer gran cosa salvo contemplar ese espectáculo al aire libre que son las salinas.
Pero sí que hay actividades a disposición de quienes quieran un viaje reposado, en busca de la tranquilidad.Un buen lugar para relajarsePor ejemplo, allí hay baños y piscinas termales, construidas al aire libre sobre antiguas termas romanas. Sus aguas bicarbonatadas cálcicas están a una temperatura estable de 25 grados y son muy recomendables para quienes tienen dolencias en los músculos y los huesos o enfermedades de la piel.
Además, en el pueblo y sus alrededores se conservan algunos restos de la época romana, como un torreón y un puente, y restos aún más antiguos, de la Edad de Bronce. Toda la zona arqueológica fue declarada Bien de Interés Cultural en 2024. Más reciente, pero igualmente atractiva, es la iglesia de la Inmaculada Concepción, del siglo XVI.
Los amantes del senderismo también pueden acudir a La Malahá porque es punto de partida de numerosas rutas, sobre todo porque es un pueblo rodeado de barrancos que lo separan de la Vega de Granada. Para llegar hasta ese destino hay varios caminos, de mayor o menor dificultad, para quienes gustan de andar o tirar de bici de montaña.


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