El primer ministro belga, Bart De Wever, ha acudido este lunes por la mañana al Palacio Real para presentar formalmente la renuncia de su Gobierno ante el monarca, después de que los cinco partidos que componen la coalición no lograran llegar a un acuerdo sobre las cuentas públicas de 2027.
El fracaso de las negociaciones, que se estancaron sobre la una de la madrugada tras un fin de semana de reuniones, obligó al monarca a interrumpir sus vacaciones para recibir al jefe del Ejecutivo.
Tras la reunión, la Casa Real belga ha emitido un comunicado oficial informando de que el rey Felipe de Bélgica mantiene “en suspenso” la dimisión de De Wever. El monarca “lamenta que no se haya alcanzado un acuerdo sobre un presupuesto creíble que esté alineado con los desafíos actuales”. Desde el Palacio Real advierten de que, “en un contexto de gran incertidumbre geopolítica y desafíos económicos significativos, el país no puede permitirse una crisis política prolongada”.
Así, el rey hace “un llamamiento al sentido de responsabilidad de todos” e insta a las formaciones a “anteponer el interés general y la disposición a los compromisos”. Tras este pronunciamiento, el monarca mantendrá consultas a partir de este martes con los presidentes de los partidos de la coalición y volverá a recibir a De Wever el próximo viernes.
En el centro de esta batalla presupuestaria está la necesidad de recortar e ingresar unos 10.000 millones de euros con vistas al ejercicio de 2029, un ajuste imprescindible para adaptar las cuentas belgas al marco fiscal de la Unión Europea. Bélgica arrastra un déficit del 5,2% del producto interior bruto, un porcentaje que rebasa el tope del 3% estipulado por las normas comunitarias. Adedmás, su deuda pública sobrepasa los 735.000 millones de euros, lo que equivale a más del 110% del PIB.
El Gobierno de coalición conocido como la “coalición Arizona” e integrado por la N-VA, los liberales del MR, Les Engagés, los socialistas flamencos de Vooruit y los democristianos del CD&V se encuentra completamente fracturado en dos bloques ideológicos.
Por un lado, la N-VA de De Wever y los liberales francófonos del MR defienden una reducción drástica del gasto público, lo que afectaría a partidas clave como la sanidad. Por otro lado, Vooruit, el CD&V y Les Engagés reclaman que las rentas más altas soporten una mayor carga fiscal mediante impuestos específicos.
No se trata de la primera crisis que atraviesa este equipo de Gobierno desde que tomara posesión en febrero de 2025. En noviembre del año pasado, las disputas presupuestarias llevaron a De Wever a solicitar una prórroga al rey, quien le otorgó un plazo extraordinario de 50 días que terminó con un acuerdo presupuestario de 9.200 millones de euros.





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