El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no es exclusivo de la infancia. Entre el 50% y el 65% de las personas diagnosticadas de niños pueden mantener el trastorno en la edad adulta. Sus manifestaciones interfieren en las relaciones personales, la vida familiar y el trabajo. Sin embargo, muchas personas llegan a esta etapa sin un diagnóstico, después de años atribuyendo sus dificultades a una supuesta falta de voluntad, esfuerzo o capacidad.
Para visibilizar esta realidad, el cineasta Nacho Vigalondo, que ha hablado públicamente de su experiencia con el trastorno, ha dirigido dos piezas audiovisuales de la campaña "La pieza que falta", presentada este lunes en Madrid con motivo del Día Nacional del TDAH. La iniciativa, impulsada por Takeda con el apoyo de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (Feaadah), busca contribuir a que los síntomas en adultos se reconozcan mejor y a combatir los prejuicios asociados a esta condición.
A través de situaciones cotidianas, los dos vídeos muestran cómo algunas dificultades pueden interpretarse desde fuera como comportamientos voluntarios o rasgos de personalidad, cuando podrían estar relacionadas con un trastorno que requiere una valoración profesional.
"Soy un ejemplo de manual de persona diagnosticada de TDAH en la edad adulta", explica Vigalondo. El cineasta considera que su participación constituye una oportunidad para contribuir a la concienciación sobre los síntomas y las particularidades de quienes conviven con el trastorno.
Cuando los síntomas se confunden con falta de interés
Perder las llaves, olvidar una contraseña o llegar tarde son experiencias que cualquiera puede tener de manera ocasional. Sin embargo, Vigalondo advierte de que, en las personas con TDAH, estas dificultades pueden presentarse con una frecuencia y una intensidad mucho mayores, junto con otros síntomas que no siempre resultan fáciles de comprender.
La diferencia es importante para evitar que las experiencias de quienes padecen el trastorno se minimicen con el argumento de que a todo el mundo le ocurren situaciones similares. La campaña pretende mostrar cómo estas dificultades pueden generar incomprensión tanto en las personas afectadas como en su entorno, además de contribuir a una visión menos culpabilizadora.
Además, la enfermedad presenta una elevada comorbilidad con otros problemas de salud mental, entre ellos los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, los trastornos por consumo de sustancias y las alteraciones del sueño.
La coexistencia de estos problemas y el solapamiento de sus síntomas pueden dificultar el reconocimiento del TDAH y contribuir a diagnósticos incorrectos. Por ello, identificar las señales y acudir a un profesional sanitario para una evaluación adecuada resulta fundamental.
Un diagnóstico que ayuda a comprender lo que ocurre
Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (Sepsm), subraya que muchas personas llegan a la edad adulta sin saber qué explica sus dificultades. "Nadie debería necesitar media vida para entender lo que le pasa", afirma. La especialista defiende mejorar el conocimiento sobre las manifestaciones del TDAH en adultos y favorecer su detección temprana para facilitar que las personas afectadas comprendan su situación y accedan a la ayuda que necesitan. El diagnóstico, señala, no debe entenderse como una etiqueta, sino como una vía para comprender lo que sucede y ofrecer herramientas para afrontar el futuro.
Las consecuencias de pasar años sin una explicación también pueden afectar a la autoestima. Miriam Galindo, presidenta de la Feaadha, advierte de que llegar a la edad adulta sin un diagnóstico puede suponer un importante desgaste emocional. Algunas personas crecen pensando que el problema está en ellas, sin comprender por qué determinadas dificultades se repiten a lo largo de su vida.
Aunque el diagnóstico no resuelve por sí solo todos los problemas, entender qué ocurre puede cambiar la manera en que la persona y su entorno afrontan la situación. De ahí la importancia de combatir los prejuicios y evitar que las manifestaciones del trastorno se interpreten automáticamente como desinterés o falta de esfuerzo.
Con esta premisa, "La pieza que falta" recurre al lenguaje audiovisual para acercar estas experiencias al público y recordar que, ante la sospecha de TDAH, el siguiente paso debe ser una valoración sanitaria profesional.





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