Tras la convocatoria de elecciones generales el próximo 29 de noviembre, parece pertinente apuntar las reformas que deben ser prioritarias para el próximo ministro de Sanidad.
Considerando, como he planteado en artículos anteriores, que la Sanidad ha sido el gran fracaso de los gobiernos de Pedro Sánchez, son precisas reformas con las que propiciar exactamente lo contrario, es decir, que sea el mayor de los éxitos del próximo Ejecutivo.
Dichos cambios han de ser iniciados, a mi parecer, con un nuevo modelo de financiación y mejoras en la gobernanza del Sistema Nacional de Salud.
En el primer caso, y más allá de contar con Presupuestos Generales del Estado actualizados cada año, es imprescindible un incremento de recursos proporcional, como mínimo, a las necesidades en salud crecientes en cantidad y complejidad. Finalista o no, el nuevo modelo de financiación debe considerar las particularidades de cada comunidad autónoma –envejecimiento, cronicidad, dispersión...– y garantizar sostenibilidad y solvencia, así como agilidad y equidad en el acceso a las prestaciones.
En el supuesto de la gobernanza, es incuestionable la necesidad de recuperar el Consejo Interterritorial (CI) como espacio efectivo de diálogo y consenso entre administraciones. Con independencia de que los acuerdos que se alcancen sean vinculantes o no desde ahora, el uso partidista que se ha hecho del CI en los últimos años debe quedar atrás y los esfuerzos han de centrarse en la consecución de sinergias que el progreso del SNS exige. Financiación y gobernanza han de ser, además, los pilares del Pacto de Estado por la Sanidad que, esta vez sí, debe ser suscrito por todos los agentes del sector.




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