El Partido Demócrata recuperó este martes el control de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, según las proyecciones electorales, y avanzó en su intento de hacerse también con la mayoría del Senado tras arrebatar a los republicanos escaños clave como los de Carolina del Norte y Carolina del Sur. Los resultados de las elecciones de medio término suponen un cambio en el equilibrio de poder en Washington y garantizan que Donald Trump tendrá que afrontar los dos últimos años de su segundo mandato con una oposición dotada de mayores instrumentos para fiscalizar su gestión.
La victoria demócrata en la Cámara Baja pone fin al control republicano de ambas cámaras del Congreso, que había permitido al presidente impulsar buena parte de su agenda legislativa desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025. Aunque el reparto definitivo de escaños todavía estaba pendiente del escrutinio en numerosos distritos, las proyecciones otorgaban a los demócratas los 218 representantes necesarios para alcanzar la mayoría.
El resultado sitúa al líder de la minoría demócrata, Hakeem Jeffries, en posición de convertirse en el primer presidente negro de la Cámara de Representantes en la historia estadounidense. El congresista de Nueva York, de 56 años, deberá obtener el respaldo de la nueva mayoría cuando el Congreso se constituya el próximo 3 de enero. Jeffries, que acaba de conseguir su octavo mandato, dirige a los demócratas de la Cámara desde 2023, cuando se convirtió en el primer afroamericano en liderar uno de los dos grandes partidos en cualquiera de las cámaras legislativas.
La recuperación de la Cámara permitirá a los demócratas asumir la presidencia de los comités parlamentarios, convocar audiencias y promover investigaciones sobre la Administración Trump. También les otorgará mayor capacidad para condicionar la aprobación de presupuestos y negociar las prioridades legislativas del Ejecutivo. El presidente conservará, sin embargo, sus facultades ejecutivas y su poder de veto, mientras que el alcance de la nueva mayoría dependerá de su capacidad para mantener unidos a los sectores moderados y progresistas del partido.
La disputa por el Senado ofreció otra de las principales noticias de la noche. En Carolina del Norte, el exgobernador demócrata Roy Cooper derrotó al republicano Michael Whatley, respaldado por Trump, y consiguió un escaño que hasta ahora estaba en manos republicanas. Cooper, que gobernó el estado durante ocho años, logró imponerse en un territorio que había votado por Trump en las tres últimas elecciones presidenciales.
En Carolina del Sur, la demócrata Annie Andrews derrotó a la senadora republicana Darline Graham, en una de las victorias más significativas de la jornada. El resultado puso fin a casi tres décadas de control republicano sobre ese escaño y supuso un cambio especialmente relevante en un estado donde Trump había ganado por cerca de 18 puntos porcentuales en las presidenciales de 2024.
Con las victorias en ambas Carolinas, los demócratas habían conseguido dos de los cuatro escaños adicionales que necesitaban para recuperar el control del Senado. La oposición también logró conservar los escaños de Georgia, donde Jon Ossoff consiguió la reelección, y Nuevo Hampshire, donde Chris Pappas derrotó al republicano John Sununu. La mayoría de la Cámara Alta seguía pendiente de otras contiendas competitivas, entre ellas las de Texas, Ohio, Maine, Michigan, Iowa y Kansas.
La disputa por el control del Senado seguía abierta durante la madrugada, con especial atención a Texas y Michigan. En Texas, el demócrata James Talarico intentaba arrebatar a los republicanos un escaño que el partido conserva desde hace décadas, frente al fiscal general Ken Paxton, respaldado por Donald Trump. En Michigan, Abdul El-Sayed competía contra el republicano Mike Rogers por el escaño que deja vacante el demócrata Gary Peters. La diferencia entre ambas contiendas es decisiva para el cálculo de mayorías: mientras una victoria en Texas permitiría a los demócratas ampliar sus ganancias, conservar Michigan resulta necesario para evitar que los avances conseguidos en las dos Carolinas queden parcialmente neutralizados.
Los republicanos consiguieron mantener posiciones importantes. En Florida, Ashley Moody conservó su escaño en el Senado frente a la demócrata Angie Nixon, mientras que el congresista Byron Donalds ganó las elecciones a gobernador y se convirtió en el primer afroamericano elegido para dirigir ese estado. Donalds, uno de los aliados de Trump en el Congreso, sucederá al republicano Ron DeSantis.
La jornada también dejó un resultado histórico en Georgia, donde la demócrata Keisha Lance Bottoms, exalcaldesa de Atlanta, ganó las elecciones a gobernadora y se convirtió en la primera mujer negra elegida para gobernar un estado estadounidense. En Pensilvania, el gobernador demócrata Josh Shapiro consiguió la reelección, mientras que Wes Moore obtuvo un segundo mandato en Maryland.
Los resultados llegaron después de una campaña dominada por el coste de vida, la inmigración y las consecuencias económicas y políticas de la guerra con Irán. Trump había hecho de la recuperación del poder adquisitivo una de sus principales promesas en 2024, pero los precios de los alimentos, la vivienda, los seguros médicos y los combustibles continuaron entre las preocupaciones más importantes de los estadounidenses.
Las primeras encuestas a pie de urna reflejaron un amplio descontento con la situación del país. Aproximadamente tres de cada cuatro votantes se declararon insatisfechos o enfadados con su rumbo, mientras que siete de cada diez consideraron necesario que el Congreso ejerciera mayores controles sobre el presidente. Alrededor de la mitad de los consultados afirmó que veía estas elecciones como una oportunidad para expresar su rechazo a Trump.
La política migratoria también ocupó un lugar destacado. La Administración llegó a los comicios reivindicando la reducción de los cruces irregulares en la frontera con México y el endurecimiento de los controles migratorios. Sin embargo, las operaciones de detención y deportación realizadas dentro del territorio estadounidense, así como los enfrentamientos entre agentes federales y manifestantes, provocaron críticas de organizaciones civiles y dirigentes demócratas.
En materia económica, los demócratas centraron sus ataques en el impacto de los aranceles, los precios de la energía y las dificultades de los hogares para afrontar los gastos cotidianos. Los republicanos defendieron las políticas fiscales y energéticas del Gobierno y atribuyeron parte de los problemas económicos a la anterior Administración de Joe Biden.
La guerra con Irán añadió otro elemento a la campaña. El conflicto, sus costes y sus consecuencias sobre los precios del petróleo ocuparon parte del debate electoral y permitieron a los demócratas cuestionar las prioridades de gasto de la Casa Blanca. Los republicanos, por su parte, defendieron la actuación presidencial como parte de su política de seguridad nacional.
La votación se desarrolló sin interrupciones generalizadas, aunque se registraron incidencias en algunos estados. En Nueva York se notificaron problemas con equipos de escrutinio en el condado de Westchester, mientras que en Florida las inundaciones obligaron a trasladar varios centros electorales. También hubo retrasos y ampliaciones de horarios en determinados recintos de Carolina del Norte. El Departamento de Justicia desplegó observadores electorales en distintas jurisdicciones, una medida criticada por dirigentes demócratas que cuestionaron el alcance de la intervención federal.
La recuperación de la Cámara de Representantes modifica las condiciones políticas en las que Trump deberá gobernar hasta enero de 2029. Los demócratas podrán impulsar investigaciones sobre el uso de recursos públicos, las políticas migratorias y otras decisiones del Ejecutivo. También tendrán capacidad para bloquear iniciativas legislativas que requieran la aprobación de ambas cámaras, aunque el presidente podrá seguir recurriendo a las competencias que le reconoce la Constitución.
El resultado del Senado determinará hasta dónde llega ese cambio. Si los republicanos conservan la mayoría, mantendrán el control de las confirmaciones de jueces federales y altos cargos presidenciales. Si los demócratas consiguen también esa cámara, la oposición dispondrá de mayores instrumentos para condicionar los nombramientos y la agenda legislativa de la Administración.



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