La próxima vez que abramos la nevera, conviene detenerse un instante y hacerse una pregunta: ¿realmente tengo hambre o estoy intentando saciar una emoción? A menudo atribuimos a la falta de motivación la dificultad para mantener una alimentación saludable, cuando detrás de ese impulso puede esconderse algo más. El estrés, el cansancio o la ansiedad nos llevan a buscar en la comida un alivio inmediato, muchas veces sin ser conscientes de ello.
Para distinguir ambas sensaciones, María José Salgado, farmacéutica y especialista en salud integral, explica que la clave está en cómo se manifiestan. «El hambre fisiológica surge de forma progresiva y puede satisfacerse con distintos alimentos; en cambio, el hambre emocional aparece de repente y nos lleva a buscar alimentos muy concretos, normalmente dulces o ricos en grasas, que proporcionan un consuelo inmediato».
Este comportamiento también está relacionado con nuestro estilo de vida acelerado, marcado por la hiperconexión y la falta de descanso, que nos lleva a relegar el bienestar a un segundo plano. Además, intervienen factores biológicos y aprendizajes adquiridos durante la infancia. «Si de pequeños nos ofrecían un dulce para calmar la tristeza, podemos acabar asociando ciertos alimentos con el consuelo, un patrón que repetimos de forma inconsciente en la edad adulta», apunta Salgado.
Desde su experiencia en Farmacia Verano, la especialista insiste en que las dificultades relacionadas con el peso no se solucionan simplemente con fuerza de voluntad. Los horarios desordenados, el estrés y la gestión de las emociones también pueden influir en nuestra relación con la comida.
¿Cómo empezar a gestionarlo?
Para comenzar a gestionarlo, Salgado recomienda, en principio, mantener una alimentación suficiente y regular, evitar las restricciones excesivas y cuidar aspectos básicos como el descanso y la actividad física. Cuando aparezca el impulso de comer, propone hacer una pausa y tratar de identificar qué lo desencadena. Si se trata de hambre física, sugiere comer sin culpa; si buscamos aliviar una emoción, podemos recurrir a otras alternativas, como salir a caminar, hablar con alguien, respirar profundamente o reservar un momento para descansar.
Antes de centrarnos en la báscula o en una dieta estricta, es fundamental aprender a escuchar al cuerpo y entender su relación con la comida.





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