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Cohesión social y confianza: motores de crecimiento

El Comercio
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Cohesión social y confianza: motores de crecimiento

Los recientes acontecimientos en Francia y otros países de Europa han puesto sobre el tapete una serie de dilemas políticos como, por ejemplo, la inmigración. La ciencia económica suele evaluar la migración bajo un cálculo costo-beneficio: es positiva si la contribución de los migrantes supera las prestaciones que reciben frente a la presencia de un estado del bienestar. Así, a mayor estado de bienestar, mayor es el costo fiscal o menor el beneficio neto de la migración. Sin embargo, dicho análisis omite la afectación a una variable intangible y necesaria para la estabilidad de una nación: la cohesión social, entendida como el grado de confianza mutua entre sus miembros.

Si bien la migración aporta, entre otros aspectos, dinamismo laboral e innovación, un flujo que desborda la capacidad de integración debilita las identidades e instituciones compartidas, reduciendo de esta forma la confianza en una sociedad. Las naciones más prósperas sostienen su cohesión recreando lazos de solidaridad mediante normas e instituciones compartidas. Por el contrario, dicha cohesión social se debilita inevitablemente ante la afluencia de personas que no comparten los valores que sirven de vínculo social entre sus residentes.

En términos generales, la cohesión social actúa como el fundamento invisible que refuerza el orden y previene la anarquía, y depende directamente de la confianza interpersonal y en las instituciones que una nación logra desarrollar a lo largo de los años. La confianza y la reputación son activos económicos indispensables sobre los cuales se construye la viabilidad de las interacciones a largo plazo y la predictibilidad del mercado. A mayor nivel de confianza, menores los costos legales o transaccionales y mayor es el dinamismo y la eficiencia en la generación de riqueza.

El error recurrente de aquellos que profesan las ideas del constructivismo social es considerar la mente humana como una “tabla rasa” apta de ser moldeable por decretos. Por el contrario, la naturaleza humana es el resultado de millones de años de evolución que han moldeado instintos de cooperación, reciprocidad y sentido de pertenencia, como bien lo señala Nicholas Wade en “The Origins of Politics” (2025). Ignorar que el ser humano es el resultado de un proceso evolutivo, y no una mera construcción social y cultural, lleva a un inevitable choque entre ciertas normas políticas y la herencia biológica.

Asimismo, el autor sugiere que si se diseñan instituciones al margen de rasgos evolutivos en el ser humano -como la reciprocidad, la cooperación, la protección y seguridad familiar, y el respeto de normas- se reduce la confianza, incentiva el oportunismo y erosiona la cohesión social. Sin confianza ni reglas previsibles, aumentan los conflictos y los costos de cooperación, se frenan la inversión y la innovación, y se debilitan el estado de derecho y las instituciones inclusivas que sostienen el desarrollo. ¡Sin cohesión social no hay confianza, y sin confianza no hay crecimiento sostenible!

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