Estos días han sorprendido los astronómicos beneficios obtenidos por las compañías energéticas en los primeros nueve meses del año. Son llamativas las ganancias de Repsol, 5.006 millones de euros, un 325% más que el año anterior y los de Moeve, 1.430 millones, un 481% más o 140% según el beneficio neto ajustado.
Este exitoso comportamiento contra viento y marea de sectores privilegiados ya había sido detectado por el profesor José Luis Sampedro, (1917 -2013) en el libro Escribir es vivir, (2005) escrito con su mujer la poeta Olga Lucas (1947). El catedrático de Estructura Económica rememora la paradójica situación de la economía española en 1960, el año posterior al Plan de Estabilización, en que la economía se hundió pese a lo cual los bancos ganaron mucho. Sampedro relata la anécdota de un periodista que preguntó a un gran banquero cómo era posible que aumentaran sus ganancias mientras bajaba la producción. La respuesta del banquero fue enigmática: “Es que no lo hemos podido evitar”. Seguidamente el profesor descifró el enigma: “El sistema está hecho para que gane el banquero. Si bajan las operaciones, el tipo de interés puede compensar la presumible pérdida y hasta superar ingresos”.
Ahora la economía española no está en recesión. Crece mucho más que Europa. Sin embargo, su tasa de crecimiento, 2,7% interanual, no tiene parangón con las vertiginosas cifras de incremento de las ganancias de las energéticas. Tampoco es comparable el comportamiento de la economía real con el de la financiera. Los seis principales bancos llevan cinco años batiendo récords de ganancias. En los primeros nueve meses de 2026 cosecharon 29.253 millones de euros, un 15% más que el año anterior, el triple que la economía.
En las energéticas las ganancias extra se asocian al encarecimiento del petróleo por la guerra de Irán. Es revelador lo ocurrido en Estados Unidos. Democracy Now ha divulgado un informe de los demócratas del Comité Económico Conjunto del Congreso que indica que las inversiones del presidente Trump en acciones de petróleo y gas han duplicado su valor en el último año debido a la guerra elegida por el mandatario contra Irán. Recoge una frase de Trump relativa al asunto: “Ese será el titular. Pero yo dije me da igual. Lo voy a decir: Estamos haciendo una fortuna de locos”.
Estas estratosféricas ganancias se han definido como “beneficios caídos del cielo”. Error. Esta fortuna extra no procede de las alturas, sino de abajo. De unos precios disparatados de combustibles, electricidad y gas soportados por empresas y trabajadores. Las crisis energéticas multiplican la extracción de rentas de la economía productiva y de los hogares en beneficio de unos pocos. El Gobierno trató de reequilibrar esta distorsión del mercado mediante un gravamen extraordinario que en 2024 recaudó 1.695 millones de euros de los bancos y 1.164 millones de las energéticas. En 2025, sin embargo, las energéticas aportaron cero tras lograr que las derechas tumbaran en el Congreso el gravamen. Para remediar la irracionalidad del sistema habrá que explorar otras alternativas como la participación pública en las empresas cuyas rentas no proceden de su propia actividad.





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