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El Madrid se engancha al desmelene y remonta también al AEK

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El Madrid se engancha al desmelene y remonta también al AEK

Mientras el Real Madrid sigue buscando el juego, de momento ha rescatado el efecto devastador de su mitológico desmelene. Cuando no encuentra otra senda, parece que le basta con hacerse el muerto, encajar un par de golpes, verse a remolque, tocar la corneta, desatar un caos de oleaje desordenado y continuo y llevarse el partido con un tirazo de Fede Valverde, por ejemplo. O con tres córners como en Roma. Es igual. El Madrid en construcción de Mourinho alargó el pleno de victorias en la Champions contra un bravo AEK, primero sostenido como siempre por Courtois, luego empujado por Bellingham y con varias ocasiones falladas, y apretando al final el botón del pánico en un partido en el que Vinicius pareció más lejos de sí mismo que nunca.

AEKAEK Atenas

2

Alberto Brignoli, Filipe Relvas, Harold Moukoudi, Stavros Pilios, Lazaros Rota, Kaan Kairinen (Barnabás Varga, min. 59), Lovro Majer (Zine, min. 52), Aboubakary Koïta, Kervin Arriaga, Mijat Gacinovic (Razvan Marin, min. 59) y Luka Jovic (Oleksandr Zubkov, min. 87)

RMAReal Madrid

3

Thibaut Courtois, Antonio Rüdiger, Marc Cucurella (Brahim Díaz, min. 80), Denzel Dumfries, Éder Militão, Bernardo Silva (Endrick, min. 66), Yan Diomande (Federico Valverde, min. 66), Jude Bellingham (Carlos Espí, min. 85), Vinícius Júnior (Álvaro Carreras, min. 80), Eduardo Camavinga y Kylian Mbappé

Goles 1-0 min. 11: Aboubakary Koïta. 1-1 min. 31: Bellingham. 2-1 min. 74: Stavros Pilios. 2-2 min. 77: Mbappé. 2-3 min. 91: Valverde

Arbitro Maurizio Mariani

Tarjetas amarillas Kervin Arriaga (min. 33), Cucurella (min. 64)

Tarjetas rojas Aboubakary Koïta (min. 94)

Los equilibrios que ha tanteado el Real son todavía muy precarios, conexiones en formación. Basta una pequeña alteración para que el desajuste resulte apreciable. Aunque en Atenas, el cambio no fue anecdótico. Volvió al once Vinicius, aún en proceso de rehabilitación. Castigado en la Liga, el brasileño cuenta con pocas oportunidades para rodarse con fuego real. La de Grecia fue la última con el Madrid hasta el 21 de noviembre. El sábado no puede jugar y llega una ventana internacional. Este calendario a trompicones no es el más adecuado para que recupere el golpe de pedal. Y se nota. Da la impresión de que juega tanteando las paredes, como un tipo que se despierta en mitad de la noche en un apartamento extraño. O en el cuerpo de otro.

El resto del equipo tampoco empezó muy espabilado. El AEK derrochaba hambre, con Gacinovic multiplicándose por todas partes y Jovic apareciendo con sentido para abrir grietas en su antiguo equipo, un lugar por el que pasó sin dejar un rasguño, nada memorable. Pero en el reencuentro, el serbio tenía todos los mapas en la cabeza. Se descolgaba de la punta, recibía, giraba y aceleraba. Así provocó Majer el primer temblor en el área, al que respondió Courtois sacando el pie abajo.

El AEK vivía revolucionado mientras el Madrid ni siquiera había empezado a desperezarse. El contraste de marchas resultaba alarmante. Jovic recibió el balón en la frontal después de una contra, giró, se lo dejó a Koita y el mauritano abrió una rendija con una pisada ante Cucurella y batió a Courtois. El Real no se reconectaba a la versión que tumbó al Barcelona. Acarreaba la pelota con parsimonia, a una velocidad que convertía todo en previsible y sencillo para los griegos. Diomande no se escapaba por la derecha y Vinicius ni siquiera lo intentaba por la izquierda. Cada vez que recibía se giraba y jugaba hacia atrás.

Mientras el Madrid se reiniciaba, Courtois seguía en lo de siempre, sosteniendo al equipo con paradas estupendas, ganando tiempo para que la maquinaria encontrara el modo de reconectar los cables. Pero manejaban el balón sin la fluidez y la continuidad que permiten el gobierno de los partidos.

Para estos casos, el Real guarda el recurso de los chispazos episódicos. Un córner de Bernardo Silva peinado por Militão, titular por primera vez después de meses de dolor, le cayó a Vinicius cerca de la frontal. El brasileño la metió al área pequeña y Bellingham la empujó a la red, pero el VAR se chivó de un fuera de juego. El Madrid ya había avisado a un AEK al que se le iba desinflando el entusiasmo.

El siguiente pinchazo fue un pase tenso de Cucurella al área que Bellingham transformó en una definición precisa y elegante con una genialidad, un taconazo con la izquierda desde el puesto avanzado de nueve en el corazón del área. En ese tramo deslavazado, la voluntad y el desparrame físico del inglés eran lo único que funcionaba como pegamento de un juego sin rumbo. Bellingham recuperaba, distribuía y llegaba al área. Un futbolista total. Pero un futbolista solo.

El empate aplacó un punto a los griegos, pero el Madrid no terminaba de encontrar el modo de volver a hacerles daño. Monopolizaban la pelota, se acercaban con ella al área de Brignoli, pero ahí se perdían. En esas zonas finales congestionadas transmitían una sensación de amontonamiento, de cierta desorientación. Ahí donde se levanta la bruma cuando se aprietan las defensas motivadas, el Madrid echaba mucho de menos la luz del faro de Güler, esa clarividencia para despejar escenarios pantanosos con la varita de su pase.

El partido se le hacía bola al Madrid, que en la desorientación iba dejando cada vez más jugadores perdidos arriba. Se partía y abría caminos a que el AEK le golpeara a la contra. Y lo hizo. Pilo embocó entre las piernas de Courtois desde dentro del área pequeña.

Mourinho comenzó a reunir en la banda a la unidad de emergencia, el centrador Trent y el rematador Espí. Con ellos ya asomándose al campo, Bellingham filtró un pase a lo Güler que Dumfries envió al área, donde Mbappé, tac, empujó el empate a la red. El modo remontada se había activado. También un poco como Güler, Endrick dejó solo con el exterior al francés. Brignoli despejó de un manotazo al larguero. El desmelene final, esa tradición tan madridista, lo cerró Valverde con un tirazo de fuera del área en el tiempo añadido, una pepita de oro refulgiendo en el agua turbia.

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