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Mark Rutte, actual secretario general de la OTAN, exigió «millones de proyectiles de artillería» y eso nos lleva devuelta a la Primera Guerra Mundial

La Razon
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La guerra de Ucrania ha devuelto a Europa una realidad que parecía relegada a los conflictos del siglo XX: la importancia de disponer de enormes reservas de munición para sostener operaciones militares durante meses o años. En un escenario dominado también por drones, sensores y armas de precisión, la artillería continúa siendo decisiva por su capacidad para proporcionar fuego sostenido sobre el campo de batalla.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, advirtió sobre esta necesidad el 4 de septiembre de 2025, durante un discurso en la Cumbre de Defensa de Praga organizada por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS). Entre las capacidades que los aliados deben reforzar, destacó la necesidad de contar con «millones de proyectiles de artillería» y acelerar la producción para responder a las amenazas actuales.

La artillería vuelve a marcar el ritmo de la guerra

La referencia a millones de proyectiles refleja una de las principales lecciones de Ucrania: la tecnología avanzada no elimina la necesidad de disponer de grandes cantidades de munición convencional. Los sistemas de artillería permiten atacar posiciones enemigas, apoyar a las tropas terrestres y mantener la presión sobre el adversario, pero su eficacia depende de un suministro constante de proyectiles.

Rutte señaló que Rusia había llegado a producir munición a un ritmo superior al del conjunto de los aliados de la OTAN. Esta diferencia ha obligado a los países occidentales a revisar sus capacidades industriales, sus reservas estratégicas y sus plazos de fabricación.

La comparación con la Primera Guerra Mundial resulta inevitable por la importancia del consumo masivo de munición y de la capacidad logística para sostener el combate. Sin embargo, los conflictos actuales presentan diferencias sustanciales: la artillería opera junto a drones de reconocimiento, sistemas digitales de identificación de objetivos y municiones de precisión que permiten mejorar la eficacia del fuego.

La guerra moderna combina así dos necesidades aparentemente contradictorias: disponer de tecnología sofisticada y garantizar un volumen suficiente de armamento convencional.

Más producción industrial para sostener la defensa europea

El secretario general destacó que la industria europea estaba aumentando su capacidad de fabricación. Según las cifras que presentó, la capacidad anual de producción de munición de artillería de los países de la Unión Europea alcanzaría los dos millones de proyectiles a finales de 2025, seis veces más que dos años antes.

Este incremento permitiría reponer gradualmente las reservas de los aliados y reducir la diferencia de producción con Rusia. No obstante, Rutte insistió en que todavía era necesario acelerar la fabricación de sistemas más complejos, como carros de combate, misiles y defensas antiaéreas, además de drones.

Ucrania ofrece otra lección industrial: su capacidad para ampliar rápidamente la producción de armamento demuestra que la movilización tecnológica y la fabricación a gran escala pueden cambiar el desarrollo de un conflicto.

El mensaje de la OTAN es claro: la superioridad militar no depende únicamente de disponer de las armas más avanzadas, sino también de poder producirlas, mantenerlas y reponerlas al ritmo que exige la guerra. En este contexto, la artillería vuelve a ocupar un lugar central en la planificación de la defensa europea.

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