Durante cinco años creyó que padecía una enfermedad incurable que estaba destruyendo su movilidad y que terminó apartándola de los escenarios. Ahora, a los 54 años, la actriz estadounidense Christina Applegate ha descubierto que nunca tuvo esclerosis múltiple. Sin embargo, lejos de celebrar la noticia, la intérprete ha confesado estar completamente devastada: continúa sufriendo síntomas incapacitantes y los médicos todavía desconocen qué enfermedad está detrás de ellos.
«Vuelvo al punto de partida. No sé qué me está pasando», reconoció entre lágrimas durante un episodio de su pódcast MeSsy, publicado este martes. La protagonista de Dead to Me explicó que sigue necesitando una silla de ruedas para desplazarse y que, en algunos aspectos, su estado de salud incluso ha empeorado.
Su caso ha puesto el foco sobre uno de los problemas más complejos de la neurología: la dificultad para diagnosticar correctamente la esclerosis múltiple, una enfermedad cuyas manifestaciones pueden confundirse con las de otras patologías.
Quién es Christina Applegate: de estrella de Hollywood a abandonar la interpretación
Christina Applegate alcanzó la fama interpretando a Kelly Bundy en la serie Matrimonio con hijos. Posteriormente participó en películas como El reportero: La leyenda de Ron Burgundy y recibió un premio Emmy por su aparición en Friends.
En 2021 anunció que padecía esclerosis múltiple. Sus dificultades para caminar la obligaron a utilizar bastón y silla de ruedas durante el rodaje de Dead to Me, una de sus últimas producciones.
La actriz explicó que su diagnóstico llegó después de que una resonancia magnética revelara numerosas lesiones cerebrales. Comenzó entonces un tratamiento mediante infusiones, pero años después sus médicos decidieron interrumpirlo temporalmente y estudiar su evolución. Los nuevos resultados llevaron a reconsiderar el diagnóstico inicial.
Cómo es posible confundir la esclerosis múltiple con otra enfermedad
La esclerosis múltiple es una enfermedad inflamatoria del sistema nervioso central en la que el sistema inmunitario daña la mielina, la sustancia que protege las fibras nerviosas. Puede provocar debilidad muscular, alteraciones visuales, problemas de equilibrio, hormigueos y fatiga intensa.
El principal problema es que no existe una única prueba capaz de confirmar la enfermedad por sí sola. Según el Servicio Nacional de Salud británico (NHS), el diagnóstico requiere combinar la exploración neurológica, los síntomas, las resonancias magnéticas y, en determinados casos, análisis de sangre y líquido cefalorraquídeo.
Incluso las lesiones cerebrales que aparecen en las resonancias pueden inducir a error. Algunas alteraciones de la sustancia blanca también pueden observarse en personas con migraña o factores de riesgo vascular, sin que necesariamente exista esclerosis múltiple.
Un estudio publicado en Neurology sobre 110 pacientes diagnosticados erróneamente identificó entre las causas alternativas más frecuentes la migraña (22%) y la fibromialgia (15%). También aparecieron trastornos como la neuromielitis óptica, otra enfermedad inflamatoria del sistema nervioso.
Los especialistas también deben descartar problemas como el déficit de vitamina B12, que puede ocasionar hormigueos, dificultades para caminar y alteraciones neurológicas semejantes.
Hasta uno de cada cinco diagnósticos puede ser incorrecto
Diversas investigaciones han encontrado proporciones de diagnósticos equivocados cercanas al 15%-20% en determinadas poblaciones clínicas, aunque estas cifras no deben extrapolarse a todos los pacientes con esclerosis múltiple.
El error puede tener consecuencias importantes: recibir tratamientos inmunomoduladores innecesarios, exponerse a efectos adversos y retrasar la identificación de la verdadera enfermedad.
Las recomendaciones clínicas del organismo británico NICE insisten en aplicar criterios diagnósticos estrictos y descartar otras explicaciones antes de confirmar la esclerosis múltiple. Ante síntomas atípicos o resultados contradictorios, una segunda opinión especializada puede resultar especialmente útil.
En el caso de Applegate, todavía no se ha comunicado qué patología explica sus problemas neurológicos. La actriz deberá someterse a nuevas investigaciones médicas. Su experiencia recuerda que retirar un diagnóstico no equivale a recuperar la salud: los síntomas pueden seguir siendo incapacitantes incluso cuando su causa permanece desconocida.





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