Vestida de un rosa suave y rodeada por unos diez mil simpatizantes de su partido en Orleans, la líder de la extrema derecha, Marine Le Pen, lanzó oficialmente su campaña presidencial hacia las elecciones de abril y mayo 2027. Le Pen ha elegido la ciudad de Juana de Arco, para dar el pistoletazo de salida a su cuarta carrera hacia el Elíseo.
Para ella, el momento no puede ser mejor. Las protestas de las últimas semanas han reavivado la necesidad de que "alguien ponga orden" y han puesto a su partido, Agrupación Nacional (RN) como favorito en los sondeos. Le Pen llegó al congreso anual de su partido con números sólidos: entre 34 y 38% de intención de voto para abril de 2027. Si llegara a pasar a segunda vuelta, ganaría con 68%.
El rosa no es casual. Le Pen busca dejar atrás la imagen de mujer severa y presentarse como una alternativa de gobierno para Francia, capaz de resolver la crisis profunda que atraviesa el país. Por eso, las claves de su discurso este domingo giran en torno al concepto de "Renacimiento", asegurando que no quiere volver a la Francia del pasado. Su campaña promete una "transformación nacional y transmitir optimismo frente a la crisis política y social". Si Le Pen busca olvidarse de viejos tiempos, no es solamente para mirar hacia el futuro, sino para evitar que se siga comparando el comportamiento racista y antisemita de su padre con su proyecto actual. Recordemos que en 2015, la heredera expulsó del partido a Jean-Marie Le Pen – patriarca por excelencia de la extrema derecha- y luego cambió el nombre de Front National a Reagrupación Nacional para intentar lavar la imagen de su formación. Hasta ahora, el éxito no ha sido total. Los vestigios quedan y todavía pesan bastante.
Un Gobierno de "unidad nacional" encabezado por Bardella
Luego, cómo no, vino la promesa de la seguridad y recuperación de la autoridad del Estado. La candidata denunció el aumento de la violencia y prometió restablecer el orden y el Estado de derecho: "¿Quién puede afirmar que existe un Estado de derecho cuando los delincuentes no son castigados y las mafias imponen su ley en los barrios?", se pregunta la líder de la extrema derecha. Criticó a La Francia Insumisa -partido de extrema izquierda dirigido por Jean-Luc Mélenchon- y a los grupos antifascistas, a los que responsabilizó de fomentar la intolerancia y la violencia.
Uno de los anuncios centrales de su discurso -aunque no fue para nada una sorpresa- fue el compromiso de formar un gobierno "de unión nacional" encabezado por Jordan Bardella como primer ministro. El joven político, de apenas 30 años recién cumplidos, acaba de reelegirse como presidente del RN y desde hace un tiempo se ha posicionado no solo como el pupilo y aliado más cercano de Le Pen, sino también como su sustituto en caso de que no pueda presentarse como candidata a la carrera presidencial, a causa de la condena judicial que pesa en su contra.
Entre sus propuestas, Marine Le Pen defendió la incorporación del concepto de "comunidad nacional" en la Constitución francesa, con el objetivo de reafirmar la existencia de un único pueblo francés y combatir el comunitarismo.
En política exterior, Le Pen prometió hacer de Francia una "nación de paz" y afirmó que no enviaría a los jóvenes franceses a morir en guerras que no responden a los intereses del país. No queda claro si este concepto de paz también se refiere a Ucrania. ¿Suspendería Le Pen la ayuda francesa en armas y euros que proporciona a Kiev? ¿Refuerza la idea de una cercanía con Putin que siempre se le ha achacado a la candidata? Son preguntas que solo podrán ser respondidas al conocerse el programa de gobierno a principios del 2027.
La amenaza del proceso judicial en su contra
Aunque Marine Le Pen se comporte ya como candidata formal y tenga incluso algunas actitudes presidenciales, su carrera hacia el Elíseo continúa condicionada por el desenlace del proceso judicial que pesa sobre ella. La dirigente de la Reagrupación Nacional fue condenada por malversación de fondos públicos en el caso de los asistentes parlamentarios europeos de su partido, una causa que se remonta al funcionamiento del antiguo Frente Nacional, hoy RN.
El 31 de marzo de 2025, el Tribunal Correccional de París la declaró culpable de haber participado en un sistema de contratación de asistentes parlamentarios europeos cuyos salarios, financiados con fondos del Parlamento Europeo, habrían beneficiado en realidad al partido. Los hechos investigados abarcan el período comprendido entre 2004 y 2016.
En primera instancia, Le Pen recibió una condena de cuatro años de prisión —dos de ellos firmes—, una multa de 100.000 euros y, sobre todo, cinco años de inhabilitación para ejercer cargos públicos de elección popular, con ejecución inmediata. Esta última medida la dejó inicialmente fuera de la carrera presidencial de 2027, pero luego presentó un recurso contra la sentencia.
El 7 de julio de 2026 la corte confirmó su culpabilidad, pero redujo las penas: tres años de prisión, dos de ellos en suspenso, y una multa de 100.000 euros. La inhabilitación quedó fijada en 45 meses, de los cuales 30 están suspendidos. La parte efectiva equivale a 15 meses, período que ya había transcurrido desde la condena inicial. Es decir, Marine Le Pen está habilitada para lanzarse como candidata. Le Pen recurrió entonces ante la Corte de Casación, la máxima jurisdicción judicial francesa en materia penal. Este tribunal no volverá a juzgar los hechos como si se tratara de un nuevo juicio: examinará si la sentencia de apelación respetó el derecho y las reglas jurídicas aplicables.
Un calendario decisivo
El calendario es decisivo. La Corte de Casación anunció que podría pronunciarse sobre el recurso a más tardar a comienzos de abril de 2027, antes de la primera vuelta presidencial, prevista para el 18 de abril. Si la corte rechaza el recurso, la condena será firme. Pero Le Pen no la cumpliría en una cárcel convencional, sino con un brazalete electrónico en el tobillo.
Aunque legalmente puede ser candidata, un brazalete de esta naturaleza le impediría desplazarse para hacer campaña y más aún, sería un desafío moral para los franceses, que tendrían que decidir si escogen a una convicta por corrupción como su presidenta.
Marine Le Pen ya ha calculado que este escenario es posible, por lo que ha puesto su confianza en Jordan Bardella si definitivamente no puede ser candidata. Aunque por ahora, está decidida a llegar hasta el final.


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