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La batalla por el Congreso de EE UU: qué se juega Trump en las "midterms"

La Razon
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La batalla por el Congreso de EE UU: qué se juega Trump en las "midterms"

EE UU podría estar a punto de vivir un importante cambio político. A pocos días de las elecciones legislativas, las encuestas juegan a favor de los demócratas que tienen opciones de recuperar la Cámara de Representantes. También está en juego algo más de un tercio del Senado, donde la oposición necesita ganar solo unos pocos escaños para hacerse con la mayoría, 51 asientos. Para que una ley se materialice, debe ser aprobada por ambas cámaras, por eso, aunque Donald Trump no aparece en la papeleta, el presidente se juega mucho el 3 de noviembre, su capacidad para seguir gobernando holgadamente con el apoyo de Washington.

La primera gran batalla se libra en la Cámara de Representantes, donde los legisladores tienen mandatos de dos años y se renuevan los 435 escaños. Los republicanos llegan a las elecciones con una mayoría muy ajustada, 218 representantes frente a 214 demócratas, además de tres escaños vacantes. Los demócratas necesitan sumar cuatro asientos adicionales a los que ya tienen para hacerse con el control.

Cada uno de los 435 representantes es elegido por un distrito electoral, y hay al menos una treintena de contiendas extremadamente reñidas. Entre los escaños que los demócratas aspiran a arrebatar a los republicanos están el del congresista Mike Lawler, en Nueva York, así como otros en Pensilvania, Nueva Jersey y Nebraska. Pero la oposición también tendrá que defender puestos que ya controla y que los republicanos podrían arrebatarles, como el noveno distrito en Ohio o el primero de Carolina del Norte.

El malestar con los republicanos no se traduce necesariamente en entusiasmo por los demócratas. Una encuesta de CNN muestra que algunos votantes rechazan a ambos partidos, aunque entre ellos la oposición lleva ventaja, por eso movilizar a los desencantados será tan importante como convencer a quienes todavía dudan. Además, las fronteras electorales también influyen. Los nuevos mapas electorales han dado ventaja a los republicanos en quince distritos y a los demócratas en seis. Estas modificaciones pueden dificultar que un cambio en el ánimo nacional se traduzca en escaños, el control del Congreso dependerá de dónde se concentren los votos.

Los demócratas confían en que el descontento por el elevado coste de vida y la gestión de Trump les ayude a conquistar algunas de esas demarcaciones, y según las últimas encuestas, tienen muchas posibilidades de hacerlo. Si finalmente lo consiguen, podrían impedir avances de proyectos de ley republicanos y dirigir las comisiones encargadas de investigar la Administración actual. Ese cambio también podría tener consecuencias fuera de EE UU, en la guerra de Irán, por ejemplo.

Permitiría a los demócratas presionar a la Casa Blanca mediante negociaciones sobre el presupuesto de defensa y exigir explicaciones públicas por un conflicto bélico cada vez más impopular. En cuanto a Ucrania, una mayoría demócrata podría impulsar nuevas votaciones para ayudar a Kiev, aunque aprobar otro paquete de ayuda militar requeriría también la participación del Senado y superar un posible veto de Trump. Respecto a la OTAN y Europa, el Congreso podría ejercer presión política y presupuestaria a favor de los aliados, aunque el presidente seguiría dirigiendo la política exterior y las relaciones diplomáticas.

La batalla del senado

La otra batalla se libra en el Senado, donde los mandatos duran seis años y esta vez se renuevan 35 de los 100 escaños. Los republicanos cuentan actualmente con 53 senadores, frente a 47 del bloque demócrata, que incluye a dos independientes. Para recuperar la mayoría, la oposición necesita terminar con cuatro escaños más y llegar a 51. Si ambas fuerzas llegan a 50, el vicepresidente republicano, JD Vance, tiene el poder de desempatar por lo que su partido mantendría el control de la Cámara Alta.

Actualmente, de los 35 escaños en disputa, 22 están en manos republicanas y 13 pertenecen al bloque demócrata. A primera vista, eso significa que los republicanos tienen más que defender, pero muchos de esos puestos se encuentran en estados donde su partido suele ganar claramente por lo que no son nada fáciles de arrebatar. Esto deja una situación compleja para los demócratas, que si quieren hacerse con esta cámara tendrán que hacerse con territorios favorables a sus rivales.

La lucha por el Senado está mucho más reñida que la de la Cámara de Representantes. Según un estudio de Decision Desk HQ, los demócratas tienen 57% de posibilidades de controlar la Cámara Alta, frente al 43% de los republicanos. En la Cámara Baja, sus opciones llegan al 80%.

Si la oposición recupera las dos cámaras, aumentaría considerablemente su capacidad para frenar la agenda de Trump y negociar con la Casa Blanca cuestiones como los presupuestos y el gasto público. Pero eso no significa que puedan aprobar por sí solos todo su programa. El presidente conserva el poder de veto y muchas iniciativas en el Senado necesitan más de una mayoría simple, más de 60 votos, para salir adelante, una cifra superior a la que los demócratas aspiran a conseguir.

Si por el contrario los republicanos mantienen el Senado y Cámara de Representantes, Trump seguiría contando con un Congreso dirigido por su partido y tendría más margen para impulsar sus prioridades, aunque también necesitaría mantener unidos a sus propios legisladores, algunos podrían distanciarse por desacuerdos sobre cuestiones como los aranceles o la guerra de Irán.

El martes electoral en las urnas también se elegirán gobernadores en 36 estados, incluido Nueva York, se renovarán los parlamentos estatales y otros cargos locales, además de votarse consultas y derechos que distintos estados que afectan directamente a la vida cotidiana.

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