Los demócratas del estado estadounidense de Kansas, mayoritariamente rural y conservador, esperan poder aprovechar el descontento de los votantes con el presidente Donald Trump y enviar a un demócrata al Senado, algo que no ocurre desde 1932. «Por primera vez en bastante tiempo soy realmente optimista», afirmó Travis Falstad, de 53 años, uno de los escasos votantes de izquierdas del condado de Neosho, en el corazón de las Grandes Llanuras.
Hace dos años, el 73% de los votantes de este condado respaldó al republicano Trump. Pero aquí y allá pueden verse carteles blancos en los jardines con el nombre de Adam Hamilton, el candidato demócrata al Senado. Kansas no es el único estado que hasta ahora se consideraba fuera del alcance demócrata y en el que el partido se atreve a soñar con una victoria en las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre.
Impulsado por unas encuestas favorables, el Partido Demócrata trabaja para movilizar a los votantes incluso en zonas tradicionalmente inclinadas hacia la derecha, aprovechando la inquietud por el fuerte aumento del coste de la vida, agravado por la guerra con Irán, y los bajos índices de aprobación de Trump. «Creo que la gente está simplemente desesperada por recuperar un poco de normalidad», afirmó Falstad, con una gorra de béisbol en la cabeza, frente a un Walmart.
«Un centrista nos vale»
A su lado, su esposa, Beth Ann, adopta un enfoque pragmático. Los candidatos demócratas en Kansas «son bastante centristas», señaló, como Hamilton, pastor de una megaiglesia que hasta hace poco estaba registrado como republicano y que ha destacado su posición moderada en numerosos asuntos, además de su deseo de devolver la decencia a Washington.
«Un centrista nos vale», explicó, porque «si intentáramos presentar a un candidato progresista, sería un ciclo electoral perdido, porque simplemente volveríamos a caer donde estamos ahora», en referencia a la profunda polarización de la política estadounidense. «Y si podemos salvar nuestra democracia, fantástico», añadió.
Como muestra de la inquietud republicana respecto a Kansas, Trump viajó al estado la semana pasada, en su primera visita desde 2018, para movilizar apoyos en favor del senador republicano Roger Marshall, que aspira a conservar su escaño. Ese mitin no pretendía hacer cambiar de opinión a nadie, según Don Haider-Markel, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Kansas.
Su objetivo era «entusiasmar a unos votantes republicanos que ahora están desmotivados y conseguir que acudan a votar», explicó. Frustrada por la fuerte subida de los precios, una parte significativa del electorado conservador podría simplemente quedarse en casa, señaló Haider-Markel, mientras que los votantes más moderados y los independientes no afiliados a ninguno de los dos partidos podrían apoyar a un candidato más centrista como Hamilton.
Hamilton es un recién llegado a la política y este año existe en todo el país una ola de sentimiento contra el establishment, explicó el profesor.
Desilusionado
Aunque todavía no ha decidido a quién votará, Daniel Dwire, gerente de una tienda de conveniencia de 52 años, no oculta su decepción con Trump, a quien ha apoyado desde 2016. «La primera vez que Trump estuvo en el poder fue genial», afirmó.
Pero el segundo mandato de Trump y la guerra que inició con Irán —«Nunca deberíamos habernos metido ahí»— han dejado desilusionado a Dwire. Con la gasolina a cuatro dólares el galón, cada vez acuden menos clientes a la gasolinera anexa a su tienda, y también han caído las ventas de aperitivos y bebidas, lo que le ha obligado a reducir su plantilla.
«Ya no veo a tanta gente irse de vacaciones. No están ganando el dinero que deberían y, mientras tanto, todo lo demás sigue subiendo», explicó. Preguntado por si el aumento del precio de la gasolina influirá en su voto, Dwire respondió que sí. Otros, como Dan Platt, un hombre de 64 años que trabaja tres días por semana en la construcción para llegar a fin de mes, tienen claro que votarán a los republicanos.
Platt reconoció que, aunque el precio de la gasolina está afectando a su bolsillo, Trump le hace sentirse orgulloso de ser estadounidense. «Tengo la bandera delante de mi casa y, desde luego, siento orgullo estadounidense. Y no sentía nada de eso cuando Joe Biden estaba en el poder», afirmó, cerveza en mano mientras veía por televisión un partido de fútbol americano de los Kansas City Chiefs.
Dusty, un ganadero, expresó una opinión similar, pese a verse muy afectado por el encarecimiento del combustible. «Quiero decir, el diésel a seis dólares el galón duele, pero hay muchas otras cosas en el mundo que van a doler más si no plantamos cara al terrorismo», afirmó. «Es el precio de la libertad».





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