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Beth Oppenheim, analista: "La doctrina de seguridad de Netanyahu posterior al 7-O ha sido asumida en todo el espectro político judío"

La Razon
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Beth Oppenheim, analista: "La doctrina de seguridad de Netanyahu posterior al 7-O ha sido asumida en todo el espectro político judío"

Israel afronta unas elecciones clave. Este martes, el actual primer ministro del país, Benjamin Netanyahu, luchará por revalidar una vez más su mandato al frente del Likud en los primeros comicios celebrados desde los ataques del 7 de octubre de 2023 y en plena guerra con Irán, un conflicto que mantiene abiertos numerosos frentes. Los sondeos apuntan a una contienda muy reñida cuyos resultados tendrán importantes repercusiones más allá de las fronteras israelíes.

Con motivo de los comicios, LA RAZÓN ha podido conversar con Beth Oppenheim, investigadora de políticas en el programa sobre Oriente Medio y el Norte de África del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Oppenheim acaba de publicar el especial web The Ideas of Israel (Las ideas de Israel), un proyecto que analiza las distintas corrientes ideológicas que compiten por definir el futuro del país y las implicaciones que esa transformación podría tener para Europa.

Frente a un debate político dominado durante años por la figura del primer ministro, propone ampliar el foco. Como explica a este diario, el objetivo es "ir más allá de la dicotomía del sí/no a Netanyahu" y analizar la batalla de ideas que atraviesa hoy la política israelí: qué visiones del país están ganando terreno, cuáles están perdiendo influencia y qué Israel puede emerger de las urnas.

P: ¿Qué está realmente en juego en las elecciones?

R: Muchos en Israel ven estas elecciones como existenciales: una batalla entre dos visiones enfrentadas del país, una nacional-religiosa y otra secular-liberal. La oposición ha hecho campaña con una plataforma tecnocrática basada en el "mamlachiut" -el buen gobierno y anteponer el interés nacional al interés personal-. Eisenkot y los demás líderes de la oposición han prometido detener la agenda de reforma judicial de Netanyahu y abrir una comisión estatal de investigación sobre el 7 de octubre. Mientras el Gobierno religioso y de derechas de Netanyahu ha trabajado para aumentar la presencia de la religión en la vida pública, la oposición es en gran medida secular y pluralista. Un nuevo Gobierno abordaría la políticamente tóxica cuestión del reclutamiento de los ultraortodoxos, que está alimentando las tensiones sociales, y trataría de aprobar una ley para incorporar a esta comunidad al servicio militar.

Pero, en lo que respecta a la política exterior, los Gobiernos europeos no deberían esperar una transformación fundamental. La doctrina de seguridad de Netanyahu posterior al 7 de octubre ha sido ampliamente asumida en todo el espectro político judío. El régimen iraní es considerado de manera prácticamente unánime la mayor amenaza existencial para Israel y se considera que tendrá que ser abordado por medios militares, aunque la oposición pide combinar esto con la diplomacia. En lo que respecta a los palestinos, como mucho, los líderes de la oposición hablan de "separación". El apoyo a un Estado palestino se ha desplomado en la mayor parte del espectro político judío y se ha normalizado el control israelí permanente sobre los palestinos.

Por supuesto, habrá diferencias significativas. Un nuevo Gobierno liderado por el bloque anti-Netanyahu reduciría los flagrantes excesos mesiánicos de este Gobierno. En Gaza, sería menos maximalista en sus exigencias de desarme, lo que permitiría avanzar hacia la segunda fase del alto el fuego. En Cisjordania, actuaría contra los puestos de avanzada, contendría la violencia de los colonos y reduciría la presión sobre la Autoridad Palestina. Pero seguiría ampliando los asentamientos y la creación de un Estado palestino seguiría siendo tabú.

¿Qué ideas o movimientos políticos han ganado más terreno en Israel desde el 7 de octubre?

El 7 de octubre no creó el giro iliberal de Israel, pero sin duda lo exacerbó y aceleró. La masacre de Hamás hizo añicos la sensación de seguridad de los israelíes y reavivó sus temores más profundos. La derecha y la extrema derecha aprovecharon esas poderosas emociones colectivas para impulsar una nueva doctrina de seguridad más beligerante: causar una devastación en Gaza, establecer profundas zonas tampón en las vecinas Siria y Líbano y atacar directamente a Irán. Esa doctrina -anticiparse agresivamente a las amenazas, mantener una libertad total de actuación e imponer zonas tampón- es hoy ampliamente compartida por la corriente política mayoritaria judía.

Al mismo tiempo, el 7 de octubre llevó al centro del debate la noción de "transferencia" -expulsión- de los palestinos. Esta idea se remonta a los primeros pensadores sionistas, pero fue rechazada por las corrientes mayoritarias, incluido el Likud, y quedó relegada. Hoy, los nacional-religiosos y los nacionalistas la defienden abiertamente. Una encuesta reciente mostró que el 82% de los israelíes judíos apoyaba la expulsión de los palestinos de Gaza y el 56 %, la expulsión de ciudadanos palestinos de Israel. Desde entonces, la idea de la "migración voluntaria" ha sido asumida por el Likud e incluso por algunos centristas, y también tuvo eco en el plan de Trump de 2025 para una "Riviera de Gaza".

¿Israel seguirá avanzando en la misma dirección política si Netanyahu pierde las elecciones?

La democracia liberal israelí está sometida a una tensión extrema. Si los sionistas liberales regresan al poder, su agenda tecnocrática podría bastar para recuperar, a corto plazo, las credenciales liberal-democráticas del país. Pero la derecha religiosa más dura -encarnada por Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir- está profundamente motivada ideológicamente y no va a rendirse. Han empezado a hacerse con instituciones clave, introduciendo a sus representantes en el aparato de seguridad, la judicatura, los medios de comunicación y la sociedad civil, con el objetivo de transmitir su ideología y aplicar sus políticas. Sus ideas extremistas han permeado la derecha mayoritaria, incluido el partido Likud de Netanyahu.

El resultado electoral podría ralentizar los cambios ideológicos que ya están muy avanzados, pero no los detendrá ni los revertirá. Un Gobierno liderado por Eisenkot u otros dirigentes de la oposición podría frenar el retroceso democrático, contener las ambiciones más radicales de la derecha religiosa y reparar las relaciones con los aliados occidentales. Incluso podría renunciar a algunos de los avances territoriales que Israel ha conseguido desde 2023. Pero no restauraría un Israel del pasado de una forma reconocible, porque en algunas de las cuestiones más trascendentales -el Estado palestino, los asentamientos y el uso de la fuerza militar- el centro de gravedad ideológico se ha desplazado de manera significativa hacia la derecha.

¿Cuáles son ahora las verdaderas líneas divisorias de la política israelí?

La política electoral israelí ha perdido su coherencia ideológica. Durante la última década, el país se ha reorganizado políticamente en torno a una única pregunta: estar a favor o en contra de Netanyahu. Esto ha trastocado las alianzas tradicionales, ha fragmentado a la derecha mayoritaria y ha vaciado de contenido a la oposición liberal hasta convertirla en un bloque definido principalmente por su rechazo a Netanyahu. El Likud, que en su día fue el pilar central de la derecha mayoritaria, se está volviendo indistinguible de la extrema derecha de los colonos. Sin embargo, Avigdor Liberman y Naftali Bennett, ambos nacionalistas de derechas, se alinean ahora con Yair Golan, de centroizquierda, y con el centrista Yair Lapid para frenar la reforma judicial de Netanyahu. Mientras tanto, las antiguas distinciones en política exterior y respecto a los palestinos se han difuminado hasta convertirse en distintos matices de nacionalismo.

El proyecto del ECFR The Ideas of Israel agrupa a los cuatro grandes campos políticos judíos -los sionistas liberales, los nacionalistas, los ultraortodoxos y los nacional-religiosos- en función de sus ideas sobre qué tipo de país debería ser Israel. Utilizamos el eje izquierda-derecha de acuerdo con la concepción israelí, según la cual viene determinado por la postura en materia de seguridad, especialmente respecto a los palestinos. Es decir, la "derecha" es sinónimo de posiciones duras sobre el uso de la fuerza, la expansión de los asentamientos y la oposición a un Estado palestino, mientras que la "izquierda" se asocia con el compromiso territorial, incluido un Estado palestino. Cabe destacar que, aparte del campo sionista liberal, que abarca desde la centroizquierda hasta la centroderecha, los otros tres campos son de derechas.

Describe una tensión creciente entre los vínculos tradicionales de Israel con Occidente y una visión más nacionalista que parece cada vez más dispuesta a aceptar el aislamiento internacional. ¿Hasta qué punto es importante ese cambio en la actualidad?

El giro iliberal del país está remodelando la visión que Israel tiene del mundo y su relación con Europa. Para los primeros pensadores sionistas, el continente era un modelo al que aspirar para el Estado judío y la fuente de la tradición liberal-democrática. Para la extrema derecha israelí, Europa es vista como una civilización en decadencia. Comparten la visión trumpista del continente como "woke" y débil -militar y moralmente-, universalista, sin Dios, poco patriótico, desbordado por una inmigración musulmana descontrolada y en contracción debido a las bajas tasas de natalidad. Estos sectores tienen poca afinidad ideológica con la Europa liberal. Aun así, la UE sigue siendo el principal socio comercial de Israel y continúa existiendo un amplio sector de israelíes que siente una fuerte afinidad cultural con Europa y valora poder viajar al continente sin visado.

¿Podría el resultado de estas elecciones cambiar de manera fundamental la relación de Israel con Europa?

Respecto a Europa, Eisenkot, Bennett, Lapid y Golan mantienen una afinidad ideológica con las democracias liberales europeas y adoptarían una posición más conciliadora. Un Gobierno liderado por Eisenkot intentaría reparar unas relaciones cada vez más deterioradas con los gobiernos europeos. Más años de un Gobierno de derechas y extrema derecha ejercerían una enorme presión sobre las relaciones entre Israel y los países liberales europeos. Netanyahu prometió a los israelíes un "nuevo Oriente Medio", pero Trump ha sido quien ha impuesto límites y altos el fuego. ¿Hasta qué punto depende ahora Israel de Washington para definir su estrategia regional?

La dependencia de Israel respecto a Washington no es nada nuevo, pero hoy la vulnerabilidad de Israel frente a los vaivenes de Washington nunca había quedado tan expuesta. Cuando la guerra conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán empezó a desviarse de su curso, Trump y J. D. Vance se volvieron contra Netanyahu, presentando a Israel como un país aislado y como un Estado vasallo. La respuesta de Netanyahu ha sido una visión de "super-Esparta", basada en la autosuficiencia militar y económica. Pero, en última instancia, esa visión no es viable, dado que Israel recibe 3.800 millones de dólares al año en ayuda militar estadounidense y depende en gran medida de las municiones estadounidenses, además de su cobertura diplomática. Lo más acertado es entenderlo como un intento del primer ministro de adelantarse al cambio de actitudes en Washington y reformular la relación de defensa entre Israel y Estados Unidos antes de las negociaciones sobre un nuevo memorando de entendimiento en materia de defensa para 2028.

* Beth Oppenheim es investigadora del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores

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