“El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”, frase atribuida al sabio Antonio Raymondi, ha sido repetida a lo largo de los años para representar la abundancia de recursos, pero escaso aprovechamiento. El italiano, de vivir en esta era de los semiconductores y la inteligencia artificial (IA), podría haber cambiado ese mineral precioso por el cobre y el significado no se alteraría.
En Hsinchu, al suroeste de Taiwán, el futuro entra en la milmillonésima parte de la mano. Con un traje de protección encima, El Comercio tuvo acceso al laboratorio de la Universidad Nacional Yang Ming Chiao Tung, donde estudiantes desarrollan semiconductores; materiales sin los cuales no existirían el celular o la computadora donde lees este texto. Y es aquí donde el cobre peruano sostiene un enorme potencial de crecimiento
¿Qué es un semiconductor?
Horas antes de pisar la sede donde se diseña el futuro, el escenario es distinto. El señor Terry Tsao, presidente de Semi Taiwán, entra a la sala de conferencias del Ministerio de Asuntos Exteriores - MOFA con sede en la capital, Taipéi. El nudo de su corbata, muy apretado, bien podría ser una metáfora de lo demandante de su trabajo: ser el puente entre la empresa privada y el estado en la industria de semiconductores.
El semiconductor permite el paso de electricidad, pero también lo frena. En ese ciclo de avance y quietud es donde se procesa la información. Es el mismo principio del transistor de los televisores antiguos, pero llevado a extremos. Mientras más pequeños y precisos los surcos, más complejas las operaciones. Tsao dice que la proyección de Semi Taiwán al 2030 era que la industria de los semiconductores mueva un billón de dólares en ventas acumuladas (1 trillion fue la cifra exacta en inglés). Era, porque la cifra fue superada en agosto del 2026.
Tecnología de punta
Desde este rincón del MOFA, somos el único medio del Perú invitado por el país asiático a conocer sus avances. El representante taiwanés cuenta que parte del trabajo está en realizar alianzas estratégicas con trasnacionales, como Toyota a través de Jasm en Japón, Intel, el conglomerado Tata de la India, Bosch en Europa por medio de Esmc; y que la IA es el motor de esta industria que ha transformado el país. No lo mencionó, pero el mundo ha desarrollado cierta dependencia en ellos; más del 90% de los chips avanzados de IA del mundo son de fabricación taiwanesa, según reporta la Administración de Comercio Internacional de EE.UU.
“No es secreto que la IA es dominante”, cuenta el funcionario. Por petición del MOFA, la presentación del presidente no se graba y solo se puede citar lo que captamos de su esforzado inglés.
Taiwán y Perú estarán separados por 17.000 kilómetros, pero la nación asiática nos mira. Allí está el hecho de que seamos el tercer exportador de cobre del mundo (solo superados por Chile y República Democrática del Congo, respectivamente). Una parte de los circuitos integrados utiliza cobre en sus conexiones eléctricas, aunque el metal debe pasar por procesos industriales que lo adapten a las exigencias de la fabricación de semiconductores. “La materia prima se ha vuelto un tema muy importante”, dice Tsao.
Al otro lado de la isla, en Hsinchu, recorremos el proceso completo para hacer el “semi”. Simplificando la explicación, los científicos pulen al extremo una placa de silicio, donde graban los circuitos con distintos materiales: con luz, con plasma, en máquinas diferentes, una y otra vez, con una capa sobre otra; el cabello humano sería grueso a comparación. En el proceso se usa el cobre para las conexiones eléctricas.
Este Diario consulta a Tsao si es posible desarrollar una industria de materiales refinados para semiconductores en lugar de solo exportar materia prima.
El funcionario reconoce que el Perú tiene muchos recursos. “Su país puede tener conversaciones sobre qué tipos de materiales pueden ser relevantes para la industria de semiconductores. Pueden conseguir su nicho”, sostiene y añade que Taiwán puede ayudar en la orientación. Un ejemplo que Tsao destaca es Malasia, país que se ha especializado en el ‘packaging’, el ensamblaje y el encapsulado de semiconductores.
En esa línea de pensamiento se ubica Shih-Chieh Chang; vicepresidente y director general de ITRI, ‘think tank’ de investigación y desarrollo. Rodeado de invenciones, desde drones hasta compuestos para reciclar asfalto, el ejecutivo responde a este Diario qué pasos puede tomar un país en sus etapas iniciales de desarrollo tecnológico.
“Creo que lo primero y más importante es identificar en qué tecnología quiere priorizar un país para invertir a largo plazo. Esa tecnología puede estar relacionada con recursos únicos, con fortalezas propias o con un gran potencial en el mercado global”, sostiene y pone como ejemplo a la taiwanesa TSMC, una de las más valoradas en todo el mundo en el campo de semiconductores (hasta el 15 de octubre, valorizada en alrededor de US$2 billones). Fundada en 1987, Chang asegura que jamás dejó de ser competitiva.
“Una vez que identificas la tecnología clave que quieres desarrollar, debes invertir de manera sostenida en tecnología, talento e infraestructura. También necesitas un compromiso de largo plazo con ese desarrollo. Cuando tu tecnología se hace más popular o exitosa, todavía debes preocuparte por cómo ampliar la brecha tecnológica, como construir ecosistema (alrededor de ella)”, añadió.
Haga lo que haga el Perú, la industria sigue en movimiento. Precisamente, ITRI trabaja en el desarrollo de la fotónica de silicio, que utiliza luz para transmitir y procesar datos, con la cual pueden reemplazar determinadas interconexiones tradicionales de cobre en la computación de alto rendimiento y los Data Centers de IA.
Por años “Made in Taiwan” fue sinónimo de productos baratos. Ahora, con la producción de los semiconductores, es la forja de aquello con lo que el futuro está hecho. “La IA todavía depende de la colaboración global”, dice Tsao, quien no se sale del guion frente a los periodistas. Tampoco es lo que necesite, al menos no mientras continúen en este camino.





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