Carlos Cuerpo, ministro de Economía, Empresa y Comercio, vicepresidente primero y desde este miércoles también ministro de Transportes del Gobierno de Pedro Sánchez, volvió a encabezar el pasado mes de octubre la encuesta de valoración popular de los ministro del Gobierno de España que regularmente realiza el CIS.
No es la primera vez que lo hace. Casi desde su nombramiento, Cuerpo ha figurado de manera habitual entre los más valorados y muchas ocasiones como el que tiene mejor imagen entre los ciudadanos.Le beneficia su tono, alejado de los exabruptos propios de muchos de sus compañeros de gabinete; su imagen de tecnócrata que domina los temas que trata; y, por qué no decirlo, algunos vídeos viralizados en redes en los que se maneja con aparente soltura en idiomas exóticos como el japonés y el chino.
En un contexto dominado por el ruido, el eslogan, el insulto y la desconsideración, Cuerpo se ha labrado una imagen de gestor profesional que no solo le ha granjeado una positiva valoración pública sino un ascenso fulgurante en un Gobierno acorralado por los escándalos y erosionado por su inclinación a convertir cualquier asunto en una refriega política.Los motivos argumentados por Sánchez para asignarle la cartera de Transportes en un momento tan crítico como el actual no dejan lugar a la duda.
«Lo avalan su capacidad de gestión, su integridad y su talante», ha dicho, probablemente los tres vectores que más se han cuestionado de la gestión de sus predecesores, José Luis Ábalos y Óscar Puente, por dejar fuera el breve paréntesis de Raquel Sánchez al frente del Ministerio.Carlos Cuerpo ha gestionado sin grandes resbalones la política económica del Gobierno.
Se ha esforzado por sacar brillo a las cifras macro, por no pasarse de frenada en el coste presupuestario de los paquetes de ayudas contra la inflación y por apagar los incendios generados por el Ministerio de Trabajo de Yolanda Díaz sin enzarzarse en refriegas públicas.
Incluso ha mantenido un tono más contenido que el de Nadia Calviño en las respuestas parlamentarias, lo que le valió críticas en sus primeros meses en el Gobierno que se han ido apaciguando a medida que se constataba el respaldo de la opinión pública a ese tono y ya en última instancia la confianza del presidente del Gobierno en su perfil.Por delante tiene una tarea complicada.
Le tocará explicar las medidas de mejora para el sector ferroviario puestas sobre la mesa, a modo de testamento político por su predecesor, pero sobre todo consolar a las víctimas y recomponer en la medida de lo posible la confianza absolutamente quebrada en el sistema ferroviario.
Su nombramiento parece alejar cualquier maniobra de última hora para limitar la liberalización ferroviaria, como se había especulado en los últimos días.El nuevo titular del ministerio tendrá a corto plazo el mismo objetivo que tuvo Puente cuando llegó a Transportes: frenar las huelgas convocadas en el sector ferroviario.
Se enfrentará a unas organizaciones sindicales muy caldeadas tras el accidente de Urda, quienes han convocado una jornada de huelga para todo el sector el próximo 17 de noviembre. También hay previstas otros dos días de paros de maquinistas, el primero de ellos el próximo martes 10 de noviembre, es decir, que el nuevo ministro asumirá unas negociaciones ya a contrarreloj.Y es que las medidas de seguridad anunciadas ayer por el ya exministro Puente no han servido para calmar los ánimos entre los trabajadores de Renfe y Adif.
Los maquinistas piden que se avance en los acuerdos adoptados que contemplan protocolos vinculantes ante alertas meteorológicas, así como una normativa que unifique las comunicaciones en situaciones de riesgo. El sindicato también reclama introducir la denominada "cultura justa" en las cabinas de conducción y establecer un canal directo entre los representantes de los trabajadores, la Agencia Estatal de la Seguridad Ferroviaria y la Inspección de Trabajo para supervisar la seguridad ferroviaria y las condiciones laborales.





💬 Debate de la Comunidad 0