Con 33 años que parecen unos cuantos más, Harry Kane ha demostrado que para ser el mejor no hay necesidad de dar el cante, abrir la boca y seguir modas absurdas. Es una estrella que bien podía oficiar misa a diario. En un mundo elitista donde el marketing y las redes sociales importan tanto como los controles orientados, el delantero nos recuerda que es factible ser brillante y ejemplar a la vez. Un mensaje subliminal que tipos como Olise deberían ir aprendiendo cuanto antes.
Con 720 partidos en la élite, repartidos entre varios clubes de primer nivel y su selección, Kane sólo ha visto 63 amarillas (8,75%) y nunca fue expulsado, como Raúl, Iniesta o unos de sus guías en el Bayern, el gran Lahm. Únicamente se perdió un encuentro por acumulación de tarjetas. Por eso, aficionados, rivales y colegiados aplauden su Balón de Oro a rabiar, independientemente de lo que diga tanto hooligan que sólo se emociona cuando ganan los suyos. Me da que su imagen, más evangélica que galáctica, es lo que no convenció a Madrid y Barça en su momento para hacerle una oferta a la altura. Haber invertido tanto por Mastantuono, Malcom, Vitor Roque y compañía, y no por él, es para reflexionar.
El inglés no tiene pinta de líder ni, mucho menos, de superventas. Y eso le ha hecho estar ahora mismo en la posición número 86 en el ranking de valor de mercado con el que los principales portales especializados clasifican el género. Y es que las apariencias muchas veces, sino siempre, engañan, confunden y distorsionan. Anelka caminaba con una pierna remangada, con un flow insuperable, y casi sale a gorrazos del Bernabéu. Un punterazo le salvó de un escrache. Y André Gomes parecía que iba a cautivar a todos en el Camp Nou con ese porte de galán y más de uno lo hubiera cambiado rápidamente por Sánchez Jara.
El fútbol tiene cantidad de contradicciones. Y si la imagen nunca nos explica nada, ni qué decir de las estadísticas. La mayoría de periodistas queremos dar sentido a todo a base de porcentajes y, en realidad, sabemos que no sirven más que para dar una versión, la nuestra (claro), que sesgue y adorne el relato. Hay paradojas de lo más sonadas: el Barça, por ejemplo, tuvo en 2012 un 89% de posesión (955 pases) ante el Celtic en Glasgow y perdió 2-1 ante un rival con únicamente el 11% de dominio (166 pases y cinco disparos a puerta). Sólo con recordar cosas así se aparecen los fantasmas de cuando Luis Enrique se estrelló con la Roja en Qatar haciendo un rondo. Hablando de la Selección, la de 2010 pasó a la historia como la del tiqui-taca y, aunque nunca pareció la Grecia en la Euro 2004 (campeona con menos disparos a puerta, menos posesión y más faltas cometidas), conquistó su primera estrella siendo la menos goleadora de la historia: sólo marcó ocho goles en siete partidos y firmó cuatro victorias por 1-0.
Y para demostrar que ejemplos hay en todos lados, uno del fútbol femenino: ahí queda en la memoria otro caso como el de Meikayla Moore en 2022 en las filas de Nueva Zelanda. Nos sobresaltó con un hat-trick perfecto (pie derecho, izquierdo y de cabeza) en 36 minutos ante EEUU, hasta que comprobamos, leyendo la letra pequeña del suceso, que hizo todos en propia puerta contra su voluntad. La vida y el balón, ya lo ven, son un trampantojo.
Los números, los títulos y la aparente lógica son lo que son. Que se lo digan a Fabián… Y en el Clásico vimos dos ejemplos en su máxima expresión. Mientras la realidad virtual y encendida sacudió a Pedri por repetir sus constantes pérdidas de balón que ya había aireado en París, los principales medios nacionales evaluaron su partido entre el notable y el sobresaliente, ponderando su asistencia en el gol culé por encima de los achaques. Una nueva pelea entre los fríos datos y las candentes emociones.
Y en ese partido se volvió a elevar a Bellingham, un jugador que, para muchos, roza la excelencia con su bello galope al mismo tiempo que, para otros, es tan tribunero como el Dibu. El todocampista, compitiendo en un Madrid donde el gol aparece casi por inercia, ha ido menguando sus estadísticas en cuanto a goles y asistencias a idéntica velocidad que va alimentando su fama de indiscutible: 23 goles y 13 pases en su primer curso (23-24); 15 y 15 al siguiente; 8 y 5 en la 25-26; y 3 y 4 por ahora. Vinicius y Mbappé nunca están a salvo en los debates pero Jude, incluso en las peores crisis, se mantiene firme sin importar que pierda más o menos balones. Fuentes de datos tan utilizadas como Transfermarkt, al igual que sucede conel CIS de Tezanos, aportan contexto, pero nunca serán la Biblia.
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