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Sebastián Boselli; un káiser ha nacido

AS Fútbol
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Hay partidos que pueden cambiar la trayectoria de un futbolista. Noventa minutos que valen mucho más que tres puntos y que transforman por completo la percepción que existe sobre un jugador. Sebastián Boselli vivió uno de esos días ante el Sevilla. El uruguayo, acostumbrado a esperar pacientemente su oportunidad desde un segundo plano, se adueñó del Coliseum con una exhibición defensiva que difícilmente olvidarán los aficionados del Getafe.

El conjunto azulón necesitaba ganar y lo hizo. Los de José Bordalás remontaron el 0-1 inicial para terminar imponiéndose por 3-1 gracias a los goles de Martín Satriano, Enes Ünal y Mangala. Una victoria fundamental que permitió al Getafe abandonar los puestos de descenso y asentarse en la zona media de la clasificación. Sin embargo, aunque los delanteros fueron quienes firmaron los goles, el gran protagonista de la tarde estuvo varios metros por detrás. Sebastián Boselli fue el dueño y señor de la defensa del Getafe.

De última opción a líder de la defensa

La exhibición del uruguayo adquiere todavía más valor cuando se observa su situación desde que aterrizó en el Coliseum en enero de 2026. Desde entonces, Boselli ha disputado 21 partidos, pero únicamente siete de ellos como titular. Un protagonismo limitado para un futbolista que, sobre el papel, partía como la última alternativa para el eje de la zaga.

La jerarquía parecía clara. Djené y Zaid Romero se habían consolidado como los centrales titulares indiscutibles, mientras que Abqar y Sazonov también aparecían por delante del uruguayo en la rotación. Boselli quedaba relegado al último escalón, obligado a aprovechar las escasas oportunidades que se le presentaran.

Pero el fútbol tiene estas cosas. Las jerarquías pueden construirse durante meses y tambalearse en apenas noventa minutos.

Porque ninguno de los otros centrales de la plantilla había firmado en Getafe una actuación individual del nivel que ofreció Boselli ante el Sevilla. El uruguayo no se limitó a cumplir: se convirtió en el principal sostén defensivo de su equipo, transmitiendo una seguridad y una contundencia impropias de alguien que apenas había disfrutado de continuidad.

Una exhibición de auténtico káiser

Las estadísticas reflejan a la perfección lo que sucedió sobre el césped. Boselli completó cuatro de las cinco entradas que intentó, realizó cuatro intercepciones, cinco despejes y ocho recuperaciones de balón. Unos registros extraordinarios que explican su influencia en el encuentro.

Pero donde realmente marcó diferencias fue en los enfrentamientos individuales. Ganó ocho de los diez duelos terrestres que disputó y siete de los ocho duelos aéreos. En total, se impuso en 15 de sus 18 enfrentamientos directos, con una efectividad superior al 83 %.

No importaba si el Sevilla intentaba progresar por abajo, buscar la espalda de la defensa o recurrir al juego aéreo. Boselli siempre estaba ahí. Cuando había que anticiparse, se anticipaba. Cuando tocaba despejar, despejaba. Y cuando el rival buscaba el contacto físico, el uruguayo respondía con una contundencia que terminó desesperando al ataque visitante.

Lo más llamativo fue la regularidad de su rendimiento. No se trató de dos o tres acciones espectaculares, sino de una actuación completa, sostenida durante todo el encuentro. En un equipo como el Getafe de Bordalás, donde la concentración defensiva y la agresividad en los duelos son fundamentales, Boselli ofreció una auténtica clase magistral.

Fue el MVP del partido sin necesidad de marcar un gol ni repartir una asistencia. Su influencia estuvo en todo aquello que evitó que sucediera cerca de la portería azulona.

El Coliseum se rindió a sus pies

Si los números explican lo ocurrido sobre el terreno de juego, la reacción del Coliseum permite entender la magnitud de su actuación.

Boselli comenzó el encuentro como un futbolista que todavía tenía mucho que demostrar ante su propia afición y terminó convertido en el gran ídolo de la tarde. Con el paso de los minutos, cada intervención defensiva encontraba una respuesta mayor desde la grada. Los aplausos comenzaron a multiplicarse hasta que llegó el reconocimiento definitivo.

El uruguayo abandonó el terreno de juego entre una enorme ovación, con su nombre coreado por los aficionados y el aplauso de sus propios compañeros. Una despedida reservada para los grandes protagonistas, para esos futbolistas que consiguen que su esfuerzo trascienda mucho más allá de las estadísticas.

El Coliseum había encontrado a su héroe inesperado. No era el autor de ninguno de los tres goles ni uno de los jugadores habituales en las alineaciones. Era el defensa que había comenzado desde el fondo de la rotación y que, hasta entonces, había permanecido a la sombra de sus compañeros de posición.

Un problema bendito para Bordalás

La gran pregunta aparece ahora. ¿Qué lugar debe ocupar Sebastián Boselli en la defensa del Getafe después de semejante exhibición?

Hasta el encuentro ante el Sevilla, el reparto de papeles parecía definido. Djené y Zaid Romero eran los hombres de confianza de Bordalás, mientras que Abqar y Sazonov completaban las alternativas por delante del uruguayo. Sin embargo, después de lo ocurrido en el Coliseum, esa jerarquía merece, como mínimo, una revisión.

Es evidente que un solo partido no puede borrar meses de trabajo ni garantizar automáticamente una titularidad. Pero tampoco sería razonable ignorar una actuación de semejante magnitud. Boselli ha hecho exactamente lo que se le pide a cualquier futbolista sin continuidad: estar preparado cuando llega su oportunidad y aprovecharla hasta complicarle las decisiones al entrenador.

Su agresividad, su dominio del juego aéreo y su concentración defensiva encajan perfectamente con las exigencias de Bordalás. El técnico alicantino ha encontrado una alternativa capaz de ofrecer mucho más que minutos de rotación.

El Getafe consiguió tres goles, tres puntos y una victoria fundamental para alejarse del descenso. Pero también descubrió que en el fondo de su rotación defensiva había un futbolista capaz de convertirse en líder.

Queda por ver si aquella tarde será el inicio de una nueva etapa para Boselli o si tendrá que seguir peleando por oportunidades. Lo que nadie podrá quitarle es lo que ocurrió ante el Sevilla. Sebastián Boselli entró al campo como la última alternativa de la defensa y salió convertido en el káiser del Coliseum.

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