Javier Aguirre trajo esperanza al Valencia y recuperó el orgullo de un equipo alicaído que volvía a transitar por la zona oscura de la clasificación. Pero el Valencia necesita más para sacar la cabeza del fondo de la tabla y solo da pequeños pasos hacia la salvación que se antojan insuficientes. El Villarreal, mental y físicamente mermado tras su duro duelo con el Liverpool, se rehizo con el marcador en contra y acabó llevándose el triunfo (1-2) gracias a un tanto de Mikautadze en el minuto 96.
VALValencia
1
Stole Dimitrievski, José Gayà, Pablo Maffeo (Filip Ugrinic, min. 76), Justin de Haas (Hugo Duro, min. 76), César Tárrega, Guido Rodríguez, Pepelu, Luis Rioja, David Otorbi (Dani Raba, min. 13), Arnaut Danjuma y Javi Guerra (Harvey Elliott, min. 69)
VLLVillarreal
2
Péter Gulácsi, Renato Veiga, Juan Foyth (Sergi Cardona, min. 64), Santiago Mouriño, Alex Freeman, Carlos Maciá, Pape Gueye, Tajon Buchanan (Pau Navarro, min. 86), Ilias Akhomach (Alberto Moleiro, min. 64), Gerard Moreno (Santi Comesaña, min. 81) y Ayoze Pérez (Georges Mikautadze, min. 65)
Goles 1-0 min. 37: Pepelu. 1-1 min. 68: A. Freeman. 1-2 min. 95: Georges Mikautadze
Arbitro Alejandro Quintero González
Tarjetas amarillas Raba (min. 33), Renato Veiga (min. 36), Ayoze Pérez (min. 42), Tajon Buchanan (min. 58), Maffeo (min. 59), Guido Rodríguez (min. 61), Harvey Elliot (min. 88)
Tarjetas rojas Pape Alassane Gueye (min. 78), Harvey Elliot (min. 88)
El Valencia reincidió en sus errores, que perduran esté quien esté en el banquillo, y volvió a demostrar que tiene serios problemas para retener el balón y sacarlo bien jugado. El equipo blanquinegro daba tres o cuatro peses y se veía obligado a pegar un pelotazo en largo que no le llevaba a ninguna parte. Al menos tenía la amenaza de Otorbi, al fin alojado entre los once elegidos y al que se le veía desesperado por arrancar a correr. Pero once minutos duró el entusiasmo del extremo canterano, que sufrió una lesión muscular en una de esas carreras que inflan Mestalla y que hicieron que la afición reclamara su titularidad.
Sin el extremo el Valencia parecía perder un colmillo porque Dani Raba no tiene el don de la regularidad. El equipo de Aguirre echa en falta en sus filas jugadores directos y con llegada. Danjuma, en el puesto que últimamente había ocupado Hugo Duro, no olía el balón. Y Gayá generaba más con un pase largo desde su costado que todo el eje del Valencia, incapaz de trenzar una jugada.
El Villarreal tenía el dominio y solo le faltaba algo más de energía, mientras intentaba reponerse de la lucha sin cuartel del martes en Anfield, para someter a su rival. Pudo hacerlo cuando Buchanan se fue directo hacia la portería en un contragolpe del Villarreal, pero su disparo lo desvió Dimitrievski. Le faltaba inspiración en los últimos palmos de césped para tumbar a un contrincante desorientado y cada vez más ansioso porque sus errores irritaban al público, que se impacienta al ver que el Valencia de Aguirre tampoco es nada del otro mundo.
Al final del primer tiempo, Dani Raba ofreció una de esas genialidades que raciona el escurridizo jugador cántabro. Al segundo quiebro cayó derribado dentro del área y el árbitro, tras hacer la consulta con el VAR, señaló un penalti que era una bendición para este Valencia perdido. Pepelu no lo desaprovechó y los jugadores del Submarino se quedaron cabizbajos, incapaces de entender por qué su buen fútbol no se traduce en resultados favorables en uno de sus peores arranques de Liga de los últimos diez años.
El Villarreal no supo desentrañar el acertijo que se encontró en un partido inesperadamente cuesta arriba. El grupo de Iñigo Pérez no mordía y eso hizo que el Valencia, con más actitud que fútbol, se lanzara, impulsado por un laborioso Luis Rioja, a por un segundo tanto con un par de remates peligrosos de Gayá y Danjuma.
Iñigo Pérez detectó que necesitaba algo más de pimienta en el ataque e introdujo a algunos de sus pesos pesados, como Moleiro o Mikautadze. Un movimiento providencial para el Villarreal que encontró el empate después de mucho insistir rondando el área de su oponente. El Submarino Amarillo es otro con Alberto Moleiro, un jugador desequilibrante que eleva el potencial de su equipo en cuanto se pone a jugar con la pelota.
Javier Aguirre abrió su armario de inmediato a ver qué encontraba para parchear las vías de agua que se abrían en una defensa hasta entonces bastante contundente. El Valencia necesitaba más recursos para no ahogarse ante el empuje del Villarreal. Las piernas frescas fueron suficientes para revitalizar al Valencia, espoleado por sus feligreses, esta vez más de 46.000, que no decaen ni en el peor de los escenarios. Así que el Valencia volvió a lo suyo, a esos ataques a arreones, sin demasiada elaboración, generados más bien por las ganas y el empeño. Hasta que Georges Mikautadze cogió el balón cuando todos miraban ya el reloj y cumplió con el cometido que le encomendó su entrenador cuando lo incluyó en la segunda parte. Un brote de talento del delantero georgiano fue suficiente para hundir un poco más a este Valencia que sigue en caída, que no ofrece síntomas de recuperación y que llega a noviembre sin ganar en su campo.
Clasificación




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