La cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí, es uno de los yacimientos neandertales más famosos del mundo. Los hallazgos, que comenzaron en los años 50 de la mano del arqueólogo estadounidense Ralph Solecki, han permitido documentar distintos comportamientos de esta especie humana extinta, desde la muerte violenta de Shanidar 3 con un arma arrojadiza hace unos 40.000 años a la compasión y los cuidados que permitieron sobrevivir a Shanidar 1 , un individuo con el brazo paralizado, artritis, sordera y ceguera parcial.
Estos y otros descubrimientos, como unos controvertidos enterramientos funerarios con flores, ayudaron a erradicar la visión de los neandertales como simples bestias y reforzaron su humanidad, con sus luces y sombras. Ahora, un equipo con participación española dirigido por la Universidad de Cambridge acaba de sacar a la luz otra historia de violencia y compasión encarnadas en un mismo neandertal desenterrado en 2020 en la cueva iraquí.
Un orificio redondo en el omóplato de Shanidar A, un individuo de sexo indeterminado de hace unos 75.000 años, sugiere que murió tras ser alcanzado por una lanza de madera afilada cuando tenía unos 45 años. La muerte, prácticamente en el acto, pudo ser fruto de un accidente de caza, pero también un asesinato: un ataque mortal dirigido directamente al corazón.
Si fue un crimen, se desconoce quién lo cometió. Lo que parece claro es que se trata del primer muerto alanceado de la humanidad, al menos hasta donde se tiene constancia. La parte amable de la historia la demuestra, aunque parezca contradictorio, un diente roto de un golpetazo.
Por esta causa, Shanidar A pasó al menos un año antes de morir con muchos dolores, que le dificultarían comer y hablar. Para salir adelante también debió de requerir de la ayuda del grupo. Pero empecemos con el posible crimen, que este jueves cuenta la revista ' Scientific Reports' .
La escápula del neandertal —un hueso ancho y plano, tan delgado en algunas zonas que se vuelve casi translúcido cuando se sostiene frente a la luz— se conservó prácticamente intacta, algo extraordinario, bajo siete metros y medio de roca y sedimentos. Sin embargo, a los arqueólogos les llamó la atención una perforación circular de 15 milímetros de diámetro.
Al estudiarla, llegaron a a la conclusión de que debió de ser provocada por una lanza de madera afilada. Una punta de sílex o de piedra habría dejado un orificio plano o angular.Trayectoria descendenteLa lanza penetró en la cavidad torácica izquierda por la parte frontal y atravesó el cuerpo —incluidos el pulmón y, probablemente, grandes arterias— antes de perforar la escápula izquierda, provocando una muerte rápida.
La posición de fragmentos de hueso desplazados por el arma sugiere que la lanza penetró desde arriba siguiendo una trayectoria descendente. «La ausencia de signos de regeneración ósea indica que la muerte fue en el mismo momento o poco después», afirma a ABC Nohemí Sala, investigadora del CENIEH, coautora del estudio y directora de Deathrevol, un proyecto de investigación científica europeo a gran escala que busca descubrir el origen de la cultura de la muerte y el comportamiento funerario en la evolución humana.Los investigadores todavía no pueden determinar con certeza si el arma fue lanzada a distancia o utilizada para atacar mediante una estocada.
«Estamos realizando experimentos para evaluar si una estocada a corta distancia podría producir una lesión de estas características o si, por el contrario, sería necesario que el arma actuase como un proyectil para generar una fractura penetrante tan limpia», señala Sala.
No queda resto de la lanza, que, al ser de madera, probablemente se descompuso, pero los investigadores creen que pudo ser parecida a algunas encontradas a finales de la década de 1990 en Schöningen, Alemania, datadas en torno a 200.000 años atrás, cuando los primeros neandertales recorrían Europa.
Estas lanzas, algunas de más de dos metros de longitud, se fabricaron con madera cuidadosamente seleccionada para optimizar la distribución del peso y facilitar su lanzamiento, de forma similar a las jabalinas modernas. Probablemente se utilizaban para cazar grandes animales.
La más antigua, de más de 400.000 años, fue recuperada en 1911 en la costa británica de Clacton-on-Sea. Solo se conservó su extremo puntiagudo. La vara penetró en la cavidad torácica izquierda y atravesó el pulmón antes de perforar la escápula, provocando una muerte rápidaPara Emma Pomeroy, investigadora del Departamento de Arqueología de Cambridge y autora principal del estudio, la herida de Shanidar A podría constituir la primera prueba del uso de lanzas de madera afiladas en el Oriente Próximo prehistórico, una capacidad que podría haberse extendido por todo el territorio habitado por los neandertales, desde Gales hasta Siberia.La investigadora admite que la muerte podría haber sido consecuencia de un accidente de caza.
«Es posible que animales como los mamuts se cazaran a corta distancia con lanzas de empuje, por lo que resulta fácil imaginar que se produjeran lesiones mortales», señala. Sin embargo, existen indicios de violencia deliberada. «La ubicación de la herida y la fuerza necesaria para atravesar por completo el cuerpo del neandertal presentan las características de un golpe mortal intencionado dirigido al corazón», subraya.
Aunque no descartan un accidente de caza, los investigadores creen que el golpe mortal fue intencionado y dirigido al corazónNo hay forma de conocer el contexto en el que se produjo la violencia ni de determinar si pudieron intervenir humanos modernos, como se sospecha que ocurrió en el caso de Shanidar 3, aunque los arqueólogos consideran que la interpretación más sencilla es que se trató de un episodio de violencia interpersonal entre neandertales.
Es algo extraordinario, porque las pruebas de violencia son extremadamente escasas en la prehistoria más remota. La inmensa mayoría procede de épocas en las que ya existían comunidades agrícolas sedentarias, miles de años después de las sociedades de cazadores-recolectores de los neandertales.El diente roto de Shanidar A.
E.P.Señales de cuidadoLa escápula fue excavada junto con una mano derecha casi completa, dos costillas izquierdas y un fragmento de una costilla derecha, además de siete dientes. Estos son los únicos restos conservados de Shanidar A. Pero si la escápula nos habla de su muerte, uno de los dientes nos habla de su vida.
El incisivo inferior, partido por la mitad, presentaba una importante acumulación de sarro a lo largo del conducto radicular expuesto. Esto sugiere que permaneció en la boca durante algún tiempo después de lo que debió de ser un traumatismo grave causado por un golpe contundente en la parte frontal del rostro.Comportamiento funerario Shanidar A es uno de los tres neandertales adicionales encontrados por el equipo dirigido por Cambridge en el conjunto funerario desde 2015.
Con este hallazgo, el total asciende a cinco individuos —cuatro adultos y un bebé— en una zona de la cueva de tan solo 1,5 metros de largo, un metro de ancho y un metro de profundidad. El lugar se encuentra justo detrás de un gran bloque de piedra vertical, un «marcador prominente», y los restos están separados por finas capas de sedimentos.
Shanidar A es el individuo situado a mayor profundidad de los encontrados hasta ahora en el conjunto y posiblemente fue el primero en ser depositado en ese espacio. Su cuerpo estaba colocado boca arriba, con la cabeza orientada hacia el este, al igual que el cuerpo situado directamente encima.
«La mejor explicación es que existía un comportamiento funerario intencionado y simbólico», afirma Pomeroy. «Estos neandertales regresaban al mismo lugar para depositar allí a sus muertos. Algunos fueron colocados antes de que el cuerpo anterior se hubiera descompuesto por completo, por lo que esto ocurría con intervalos de años o décadas».Según Pomeroy, «no cabe duda de que Shanidar A habría tenido dificultades para comunicarse y habría sufrido un dolor insoportable durante un largo periodo».
Sobrevivir a un golpe «que parte un diente de esta manera y continuar viviendo y comiendo durante al menos un año, y quizá más, habría requerido cuidados y apoyo por parte de otros neandertales», afirma.Shanidar A sufrió un golpe anterior en la cara que pudo haberle causado un dolor insoportable.
Requeriría de los cuidados del grupo para sobrevivirShanidar A podría haber recibido alimentos blandos después de la lesión inicial. Investigaciones anteriores sobre los sedimentos de la cueva muestran que, por aquella misma época, los alimentos vegetales se remojaban antes de cocinarlos.Para Sala, las evidencias de Shanidar «nos hablan tanto de posibles conductas de cooperación y cuidado como de episodios de conflicto, comportamientos que forman parte del repertorio humano».
Además, la cueva «ofrece evidencias extraordinarias sobre el tratamiento de los muertos. Todo ello convierte a esta cueva en un lugar excepcional para estudiar a los neandertales más allá de su anatomía y su biología. En cierto modo, Shanidar nos abre una ventana a sus mentes».





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