LO ÚLTIMO
Internacional Francia decreta los primeros toques de queda lunes y martes en varias ciudades tras disturbios Internacional El derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate por el que una jueza en EE.UU. ordenó el arresto de Raúl Castro 30 años después Tecnología iPhone Duo desde 76,50 euros al mes: Movistar ofrece una forma más cómoda de hacerse con la versión de 2 TB del plegable de Apple Finanzas Truist analiza el sector hotelero y ajusta estimaciones Viajes Guanajuato y Jalisco, dos destinos para descubrir México entre el Día de Muertos y grandes festivales Tecnología Apple TV renueva por una segunda temporada su serie sobre chantaje, asesinatos, relaciones tóxicas y fútbol Deportes ‘Los Williams’, una historia de familia, raíces y fútbol Finanzas Ganadores del Premio Nobel de Economía: Hall, Woodford y su mirada microeconómica, ¿cuál es la importancia de su investigación? Tecnología La nueva frontera de la IA es intentar predecir a los humanos Finanzas Grupo Maquinarias espera cerrar el año con 5.300 unidades vendidas: Nissan, venta de seminuevos y su estrategia
← Volver a Ciencia

Los neandertales no solo fueron canteros, también carpinteros

ABC Ciencia Ver en ABC Ciencia ↗
🕒

Cerca de 600 restos de madera hallados en 16 niveles distintos del yacimiento del Abric Romaní, en Barcelona, revelan una tecnología mucho más diversa de lo que deja entrever el registro de piedra, con lanzas , posibles bandejas, estructuras y una misteriosa pieza con forma de mazaNo solo fueron canteros.

También carpinteros. Durante décadas, a la hora de reconstruir la tecnología de los neandertales, la piedra se ha llevado siempre todo el protagonismo. La madera, en cambio, desaparecía casi siempre sin dejar más rastro que un puñado de excepciones aisladas y poco concluyentes.

Pero ahora, el yacimiento del Abric Romaní, en Capellades (Barcelona), nos ha permitido mirar directamente a ese mundo perdido.Un nuevo estudio recién publicado en ' Science Advances ' y liderado por Palmira Saladié, del IPHES-CERCA, junto a investigadores asociados al MNCN-CSIC, analiza al detalle 597 restos de madera recuperados en 16 niveles arqueológicos y fechados entre hace 62.000 y 40.000 años.

El conjunto documenta lanzas, posibles recipientes, elementos estructurales y una pieza excepcional que parece una maza.La importancia de estos hallazgos va mucho más allá de añadir algunos objetos al ya abundante inventario neandertal. Y sugiere que trabajar la madera no era una actividad secundaria o esporádica, sino una parte habitual de su tecnología, paralela a la elaboración de herramientas de piedra.

Es decir, que hasta ahora habíamos contemplado solo una mitad de la realidad de esa especie desaparecida.El material que casi siempre desapareceLa madera es frágil y perecedera, y a diferencia del cuarzo, los huesos o el sílex, acaba pudriéndose y desaparece sin dejar rastro.

Por esta razón, la arqueología prehistórica ha sido durante demasiado tiempo un mundo dominado casi en exclusiva por la piedra. Pero en el Abric Romaní ocurrió algo extraordinario.Las aguas del entorno, ricas en carbonato cálcico, fueron recubriendo la madera cortada y abandonada por los clanes neandertales.

De forma que, a medida que ésta se descomponía con el paso de los milenios, el mineral cristalizaba a su alrededor, formando un molde exacto de toba carbonatada. Es como encontrar, no el objeto, sino la marca perfecta que dejó sobre una capa de cemento fresco.

Para la arqueología, casi un milagro de conservación.El proceso de fosilización ha preservado las huellas de madera con un nivel de detalle tan exquisito que se puede observar la estructura celular de la planta originalEste lento proceso natural ha preservado las huellas de aquellos objetos con un nivel de detalle tan exquisito que, en ciertos casos, los investigadores llegaron a observar bajo el microscopio la mismísima estructura celular de la planta original.«El aspecto más extraordinario del Abric Romaní -explica Palmira Saladié- es que podemos ver cosas que habitualmente desaparecen.

Tenemos los hogares, las herramientas de piedra, los animales que procesaron y, ahora, también la madera. Cuando ponemos todo junto, podemos entender no solo qué hacían los neandertales, sino también cómo organizaban el espacio en el que vivían, cómo gestionaban el fuego y los recursos y desarrollaban sus actividades cotidianas».El yacimiento, de hecho, proporciona a los investigadores una secuencia continua, miles de años de ocupaciones sucesivas en el mismo lugar, con hogares, fauna, herramientas de piedra y madera apareciendo juntos.Trabajos de dibujo y registro durante la excavación de un objeto de madera en el yacimiento de Abric Romaní.

IPHES-CERCALanzas de combate de dos metros y medioLos arqueólogos llevan más de cuatro décadas excavando este enclave milímetro a milímetro, en un titánico esfuerzo que fue impulsado en 1983 por el profesor Eudald Carbonell. Y ahora, entre los 597 restos de madera rescatados, el equipo ha logrado identificar 13 herramientas manufacturadas que no dejan lugar a dudas.Las protagonistas de este arsenal son dos larguísimas lanzas de madera.

Una de ellas, recuperada en el nivel R, alcanza los 2,45 metros de longitud y posee una morfología robusta, ideal para ser empuñada a corta distancia. Era, sin duda, un arma diseñada para enfrentarse cara a cara a la peligrosa megafauna del Pleistoceno. La segunda, de la que se conservan casi dos metros, también muestra un extremo apuntado y evidencias irrefutables de haber sido tallada con suma pericia.Una de las lanzas desenterradas alcanza los 2,45 metros de longitud, un arma formidable concebida para enfrentarse cara a cara a las grandes bestias de la Edad de HieloSabemos, gracias a descubrimientos excepcionales anteriores como las famosas lanzas de Schöningen y Lehringen en Alemania (fechadas en 200.000 y 125.000 años de antigüedad, respectivamente), o los bastones cavadores de Poggetti Vecchi en Italia, que el trabajo de la madera es una tecnología sumamente antigua.

La diferencia estriba en que el Abric Romaní ofrece una secuencia ininterrumpida que nos demuestra que la talla vegetal no fue algo ocasional, sino una práctica sistemática y vital para su supervivencia a lo largo de miles de años.«Aunque relativamente pequeña -escriben los autores-, esta colección de artefactos destaca por la variada morfología y funcionalidad de los objetos que la componen, demostrando una notable versatilidad tecnológica y la explotación diversificada de la madera como materia prima».Una bandeja, un trípode y una maza misteriosaPero las armas son solo una parte de la historia.

Cuatro fragmentos de corteza carbonizada y aplanada podrían corresponder, en efecto, a recipientes o bandejas. Algunos fueron fabricados con corteza de enebro, posiblemente elegida por sus propiedades fibrosas y flexibles, aunque esa interpretación no puede demostrarse con seguridad.También se ha encontrado una acumulación de palos cruzados sobre una estructura de combustión que pudo formar parte de una plataforma elevada para preparar alimentos.

Y hay una pieza rectilínea de 5,10 metros, sin ramas y aparentemente modificada, que quizá formó parte de una estructura ligera o se utilizó para hacer fuegoy mantener a raya las heladas glaciares.Los neandertales no solo tallaban madera para cazar, sino que aprovechaban la flexibilidad de la corteza de enebro para fabricar recipientes y bandejas de uso cotidianoSin embargo, la pieza más intrigante procede del nivel P.

Está fabricada en una sola pieza, tiene un mango bien diferenciado de unos 16 centímetros y un extremo ensanchado y apuntado. Su superficie conserva estrías longitudinales producidas durante el raspado, prueba de que fue modelada de forma intencionada.Parece una maza.

Pero los científicos no pueden decir todavía para qué servía. También podría haber sido un instrumento de percusión, estar relacionada con la caza o tener algún otro uso. Los paralelos etnográficos permiten incluso plantear funciones sociales o simbólicas, pero no hay evidencia suficiente para escoger una de esas posibilidades.Como apunta Josep Vallverdú, investigador del equipo, «la madera nos permite recuperar una parte fundamental del mundo neandertal que habitualmente es invisible en el registro arqueológico.

Y lo que vemos en el Abric Romaní es que ese material formaba parte de muchas actividades de su día a día y que, por tanto, la tecnología neandertal iba mucho más allá de la piedra».Tal vez la lección más importante del Abric Romaní sea precisamente esa. Cuando desaparece un material, desaparece también una parte de una civilización.

Y durante mucho tiempo hemos confundido lo que sobrevivió con todo lo que existió. La piedra estaba ahí. La madera también. Solo que hasta ahora no podíamos verla.

Leer la noticia completa en ABC Ciencia ↗

💬 Debate de la Comunidad 0

Sé el primero en iniciar el debate sobre esta noticia.