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Un día en el archipiélago panameño de San Blas

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Conformado por más de 200 islas, es un destino magnífico para conocer la cultura de la comarca Guna Yala y nadar en un mar con agua cristalina.

17.10.2026 22:01 Actualizado: 17.10.2026 22:01

La comarca indígena de Guna Yala en el Caribe panameño resguarda San Blas, un archipiélago de más de 200 islas, todas paradisíacas. La cultura Guna, que habita alrededor de 49 de estas islas, maneja la entrada y salida de la zona. El ticket de ingreso llega a los 22 dólares y hay un control de seguridad, supervisado por el Servicio Nacional de Migración de Panamá, que solicita a cada visitante su pasaporte para verificar su entrada legal al país, pues esta zona fronteriza con Costa Rica suele ser el paso de muchos migrantes.

Los guna yalas son autónomos. Tienen su propio congreso, líderes llamados sailas y reglas culturales. Además, autogestionan su territorio, aunque reconocen la soberanía panameña. Debido a esta situación, es indispensable para el visitante contar con un tour organizado que ya trabaje con la comunidad indígena. También es importante que tenga en cuenta que el acceso a la comarca en carro particular está limitado; por ese motivo, no es recomendable que quien no conozca este sinuoso camino —de aproximadamente una hora— se aventure a recorrerlo. Usualmente, son camionetas 4 × 4 las que realizan este recorrido desde Ciudad de Panamá; en total, son tres horas de trayecto.

Al que decide realizar el viaje en un día, le espera una aventura retadora. El día que suele organizar el tour comienza a las 5 de la mañana, y el estacionamiento del puerto Niga Kantule, la primera parada, se llena de camionetas alrededor de las 8 a. m. De ellas descienden los viajeros, a quienes los guías gunas van organizando en grupos. Las instrucciones son sencillas: visitaremos tres islas (isla Diablo, Perro Chico y Chichime) y una piscina natural en la que es posible encontrar estrellas de mar. El recorrido toma 30 minutos en lancha, y el primer tramo se hace en contra de la marea. 

“Vamos a saltar mucho”, advierte Eric, uno de los guías, mientras reparte chalecos salvavidas. Cada visitante decide qué hacer una vez que pisa isla Diablo: puede nadar en el agua totalmente cristalina, reposar en la arena, comprar bebidas o comida en el pequeño restaurante de la isla o, también, conseguir algún recuerdo guna. Para esto debe llevar efectivo.

El almuerzo de ese día se sirve en isla Chichime, en una de las cabañas de madera que se alzan en el territorio, a tan solo unos minutos en lancha de isla Diablo. La cultura Guna rodea a los visitantes con su estilo de vida, sus tradiciones y sus impresionantes playas con agua cristalina. El único atisbo de tecnología en la zona son los celulares que cada visitante porta.

Si busca quedarse a dormir en el archipiélago, puede hacerlo. Debe tomar en cuenta, eso sí, que se tratará de una estadía rústica, pues los gunas no tienen luz en las noches y algunas de las cabañas que funcionan como hoteles no tienen pisos de madera.

El recorrido del tour continúa después del almuerzo. Tras un breve trayecto en lancha, se llega a la llamada piscina natural: un bloque de arena cubierta levemente por el océano y que permite caminar sin problemas, pues el agua allí llega a los tobillos. En el medio del pequeño territorio se alza una casa guna, y frente a ella, un cartel en el que se lee: ‘No tocar las estrellas de mar’. Basta con mirar hacia abajo para encontrarlas; de fondo amarillo y manchas rojas, estas criaturas parecen hechas de goma. El agua, totalmente cristalina, permite verlas con claridad.

Los visitantes tienen allí un tiempo destinado a tomar fotos y videos antes de embarcarse nuevamente para llegar al último destino: la isla Perro Chico. El tiempo en este lugar pasa volando, y hacia las 3 de la tarde, el guía agrupa al grupo de visitantes para volver a la lancha; es momento de iniciar el viaje de retorno. El arribo a la ciudad es alrededor de las 8 de la noche, previa parada en una gasolinera para comprar agua y comida.

En este punto de la aventura, los viajeros de cada vehículo ya han compartido charlas en las cuales han hablado de sus propias historias, días y motivos de viaje, así como de las profesiones que ejercen cuando no están de viaje. Ya han hablado, además, de lo bueno y lo malo de cada uno de sus países, y de lo sorprendente que es San Blas. Al llegar a casa, una comida y un buen baño son la manera perfecta para terminar el día.

San Blas es un destino único con playas paradisíacas y un toque de aventura. Si busca desconectarse y disfrutar de islas en medio del Caribe, querido lector, esta es una parada para agregar a su lista.

MARÍA ROSA VILLALOBOS - El Comercio (Perú) - GDA

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