El sobrepeso ya se relacionaba con un posible envejecimiento prematuro del cerebro, pero nuevas investigaciones apuntan a que sus efectos podrían ser todavía mayores de lo que se pensaba. Un estudio realizado con más de 8.200 adultos ha encontrado una asociación entre el exceso de peso y una aceleración del envejecimiento cerebral, un proceso que puede afectar progresivamente a la memoria, la capacidad de concentración y la toma de decisiones.
Esta relación resultó especialmente significativa entre los mayores de 65 años, lo que ha despertado el interés de los investigadores por las consecuencias que puede tener la obesidad sobre la salud cognitiva a largo plazo. Según los resultados, las personas con un índice de masa corporal (IMC) más elevado presentaban mayores dificultades para realizar tareas habituales, como organizarse, planificar actividades o gestionar sus emociones.
Suhang Song, autor principal del estudio: “Es fundamental identificar y abordar cualquier factor de riesgo”
Los investigadores también apuntan a que mantener el peso bajo control podría ayudar a ralentizar el deterioro de las capacidades cognitivas. Así lo explicó Suhang Song, autor principal del estudio y profesor asistente en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Georgia: “Descubrimos que si las personas controlaran su peso, podrían reducir significativamente su tasa de deterioro cognitivo en sólo dos años. Eso hace que el IMC sea uno de los factores de riesgo más fácilmente modificables cuando se trata de envejecer bien”.
Los resultados no demuestran que el sobrepeso sea una causa directa del deterioro cognitivo. Sin embargo, sí ponen de manifiesto que el peso corporal podría desempeñar un papel relevante a la hora de conservar las capacidades mentales durante el envejecimiento. Al tratarse de un factor sobre el que se puede intervenir, los científicos consideran que controlar el IMC podría representar una oportunidad para reducir el riesgo de sufrir problemas de memoria y pensamiento con el paso de los años.
El control del peso, una posible herramienta para prevenir la demencia
La investigación también pone el foco en la importancia de actuar sobre aquellos factores que pueden modificarse antes de que aparezcan problemas cognitivos más graves. Aunque actualmente no existen tratamientos capaces de curar la demencia, identificar los elementos que pueden favorecer su desarrollo resulta fundamental.
En este sentido, el investigador insistió en la necesidad de prestar atención a los factores de riesgo que sí pueden controlarse. “No existen curas para la demencia, por lo que es fundamental identificar y abordar cualquier factor de riesgo modificable que podamos encontrar para prevenirla”, sentenciaba el docente y experto en la materia.



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