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No respetan ni la ciencia médica

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Los últimos acontecimientos del presidente del Gobierno son altamente preocupantes, relacionados con el tema médico y científico. Nos referimos a la publicación en una revista científica de un trabajo sobre la actuación del mismo en el famoso problema de salud pública del hantavirus. Como científico, que hace medicina de la evidencia como corresponde, advierto del riesgo gravísimo de mezclar decisiones políticas y evidencia científica y cuestiono la vinculación entre la actuación del Gobierno de España y una publicación en una revista médica.

Me refiero más concretamente a la reciente publicación conjunta con el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, en «The New England Journal of Medicine» que considero insólita. El artículo aborda la gestión de la emergencia sanitaria vinculada al brote de hantavirus detectado a bordo del crucero MV Hondius, así como la respuesta internacional y la decisión de recibir el barco en Tenerife.

Considero que la ciencia debe preservar su independencia y que las decisiones públicas relacionadas con la salud deben fundamentarse en criterios científicos verificables. La ciencia hay que respetarla. La evidencia científica también.

Es desde todo punto de vista una absoluta falta de respeto convertir y utilizar una revista científica (grave error que ha cometido la misma) para transformar la ciencia en un instrumento político. De hecho utilizar las vías de publicación de la ciencia es abyecto.

Resulta necesario preservar una separación escrupulosa entre las responsabilidades políticas y los criterios que deben regir la actividad científica. Intentar politizar la ciencia y justificar actitudes políticas con ese tipo de trabajo parece absolutamente impresentable.

Como catedrático de cirugía y doctor en ciencias de la información y sociología considero que la credibilidad de la ciencia depende del rigor, la transparencia y la independencia de sus conclusiones. Por ello, defiendo que la evidencia científica no debe quedar subordinada a intereses partidistas ni utilizarse como argumento de justificación política.

Creo que esta es otra muestra más de la falta de respeto de este Gobierno a la Sanidad y destaca la sucesión de responsables al frente del Ministerio, que, en nuestra opinión, evidencia una utilización política de un departamento que debería situar la salud pública y el rigor técnico por encima de cualquier estrategia partidista. No solamente ha convertido el Ministerio de Sanidad en un trampolín político (seis ministros distintos en seis años), sino que ahora pretende llevar esa lógica al ámbito científico. La evidencia científica tiene que estar siempre por encima de los intereses partidistas. El debate trasciende la publicación concreta y afecta a los principios que deben orientar tanto la actividad científica como el ejercicio de las responsabilidades públicas. Considero que la confianza en las instituciones exige distinguir entre la defensa de una decisión política y la evaluación científica de sus fundamentos.

Insisto en que las actuaciones públicas deben poder examinarse con criterios verificables y que el prestigio de la ciencia no debe confundirse con el respaldo automático a decisiones gubernamentales. Esta es una línea roja que no se debería cruzar.

Creo que la clave del análisis de esta problemática es distinguir entre la justificación científica de una medida, la responsabilidad política de quien la adopta y las consecuencias que puede tener para la población en general y en este caso concreto la canaria en particular.

La revista referida, que tiene un prestigio científico indiscutible, hace que llame más la atención de un artículo en ella como lo referido en este escrito. La obligación que tienen los dirigentes de los países democráticos de cooperar ante una emergencia sanitaria internacional hace que más aún se deba tener un cuidado exquisito por las consecuencias secundarias que de él se pueden derivar, ya que la compatibilidad entre la protección de la salud pública y el respeto a los derechos humanos tiene que tener siempre una correspondencia en asuntos de ciencia con la evidencia científica. Leyendo el trabajo publicado en «The New England Journal of Medicine», cuyo título es «Hantavirus- lessons learned about security and solidarity» («Hantavirus: lecciones aprendidas sobre seguridad y solidaridad»), se ve claramente que ha sido inoportuno y no concordante con la realidad científica.

Una referencia no menos importante que la anterior es la presencia en ese artículo del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, tremendamente cuestionado por su vinculación política (decisión de Putin) que firma ese trabajo también siendo insólito por el cargo que ocupa, lo que demuestra la amistad que tiene esa autoridad de la política sanitaria con el presidente del Gobierno español, lo que ha influenciado en lo que estamos denunciando de forma clara. Nunca en la historia después de una búsqueda bibliográfica exhaustiva se ha visto una rueda de prensa en el Puerto de los Cristianos (Santa Cruz de Tenerife) de la ministra de Sanidad española con el director de la OMS explicando la decisión tomada de un problema serio de salud pública.

Basta ya de utilizaciones mezquinas e interesadas de algo tan serio como la salud.

Antonio Alarcó Hernández es catedrático de Cirugía, presidente de la Cátedra de Telemedicina, IA e Innovación Clínica y docente en Medicina y Cirugía, doctor en Ciencia de la Información y Sociología. Adjunto primero de la Diputación del Común, exsenador y portavoz de Sanidad

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