"Una de las fuerzas más poderosas de la historia es la estupidez humana». Así comienza una reflexión del historiador Yuval Noah Harari en un vídeo reciente en Youtube que merece ser escuchado. Su advertencia no es que hayamos dejado de pensar, sino que nunca habíamos dispuesto de tanto poder para equivocarnos.
Durante siglos, las herramientas ampliaron nuestras capacidades, pero las decisiones seguían siendo nuestras. Una imprenta no elegía los libros; una bomba atómica no decidía dónde estallar. La inteligencia artificial (IA) introduce una diferencia decisiva: algunos sistemas ya generan contenidos, proponen soluciones y ejecutan decisiones dentro de los límites que les damos. Eso ofrece oportunidades, también en medicina, pero exige vigilancia y responsabilidad.
Harari plantea una inquietud que afecta a todas las generaciones: el conocimiento adquirido en la juventud ya no bastará para toda la vida. Habrá que aprender, desaprender y adaptarse a los 60 años igual que a los 30. No es solo un desafío profesional. También es emocional: cambiar continuamente puede provocar incertidumbre y agotamiento.
Como médico, veo una paradoja semejante en nuestra profesión. Disponemos de pruebas diagnósticas y tratamientos inimaginables hace unas décadas, pero ninguna tecnología sustituye al criterio, a la prudencia ni a la relación humana con el paciente. La tecnología puede acelerar las respuestas, pero no formular nuestras prioridades. La verdadera pregunta no es hasta dónde llegará la IA, sino si nuestra capacidad de reflexión crecerá al mismo ritmo.
Consúlteme en:
www.doctorpeinado.com





💬 Debate de la Comunidad 0