La granada es una de las frutas más características del otoño. Con su piel gruesa, sus pequeños granos rojizos y su sabor a medio camino entre lo dulce y lo ácido, es también un alimento que lleva años despertando el interés de la comunidad científica por su riqueza en compuestos antioxidantes. Ahora, una nueva investigación española apunta a que algunas de sus sustancias naturales podrían tener aplicaciones en un ámbito que preocupa especialmente con el paso de los años: la hidratación, la elasticidad y el aspecto de la piel.
El estudio, desarrollado por investigadores de la Unidad de Nutrición y Salud del centro tecnológico Eurecat, en Reus (Tarragona), ha observado posibles beneficios asociados al consumo diario de un extracto de granada durante tres meses. Los resultados, publicados el 13 de octubre de 2026 en la revista científica Scientific Reports, perteneciente al grupo Nature, abren nuevas vías de investigación sobre la relación entre alimentación y envejecimiento cutáneo.
No obstante, los investigadores advierten de que se trata de resultados preliminares que necesitan confirmarse mediante ensayos más amplios. Aunque se detectaron diferencias favorables en determinados parámetros, el estudio no consiguió demostrar un beneficio estadísticamente significativo en su principal objetivo: reducir la pigmentación de una mancha facial.
¿Qué ocurre en la piel después de 12 semanas consumiendo extracto de granada?
Para llevar a cabo la investigación, el equipo científico seleccionó a 66 mujeres de entre 30 y 65 años que presentaban al menos una mancha de hiperpigmentación facial. Las participantes tenían fototipos cutáneos II, III y IV, una clasificación que comprende desde pieles relativamente claras hasta otras de tonalidad intermedia.
El ensayo se diseñó mediante un procedimiento aleatorizado, triple ciego y controlado con placebo. Esto significa que ni las participantes, ni los investigadores encargados del estudio, ni el profesional responsable del análisis estadístico conocían qué tratamiento recibía cada mujer durante la investigación.
Las voluntarias fueron distribuidas en tres grupos. Uno recibió una dosis diaria de 367 miligramos de extracto de granada; otro, 700 miligramos; y el tercero tomó un placebo, es decir, una preparación sin el principio activo que se quería estudiar.
Durante las 12 semanas, el equipo realizó mediciones de diferentes características de la piel, como su hidratación, elasticidad, pigmentación, arrugas y otros indicadores relacionados con el envejecimiento. También analizó muestras de sangre, orina y microbiota intestinal y cutánea para explorar los posibles mecanismos implicados.
La hidratación y la elasticidad, entre los resultados más prometedores
Uno de los hallazgos más interesantes estuvo relacionado con la capacidad de la piel para mantener su hidratación. Al finalizar las 12 semanas, las mujeres que habían recibido la dosis de 367 miligramos mostraron una evolución más favorable que las del grupo placebo.
Concretamente, la diferencia entre ambos grupos en el cambio porcentual de hidratación fue de 23,9 puntos. Sin embargo, existe un matiz importante: esta diferencia se produjo en buena medida porque la hidratación disminuyó entre las participantes que habían tomado el placebo. Por tanto, los resultados sugieren un posible efecto favorable sobre el mantenimiento de la hidratación, pero no demuestran que el extracto aumente de forma generalizada el agua presente en la piel.
También se observaron cambios positivos en la elasticidad, una propiedad que permite que la piel recupere su forma después de estirarse o deformarse. Los dos grupos que consumieron extracto de granada experimentaron aumentos respecto a sus valores iniciales, aunque las comparaciones con el placebo no permitieron establecer un efecto concluyente.
La investigación también analizó la pigmentación de las manchas faciales. Aunque algunos análisis secundarios encontraron resultados favorables con la dosis más baja, el análisis principal no identificó una diferencia estadísticamente significativa respecto al placebo. Esto impide afirmar, por el momento, que la suplementación con granada sea eficaz para eliminar manchas, combatir las arrugas o frenar el envejecimiento de la piel.
¿Por qué interesa tanto la granada a los científicos?
La posible explicación se encuentra en los polifenoles, unas sustancias de origen vegetal presentes en diferentes alimentos y especialmente abundantes en determinados frutos.
En el caso de la granada destaca la punicalagina, un compuesto perteneciente a la familia de los elagitaninos que ha despertado el interés científico por su actividad antioxidante y su posible participación en procesos relacionados con la inflamación y el estrés oxidativo.
Este último es uno de los mecanismos implicados en el envejecimiento cutáneo. Se produce cuando existe un desequilibrio entre la generación de sustancias oxidantes y la capacidad del organismo para neutralizarlas. Factores como la radiación ultravioleta pueden favorecer este fenómeno y contribuir al deterioro de componentes esenciales para la estructura de la piel.
Investigaciones experimentales previas han explorado cómo los compuestos de la granada podrían influir en procesos vinculados al colágeno y al ácido hialurónico, dos elementos importantes para mantener la firmeza y la hidratación cutáneas.
Sin embargo, el nuevo ensayo no encontró diferencias significativas entre los grupos en los biomarcadores sanguíneos relacionados con el metabolismo del colágeno. Por tanto, todavía no se ha demostrado que estos mecanismos expliquen las mejoras observadas.
Una dosis más alta no siempre significa mejores resultados
Uno de los aspectos más curiosos de la investigación es que la dosis de 367 miligramos ofreció resultados más favorables que la de 700 miligramos en algunas mediciones, especialmente las relacionadas con la hidratación y determinados indicadores de pigmentación.
Este comportamiento, que los investigadores relacionan con la posibilidad de una respuesta no lineal a los polifenoles, plantea una cuestión interesante: aumentar la cantidad de una sustancia no garantiza obtener mayores beneficios.
De hecho, los efectos de ciertos compuestos vegetales pueden depender de su concentración, de cómo los metaboliza el organismo y de las características de cada persona. Los autores consideran que este fenómeno merece seguir investigándose, aunque los datos disponibles todavía son insuficientes para establecer una dosis óptima.
La conexión entre el intestino y la piel también entra en juego
La investigación fue más allá de las mediciones faciales y estudió posibles modificaciones en las bacterias que habitan tanto en la piel como en el intestino.
El interés tiene una explicación: algunos componentes de la granada llegan al intestino, donde pueden ser transformados por determinados microorganismos en otras sustancias, como las urolitinas. Estos metabolitos se investigan por sus posibles efectos biológicos.
Los científicos detectaron variaciones en algunos grupos bacterianos, entre ellos Lacticaseibacillus, Bifidobacterium y Akkermansia. No obstante, estos cambios no se mantuvieron como estadísticamente significativos después de aplicar las correcciones necesarias por las múltiples comparaciones realizadas.
¿Comer granada fresca podría tener los mismos efectos?
Esta es una de las preguntas más importantes que plantea el estudio. La respuesta, por ahora, es que no se puede establecer una equivalencia.
La investigación no evaluó el consumo de granada fresca, sino un extracto concentrado y estandarizado, denominado Pomanox P30, obtenido a partir de granada mediante un proceso de extracción basado en agua.
La tecnología utilizada permite concentrar determinados compuestos del fruto, especialmente las punicalaginas. En concreto, la dosis de 367 miligramos proporcionaba 125 miligramos de estos compuestos, mientras que la de 700 miligramos aportaba 238 miligramos.
Por tanto, los resultados no pueden extrapolarse directamente a comer una granada, beber su zumo o utilizar cualquier producto cosmético que incluya esta fruta entre sus ingredientes.
El trabajo, vinculado al proyecto Granatum Europa, pone en valor la colaboración entre la agricultura española, las tecnologías de extracción y la investigación clínica.
Sus autores también recuerdan las limitaciones del ensayo: se realizó en un único centro, contó con una muestra relativamente pequeña y estudió únicamente a mujeres con determinadas características cutáneas. Además, las participantes debían mantener unas rutinas específicas de cuidado facial y evitar la exposición solar, factores que también pueden influir en la evolución de la piel.




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