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¿Influye la temperatura del dormitorio en el sueño de las personas con diabetes tipo 2? Un estudio analiza 1.307 noches

La Razon
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¿Influye la temperatura del dormitorio en el sueño de las personas con diabetes tipo 2? Un estudio analiza 1.307 noches

Hay noches en las que cuesta conciliar el sueño porque el dormitorio está demasiado caliente o demasiado frío. Para una persona con diabetes tipo 2, descansar bien forma parte de su cuidado cotidiano, pero resulta difícil saber cuánto influye la temperatura de la habitación en lo que sucede después de apagar la luz.

Un equipo de la Universidad de Yale ha seguido a 108 adultos con esta enfermedad y ha reunido datos de 1.307 noches. Su trabajo, publicado el 30 de octubre en la revista Sleep Health, relaciona la temperatura medida durante el sueño con los movimientos y despertares registrados mediante dispositivos de muñeca.

El hallazgo más llamativo aparece al comparar las noches de una misma persona: cuando su habitación estaba más templada de lo habitual, tendía a dormir con mayor continuidad. Los investigadores no encontraron, en cambio, una temperatura común que permitiera predecir cómo dormirían personas distintas. La comparación entre noches propias evita confundir, por ejemplo, una vivienda habitualmente más cálida con una persona que, por otras razones, duerme mejor.

Qué observaron durante la noche

Los participantes llevaban un dispositivo que registraba cuándo dormían y cuándo estaban despiertos. A la vez, unos sensores medían la temperatura de su entorno inmediato durante cada episodio nocturno. Así pudieron estudiar la eficiencia del sueño, el tiempo despiertos después de dormirse, su duración total y el número de despertares.

Tras ajustar los análisis por factores personales y estacionales, las noches más cálidas que la media de cada participante se asociaron con menos despertares y una eficiencia del sueño ligeramente mayor. Esa comparación individual es la parte central del estudio; el promedio de temperatura entre personas no mostró una relación equivalente con los resultados.

El trabajo se centra en adultos con diabetes tipo 2. Por eso, sus resultados no se pueden aplicar sin más a quienes tienen otras enfermedades ni a toda la población. Tampoco significan que subir el termostato vaya a mejorar necesariamente el descanso de una persona concreta: se trata de una asociación observada, no de un ensayo que haya asignado temperaturas diferentes.

Por qué no hay una cifra mágica

Los modelos sugirieron un cambio en algunas medidas cuando la temperatura superaba aproximadamente los 27 grados. Sin embargo, había pocas noches en ese tramo y, al retirarlas en un análisis adicional, la señal se hizo más débil. Sería engañoso convertir ese número en una recomendación para dormir, especialmente cuando el calor intenso también puede resultar molesto.

Durante buena parte de las temperaturas moderadas registradas, los resultados previstos variaron poco. Los autores indican que el vínculo dependía de la medida de sueño examinada: no observaron el mismo patrón en la duración total. Además, cada participante tenía sus propias condiciones de vivienda, salud y hábitos, que un estudio observacional no puede controlar por completo.

La investigación ayuda a entender por qué hablar de temperatura nocturna y descanso requiere mirar también a la persona que duerme. En estos 108 adultos, las variaciones dentro de un mismo dormitorio aportaron más información que la comparación de temperaturas medias entre hogares, sin señalar cuál sería el ajuste ideal del termostato para un paciente.

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