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La enfermedad inflamatoria intestinal está aumentando en Colombia: ¿cómo reconocer las señales de alarma?

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Fabián Juliao, presidente de Pancco, advierte que la detección temprana es clave para evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida de pacientes.

PERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD19.10.2026 04:45 Actualizado: 19.10.2026 04:45

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII), un grupo de trastornos crónicos que incluye la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerativa, está registrando un incremento tanto en su incidencia como en su prevalencia en Colombia y otros países de América Latina. Ante este panorama, especialistas llaman la atención sobre la necesidad de reconocer sus síntomas, sospechar de la enfermedad desde los primeros niveles de atención médica y facilitar un diagnóstico oportuno.

La advertencia la hace Fabián Juliao Baños, médico internista, gastroenterólogo y presidente de la Organización Panamericana de Crohn y Colitis (Pancco), quien señala que el aumento de los casos responde a una combinación de factores ambientales, cambios en los hábitos de alimentación y una mayor capacidad de los sistemas de salud para identificar estas enfermedades.

En una entrevista realizada en el marco de la UEG Week 2026, que se desarrolla en Barcelona, España, del 17 al 20 de octubre, el especialista explicó que uno de los principales desafíos es evitar que los síntomas se atribuyan exclusivamente a infecciones intestinales o a causas pasajeras, lo que puede retrasar la identificación de estas patologías.

“Si un paciente tiene diarrea crónica, que se define como más de tres a cuatro semanas con diarrea, si tiene sangrado, dolor abdominal o pérdida de peso, ya no nos quedamos pensando que es un parásito, que es una ameba, sino que pensamos que puede tener enfermedad inflamatoria intestinal”, explicó.

Para Juliao Baños, esta sospecha debe extenderse más allá de los gastroenterólogos e involucrar a los médicos de atención primaria, quienes pueden identificar las señales de alarma y solicitar los exámenes necesarios para avanzar hacia el diagnóstico.

¿Cuáles son los síntomas que deben encender las alarmas?

La enfermedad inflamatoria intestinal puede manifestarse principalmente a través de síntomas digestivos persistentes. Sin embargo, el especialista advierte que existen otras señales que pueden ayudar a identificarla y que deben tenerse en cuenta durante la evaluación médica.

Entre los principales signos de alarma están la diarrea que persiste durante más de tres o cuatro semanas, especialmente cuando se acompaña de sangrado intestinal, dolor abdominal o pérdida de peso involuntaria.

También es importante prestar atención a los antecedentes familiares de enfermedad de Crohn o colitis ulcerativa, pues pueden aportar elementos para sospechar estas patologías.

A esto se suman las manifestaciones que afectan otras partes del organismo. De acuerdo con Juliao Baños, algunos pacientes presentan síntomas articulares, dermatológicos, oculares o hepáticos que pueden estar asociados con la enfermedad inflamatoria intestinal.

La edad tampoco debe utilizarse como criterio para descartar un diagnóstico. Aunque estas enfermedades suelen aparecer entre la segunda y la tercera década de la vida, el especialista señala que existe otro pico de presentación durante la sexta y la séptima décadas. Además, se están observando casos en niños muy pequeños.

Cuando existen señales de alarma, el proceso de evaluación puede incluir pruebas para detectar anemia, análisis de materia fecal para medir la calprotectina fecal —un marcador que ayuda a identificar inflamación intestinal— y una colonoscopia con toma de biopsias cuando el médico lo considere necesario.

“Es importante escuchar la historia clínica del paciente, examinarlo y, cuando uno tenga dudas, pedir exámenes”, afirmó.

El objetivo es reducir el tiempo que transcurre entre la aparición de los síntomas y el diagnóstico, de manera que los pacientes puedan acceder al tratamiento antes de que la inflamación produzca complicaciones.

¿Por qué están aumentando los casos?

El incremento de la enfermedad inflamatoria intestinal en Colombia y América Latina no tiene una explicación única. Según el gastroenterólogo, todavía no es posible atribuir su aparición a un alimento, una exposición ambiental o un hábito específico.

La predisposición genética puede influir, pero, de acuerdo con el especialista, explicaría menos del 10 al 15 por ciento de los casos. En este contexto, cobran relevancia otros elementos relacionados con la respuesta inmunológica, la microbiota intestinal —el conjunto de microorganismos que habitan el intestino— y las exposiciones ambientales.

Entre los factores que se investigan están los cambios en los patrones de alimentación, en particular la llamada occidentalización de la dieta, caracterizada por un mayor consumo de alimentos ultraprocesados.

Juliao Baños señala que también se han encontrado asociaciones con el consumo elevado de carnes rojas, el uso de antibióticos y antiparasitarios sin una indicación clara, la contaminación ambiental y los procesos de urbanización.

En el caso de los alimentos ultraprocesados, el especialista plantea que sus aditivos y otros componentes podrían contribuir a alterar la microbiota y favorecer respuestas inflamatorias. No obstante, insiste en que estas asociaciones no permiten afirmar que un producto específico sea la causa directa de la enfermedad en una persona.

También menciona investigaciones recientes sobre la posible relación entre la exposición a microplásticos y la aparición de estas patologías, aunque recalca que se trata de una línea de investigación y no de una causa establecida.

“Determinar la causa de la enfermedad inflamatoria intestinal, tanto Crohn como colitis ulcerativa, no se sabe. Nosotros no le podemos achacar a un paciente: ‘porque te comiste algo fue que te dio la enfermedad’”, explicó.

El especialista también destaca la importancia de los hábitos de vida saludables. Señala que el tabaquismo se ha asociado con la enfermedad de Crohn y con un peor pronóstico, mientras que la actividad física y un buen descanso pueden contribuir a la salud general.

Más diagnósticos también reflejan una mayor capacidad médica

El incremento de casos identificados no necesariamente responde solo a una mayor aparición de la enfermedad. Juliao Baños considera que también influye el avance en el conocimiento médico y la disponibilidad de herramientas para diagnosticarla.

Hace dos o tres décadas, explica, había menos gastroenterólogos, especialistas en coloproctología y centros con capacidad para realizar los procedimientos necesarios. Actualmente, una mayor infraestructura médica facilita la evaluación de pacientes con síntomas persistentes.

Además, los profesionales tienen más presente la posibilidad de que una diarrea crónica o un sangrado intestinal estén relacionados con una enfermedad inflamatoria, en lugar de atribuirlos automáticamente a una infección parasitaria.

Para el presidente de Pancco, esta evolución es positiva, pero también plantea un reto: fortalecer la capacidad de sospecha clínica en todos los niveles del sistema de salud.

“Es importante la detección temprana de estas enfermedades, no solamente que nosotros los gastroenterólogos sepamos de esto; también deben saber los médicos de atención primaria”, sostuvo.

El especialista considera que las autoridades sanitarias deben prestar atención al aumento de estas patologías y promover estrategias que permitan identificarlas antes de que los pacientes desarrollen cuadros más complejos.

Tratamientos para controlar la enfermedad y evitar complicaciones

La enfermedad inflamatoria intestinal es crónica y no tiene una cura, pero existen tratamientos que permiten controlar la inflamación, alcanzar la remisión y mejorar la calidad de vida.

Las opciones dependen del diagnóstico específico, la gravedad de la enfermedad y la respuesta de cada paciente. En la colitis ulcerativa, Juliao Baños estima que alrededor del 60 por ciento de los pacientes puede manejarse con tratamientos convencionales, especialmente en casos leves y en algunos moderados.

Cuando la enfermedad es moderada y no responde a estos medicamentos, puede ser necesario recurrir a terapias avanzadas, entre ellas los tratamientos biológicos y las pequeñas moléculas.

Estas opciones incluyen medicamentos dirigidos contra el factor de necrosis tumoral, inhibidores de integrinas e inhibidores de interleucina 23, así como inhibidores de la Janus quinasa (JAK), que se administran por vía oral.

El especialista explica que algunas de estas terapias actúan sobre mecanismos específicos de la inflamación y que la elección depende de las características clínicas de cada paciente.

En la enfermedad de Crohn, el panorama terapéutico es diferente: el tratamiento convencional no ha demostrado eficacia, por lo que una proporción importante de los pacientes puede requerir tratamientos avanzados.

El control de estas enfermedades no debe limitarse a que desaparezcan los síntomas. La meta es alcanzar una remisión profunda, que implica controlar la actividad clínica y la inflamación intestinal, con evaluaciones endoscópicas y otras herramientas de seguimiento cuando corresponda.

La adherencia al tratamiento es fundamental. Suspender los medicamentos sin indicación médica puede favorecer una recaída y aumentar el riesgo de complicaciones.

Aunque los pacientes pueden enfrentar hospitalizaciones, cirugías, desnutrición, infecciones y un mayor riesgo de algunos tipos de cáncer, el especialista subraya que el riesgo general de mortalidad por estas enfermedades puede ser comparable al de la población general.

Por eso, recibir un diagnóstico de enfermedad inflamatoria intestinal no significa que una persona deba renunciar a sus proyectos de vida.

“Si logramos las metas terapéuticas y el paciente es adherente al tratamiento, ese paciente va a tener una muy buena calidad de vida: puede estudiar, trabajar, tener hijos sin ningún problema”, afirmó.

Juliao Baños insiste en que la atención debe considerar no solo el estado del intestino, sino también la salud mental, física, sexual y nutricional de quienes viven con estas patologías.

Su llamado final es a fortalecer la detección temprana, la educación médica y las estrategias de prevención y promoción de hábitos saludables. Identificar los síntomas a tiempo, concluye, puede reducir las complicaciones, evitar intervenciones más complejas y permitir que más pacientes alcancen el control de su enfermedad.

EDWIN CAICEDO

Periodista de Medioambiente y Salud

@CaicedoUcros

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