A día de hoy instintivamente, ya no memorizamos datos porque somos conscientes de que el propio teléfono los guarda por nosotros. Al contar con una respuesta a un solo clic, el cerebro prefiere ahorrar energía y en lugar de retener el dato concreto, se limita a recordar en qué aplicación o web puede volver a encontrarlo.
La comodidad de no tener que recordar nada
Olvidar un número de teléfono, la fecha de un cumpleaños o el nombre del actor de una película ya no es un problema para nadie. Basta con sacar el móvil del bolsillo y salir de dudas en un par de segundos. Sin embargo, esta costumbre de consultar la pantalla para todo está cambiando el funcionamiento de nuestra memoria diaria, un fenómeno que se conoce como "amnesia digital" o "efecto Google".
El truco del cerebro para ahorrar energía
El motivo de este cambio tiene una clara explicación, el cerebro siempre busca el camino más fácil. Varias investigaciones sobre cómo procesamos la información demuestran que, cuando la mente sabe que un dato va a estar guardado en Internet, no se molesta en hacer el esfuerzo de fijarlo en la memoria. No nos quedamos con el dato en sí, sino con el sitio o la aplicación donde sabemos que podemos volver a buscarlo.
Esto no significa que nos hayamos vuelto menos inteligentes, sino que hemos cambiado la forma de funcionar. La complicación surge cuando esa falta de entrenamiento empieza a pasar factura a la hora de concentrarse. Al perder la costumbre de hacer un pequeño esfuerzo por recordar las cosas, la memoria de trabajo se vuelve más perezosa, y por eso aparece esa sensación de quedarse "en blanco".
Utilizar el teléfono para todo
Hoy en día, más de ocho de cada diez adultos reconocen que dependen por completo del móvil para acordarse de los recados y tareas más simples del día. El problema de esta hiperconexión es que, ante el más mínimo olvido, la reacción inmediata es abrir el buscador sin darnos ni diez segundos para intentar recordarlo por nuestra cuenta, cortando de golpe el proceso natural de la memoria.
Para no perder la memoria exponencialmente, los psicólogos sugieren pequeños ejercicios de gimnasia mental en la rutina cotidiana. Cosas tan simples como intentar repasar mentalmente la lista de la compra antes de mirar el papel, hacer cuentas sencillas de cabeza o forzarse a recordar un nombre o un camino sin poner el GPS a la primera ayudan a mantener la mente despierta.





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