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Así es el tsunami de la menopausia que llega 15 años antes de la última regla

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Es algo natural, pero sigue siendo un tabú rodeado de misterio y desconocimiento. Como si de un huracán se tratara, la menopausia irrumpe en la vida de la mujer incluso mucho antes de esa última regla que queda marcada en el calendario. Y lo hace de forma brusca, pero invisible, minando la salud con síntomas que van mucho más allá de los temidos sofocos o del insomnio, razones más que suficientes para que cada 18 de octubre se conmemore el Día Mundial de la Menopausia, una fecha que busca visibilizar esta etapa que también puede vivirse con plenitud y calidad de vida.

Ante el desconcierto y la incertidumbre que desencadena el climaterio en la mujer, la ciencia cada vez arroja más respuestas. Y acaba de dar un vuelco a las ideas preconcebidas tras descubrir que la última regla provoca «un gran precipicio fisiológico» que deja huellas en la salud femenina, y no tanto una «suave cuesta» como se imaginaba hasta ahora.

Así lo describe una pionera investigación, publicada esta semana en la revista «Nature Medicine», liderada por el departamento de Biología Celular Molecular del Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, tras analizar más de 300 millones de pruebas de laboratorio de más de un millón de mujeres. Y las conclusiones son rotundas: el fin de la etapa fértil actúa como un tsunami que altera la salud y dispara el riesgo de enfermedades: descienden las hormonas sexuales y con ello se reduce la densidad ósea, empeora la función renal, aumenta el colesterol, hay cambios en el metabolismo de los lípidos, en las enzimas hepáticas e incluso se altera la composición de la sangre.

Sí, la perimenopausia existe

Y todo ese «cóctel» ocurre mucho antes de esa última menstruación, pues esta reciente investigación confirma el vaivén de tres hormonas sexuales determinantes: la antimülleriana, reflejo de la reserva ovárica, cae drásticamente unos 15 años antes, mientras que la foliculoestimulante incrementa su rápido ascenso unos 14 años por delante y el estradiol empieza a descender unos 12 años antes. «Todo esto evidencia que la perimenopausia existe y no se trata de una invención del marketing actual. Años antes de esa última regla hay señales que anticipan la transformación hormonal del cuerpo de la mujer y hay que ser consciente de ello», asegura Radharani Jiménez, ginecóloga experta en menopausia, perimenopausia y salud integral de la mujer.

Una idea en la que insiste Mercedes Herrero, doctora en Medicina, especialista en Obstetricia y Ginecología y sexóloga, con más de 30 años de experiencia clínica, quien recuerda que «la perimenopausia es, por definición, la etapa que precede a la pérdida de la menstruación. Ahora lo llamamos también ‘‘transición a la menopausia’’. Otra cosa es que haya un uso comercial de esta etapa, pero es importante hablar de ella, porque las mujeres se motivarán a un mejor cuidado de su cuerpo y a no sentirse solas si desconocen esos cambios».

Precisamente ese desconocimiento es el muro más alto con el que se topan la mayoría de las mujeres: «Se estima que solo el 30% de los ginecólogos tiene formación específica en el área de la menopausia, a pesar de que se trata de una etapa por la que pasarán todas las mujeres y que equivale a un periodo muy largo de su vida», lamenta Jiménez.

Esa desinformación se traduce en la desesperación de muchas mujeres que tras superar la barrera de los 42-45 años empiezan a sentir que su cuerpo está cambiando, que algo pasa, aunque su ginecólogo se empeñe en recordarle que «es demasiado joven para pensar en la menopausia».

Craso error. Las especialistas en esta etapa lo tienen claro: «Las huellas que deja la fluctuación hormonal en la salud son numerosas y van mucho más allá de los típicos sofocos», advierte Jiménez. La razón reside en que las hormonas sexuales tienen receptores en todos los órganos de nuestro cuerpo. «Esto hace que los síntomas puedan ser muy variados, tanto en intensidad como en cuáles aparecen. Yo le llamo ‘‘el prospecto de la menopausia’’, haciendo la analogía con todos los efectos que puede tener un fármaco. No hay una menopausia, sino una en cada mujer», insiste la doctora Herrero.

Buena prueba de ello es el ambicioso estudio español «Mujeres de hierro», una investigación científica desarrollada por la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad de Granada y Cuerpos Serranos S.L. que apunta a que el 85% de las mujeres reconoce sentirse agotada y el 70% siente niebla mental, un porcentaje muy superior al 52% de las que sufre sofocos. «Los cambios bruscos de temperatura son los más conocidos, pero hay otros como el insomnio, la niebla mental, los cambios en la sexualidad y los de carácter. Todo esto se vincula a un cansancio que no se conocía antes, asociado a tristeza y frustración», afirma Herrero. Y no son los únicos, ya que Jiménez hace hincapié en otros como «la aparición de palpitaciones que no se deben a una causa física, pero que resultan muy alarmantes, o el síndrome músculo-esquelético, que puede afectar al 70% de las mujeres, así como la pérdida ósea y riesgo de osteoporosis. Además, la caída de estrógenos desencadena sequedad en la piel, alteraciones vulvovaginales y molestias vaginales que provocan dolor, picor o infecciones de repetición, sin olvidar los altibajos emocionales que aumentan el riesgo de irritabilidad, depresión, ansiedad o pérdida de la autoestima... Todo esto pasa desapercibido si no se conoce, pero merma enormemente la calidad de vida de la mujer. Por eso, hay que consultar desde el principio y no esperar a que el problema se cronifique».

De hecho, Herrero pone el foco en esa calidad de vida. «Para eso tenemos una herramienta con validación científica. Es la escala de calidad de vida Cervantes. Si se responde aparece una puntuación tipo semáforo que nos sirve tanto para conocer la situación, como para valorar la mejoría con los posibles tratamientos», detalla.

Abordaje terapéutico

Con este escenario como telón de fondo, las especialistas son claras: No hay por qué «sufrir» la menopausia, sino convivir con ella de la manera más saludable posible. Y eso pasa por realizar un abordaje terapéutico –que no siempre farmacológico– cuando sea necesario. «Las mujeres con menopausia antes de la edad media deben tratarse todas, a menos que haya una contraindicación. Es como si fuera una enfermedad endocrina, como cuando necesitas hormona tiroidea. Es lo que llamamos fallo ovárico precoz, mientras que aquellas a las que le llega a una edad habitual se deberían tratar cuando vean mermada su calidad de vida, a menos que haya contraindicaciones, que son pocas», asegura la doctora Herrero, quien recomienda «empezar el tratamiento lo antes posible, para no perder calidad de vida. Además, manejamos el concepto de ‘‘ventana de oportunidad’’. Esto significa que los beneficios del tratamiento hormonal se producen si se comienza antes de los diez años de la aparición de la menopausia».

Pero ojo, ese tratamiento no siempre debe ser farmacológico. El estilo de vida cuenta, y mucho, y eso pasa por evitar tóxicos como el alcohol y el tabaco, hacer ejercicio de fuerza de forma regular, llevar una alimentación antiinflamatoria, mejorar el descanso y cuidar las relaciones sociales para mantenerse activas.

¿Qué ocurre con la falta de medicamentos?

La montaña rusa que implica la menopausia puede suavizarse gracias al abordaje terapéutico. De hecho, el estudio publicado por «Nature Medicine» confirma que los valores analíticos de aquellas mujeres que seguían terapia hormonal se allanaba, en comparación con el «precipicio fisiológico» que sufrían las que no. Por ello, «el desabastecimiento de algunos fármacos que son capaces de atenuar estos síntomas resulta un grave problema tanto para las pacientes, como para los profesionales, que no tenemos alternativas que ofrecer», lamenta Jiménez. «Es un problema serio, porque merma la calidad de vida de muchas mujeres», añade Herrero. La buena noticia es que esta semana la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha confirmado que el espray de estradiol Lenzetto volverá a las farmacias poco a poco.

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