El adelanto de la convocatoria de elecciones generales al próximo 29 de noviembre representa «LA» oportunidad del Sistema Nacional de Salud (SNS) para cambiar la dinámica negativa en la que lleva sumido desde junio de 2018.
La Sanidad ha sido el gran fracaso de los gobiernos de Pedro Sánchez.
En estos ocho años y medio hemos empeorado en Ordenación Profesional –las huelgas frente a la propuesta de renovación del Estatuto Marco son una muestra de ello–, en acceso a las innovaciones terapéuticas –superando los 500 días de demora media–, en insatisfacción de los ciudadanos –creciente y reconocida hasta por el sesgado CIS–, en inestabilidad institucional –seis cambios de ministro–, en uso partidista de la Sanidad –por ejemplo, contra la iniciativa privada o el manoseo del Consejo Interterritorial–, en compromisos incumplidos –leyes del medicamento, ordenación de las profesiones sanitarias, tabaco…–…
Lo hecho y lo dejado de hacer en los últimos tiempos han situado al SNS en el contexto más crítico de su existencia y los próximos comicios han de ser el punto de inflexión para revertir esta realidad y retomar la senda de la excelencia asistencial y la sostenibilidad económica.
Es preciso un cambio al frente de La Moncloa y el Ministerio de Sanidad; un cambio imprescindible con el que mejorar en el fondo/las prioridades –modelo de financiación pertinente– y en las formas –consenso y sinergias entre todos los agentes del sector frente a la imposición y el enfrentamiento–; un cambio forzoso –si se me permite– para consolidar y desarrollar nuestro SNS como piedra angular de nuestro Estado del Bienestar.





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