Francia ha vuelto a estallar en llamas. Literalmente. La Quinta República se ha convertido de nuevo en el escenario de una profunda marejada social donde lo que empezó como una pacífica protesta estudiantil ha terminado derivando en graves episodios de violencia, incendios y saqueos en varias ciudades del país. En un contexto de creciente polarización política y con las elecciones presidenciales de 2027 en el horizonte, la derecha radical de Marine Le Pen y la izquierda de Jean-Luc Mélenchon aspiran a capitalizar el descontento social. ¿Hacia dónde se dirige el liderazgo político francés? Para responder a esta y otras cuestiones, analizamos la coyuntura francesa de la mano de Paul Smith, profesor asociado de Historia y Política Francesa en la Universidad de Nottingham.
Las protestas comenzaron como un movimiento estudiantil. ¿Qué hay detrás de este descontento?
El mal estado de las escuelas y las universidades, un sistema deficiente de solicitudes de acceso a la universidad, la falta de personal y los problemas estructurales de la administración educativa. Las regiones son responsables de los edificios, pero el Estado se encarga de la dotación de personal. La contratación y la retención de trabajadores constituyen un problema enorme, pero también lo es la sensación que tienen los jóvenes de que, al terminar la escuela o la universidad, no hay nada para ellos. Se trata de un malestar social más generalizado. Eso es precisamente lo que explota el partido de extrema izquierda de La Francia Insumisa.
¿Cómo se explica que unas movilizaciones estudiantiles deriven en episodios de violencia, saqueos y vandalismo?
Aquí han intervenido dos fenómenos distintos. Francia tiene un problema de delincuencia que se suma al descontento social. Una parte de esta delincuencia tiene motivaciones políticas y se dirige contra el Estado y los símbolos del poder, como el ataque al Ayuntamiento de Limoges. Sin embargo, otros elementos delictivos aprovechan cualquier acontecimiento de carácter «público» —por ejemplo, que el PSG gane la Liga de Campeones— para destrozar bienes y prender fuego a los coches.
¿Qué actores están participando en los disturbios? Hay sospechas de que detrás está la extrema izquierda o actores externos, como Rusia.
La ultraizquierda, los black blocs —grupos de manifestantes que recurren a tácticas de confrontación y a menudo ocultan su identidad—, jóvenes que simplemente quieren enfrentarse a la policía están detrás. Pero también podemos añadir a varios actores interesados en desestabilizar el Estado francés, como Rusia, por ejemplo, o el crimen organizado, incluido lo que en francés se denomina narcotrafic (narcotráfico).
Visto el número de agentes de policía heridos, las más de 2.000 detenciones y los graves daños materiales registrados durante el fin de semana, ¿hasta qué punto ha fallado la estrategia francesa de gestión del orden público?
Sin duda, el sábado algo salió mal, pero este tipo de situaciones también se ha convertido en algo endémico en las concentraciones públicas en Francia.
Emmanuel Macron ha anunciado una respuesta contundente y el Gobierno ha impuesto toques de queda parciales. ¿Pueden estas medidas frenar la violencia o existe el riesgo de que agraven las tensiones?
El objetivo es intentar aislar y actuar contra los delincuentes, por un lado, y abrir un diálogo con los sindicatos y las organizaciones estudiantiles, por otro. Veremos.
De cara a las elecciones presidenciales de 2027, ¿qué fuerzas políticas podrían capitalizar esta crisis? ¿Puede la violencia reforzar a la derecha radical, perjudicar a Jean-Luc Mélenchon entre los votantes moderados o, por el contrario, consolidar su apoyo entre los jóvenes y la izquierda radical?
La extrema derecha es la que más se beneficia, ya que presenta la violencia en términos raciales y promete una respuesta contundente. Sospecho que esto perjudicará a la extrema izquierda de Mélenchon. Es cierto que podría consolidar su apoyo en la izquierda radical —por el movimiento de protesta, no por la violencia— y entre los votantes jóvenes, pero podría generar inquietud en la Francia moderada. Si en la segunda vuelta de las presidenciales se enfrentan él y Le Pen, ¿quién sabe? Las próximas encuestas de opinión serán fascinantes.







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