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«Serbia o mafia»: qué es la Lista Estudiantil, el movimiento protesta que ha derrocado a Vucic tras 12 años en el poder

La Razon
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Durante dos años, miles de jóvenes serbios han recorrido los barrios de la república balcánica puerta a puerta para plantear a sus vecinos un dilema sencillo: «O Serbia o mafia». Con ese lema, la plataforma Lista de Estudiantes, expresión política de un movimiento estudiantil nacido en las calles, ha conseguido derrocar al populista Aleksandar Vucic, que llevaba 12 años ininterrumpidos en el poder -primero como primer ministro y después como presidente-, en las elecciones legislativas celebradas este domingo.

La plataforma, surgida de las protestas contra la corrupción y el autoritarismo del Gobierno, ha obtenido 139 de los 250 escaños de la Asamblea Nacional, el Parlamento serbio, según los resultados provisionales. Una cifra que supera holgadamente los 126 escaños necesarios para alcanzar la mayoría absoluta.

Antes de que finalizara el recuento, el propio Vucic se rindió ante la evidencia. «Está claro que hemos perdido las elecciones», dijo desde la sede de su formación, el Partido Progresista Serbio (SNS), que apenas ha logrado 104 escaños. Los comicios han estado marcados por una participación muy elevada, cercana al 70 %, una de las más altas registradas desde la desintegración de Yugoslavia en la década de 1990. La cifra se sitúa cerca del récord histórico de las elecciones parlamentarias del año 2000, celebradas tras la caída de Slobodan Milosevic.

El terremoto político se trasladó entonces a las calles, donde miles de personas salieron a celebrar el fin de una era. Las plazas se abarrotaron de ciudadanos que festejaban el resultado. «¡Victoria, victoria! Serbia es libre, pueblo bravo», proclamó la Lista de Estudiantes en su perfil de X. «Querida Serbia, esta noche se escucha la voz del pueblo», declaró Radomir Saičić, profesor de la Universidad de Belgrado, en representación de los estudiantes desde la sede de la plataforma. «Esta noche celebramos la victoria; mañana construiremos el futuro».

Un futuro en el que, precisamente, el movimiento, ahora con fuerza suficiente para aspirar a transformar el país, tendrá que empezar a tomar forma. Y es que la Lista de Estudiantes no tiene líderes visibles ni jerarquías definidas de cara a un posible Gobierno, sino la ambición de cambiar Serbia.

El movimiento nació en 2024, cuando el derrumbe de una marquesina en la estación de tren de Novi Sad, que causó la muerte de 16 personas, desencadenó la mayor oleada de protestas en Serbia desde principios de siglo. Los estudiantes que encabezaron las movilizaciones exigían responsabilidades al Gobierno de Vucic -que inició su carrera política como ministro de Información durante el mandato de Milošević-, especialmente después de que saliera a la luz que las obras de la estación habían sido adjudicadas a una empresa china mediante un proceso de licitación opaco.

Dos años después, tras reivindicar durante ese tiempo el lema «Serbia o mafia» y demostrar su influencia en las calles con manifestaciones multitudinarias, Vucic anunció este verano su dimisión como jefe de Estado y la convocatoria de elecciones anticipadas para desafiar en las urnas al movimiento estudiantil. Al aglutinar perfiles y sensibilidades ideológicas diversas y prescindir de un líder visible -una fórmula que buscaba precisamente dificultar la represión del movimiento-, los estudiantes lograron articular una lista de 250 candidatos, tantos como escaños tiene el Parlamento, mediante plenos estudiantiles y asambleas abiertas en las que los participantes podían votar. Un sistema que les ha granjeado legitimidad.

«El régimen de Aleksandar Vucic, entre otras cosas, sobrevivió gracias a la cuidadosa selección de opositores a quienes la maquinaria mediática acabaría haciendo barro. El movimiento estudiantil, como movimiento sin rostro, era un enigma que la maquinaria del Partido Progresista no pudo resolver. No paraba de gritar en vano», escribe el periodista Veljko Miladinović, editor ejecutivo de Velike priče, una revista especializada en análisis político.

De académicos a deportistas

En su mayoría, la lista está integrada por académicos, ingenieros, médicos, juristas, sociólogos, artistas y especialistas de distintos ámbitos sin experiencia ni afiliación política. Al frente de la candidatura figura Ilija Srdanovic, cardiólogo y profesor universitario. También aparecen el exgobernador del Banco Nacional de Serbia, Dejan Soskic; el ingeniero Zoran Dajic, los profesores Jovo Bakic y Aleksandar Baucal, la rectora de la Universidad de Artes, Mirjana Nikolić y el académico Radomir Saičić, según recoge el medio independiente Nedeljnik.rs. Entre los nombres más conocidos destaca quizá el de Dejan Bodiroga, una de las grandes leyendas del baloncesto europeo y mundial, que jugó en la NBA, en el Real Madrid y en el Barcelona y que actualmente preside la Euroliga.

Por el momento, sin embargo, se desconoce quién asumirá la jefatura del Gobierno y cómo se distribuirán las responsabilidades dentro de la futura dirección política.

Lo cierto es que el espíritu colectivo de la organización ha dado al movimiento legitimidad, capacidad de movilización e identidad propia, en un momento en el que las protestas juveniles también se suceden en Francia, Portugal, España e Italia, entre otros países. Su principal promesa, sin embargo, es cambiar la manera de gobernar Serbia. De ahí que el reto, coinciden los analistas, será compatibilizar la participación horizontal que caracterizó las protestas con un liderazgo capaz de tomar decisiones, rendir cuentas y traducir sus promesas en medidas concretas contra la corrupción.

Lo que está claro es que Vucic, hombre fuerte de Serbia durante la última década y aliado de Vladímir Putin en la región, no se lo pondrá fácil. El presidente ha alimentado teorías conspirativas y acusado a actores extranjeros de injerencia. «Lo que nos derribó es esta revolución que llevaron a cabo con el apoyo directo de varios países europeos y del Estado profundo estadounidense, que está en contra del presidente Trump», afirmó. También sostuvo que los manifestantes eran «ejecutores de un trabajo sucio» diseñado por otros para derribar a un país soberano. «Por un momento han tenido éxito. Veremos cuánto durarán», concluyó.

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