América Latina ha tenido una agenda política bastante nutrida en los últimos tiempos, con varias elecciones presidenciales en las que la región ha dado muestra de una polarización que no ha hecho más que incrementarse. Esto ha coincidido con un crecimiento económico inconsistente, que ha tenido impacto sobre las metas de desarrollo de varios gobiernos del bloque.
Pero dentro de ese escenario de aparente duda hay motivos para el optimismo si los países latinoamericanos saben jugar sus cartas, según comenta a “El Comercio” el economista colombiano Mauricio Cárdenas Santamaría, quien fue ministro de carteras como Hacienda, Minas y Energías y Transporte en distintos gobiernos de su país.
Cárdenas, de 64 años, llegó a Lima como ponente del Aula Magna 2026 de la Universidad Católica del Perú (PUCP) para analizar qué oportunidades tendría la región para convertir la incertidumbre actual en crecimiento económico y reservó parte de su agenda para dialogar con este Diario sobre el impacto qué tiene la polarización en el continente sobre el desarrollo y cuánto cambia esto las formas de hacer gobierno con respecto a sus tiempos como ministro.
—¿Qué factores considera esenciales para el crecimiento de la región en este momento particular de la historia latinoamericana?
América Latina está atravesando un momento que podría ser la antesala de un milagro. Muchos presidentes latinoamericanos hablan de sus estados en términos de “país milagro” o “patria milagro”, como diciendo que nunca se habían tenido condiciones tan favorables. Hay países que están mostrando un enorme potencial, que van a lograr acelerar su crecimiento económico.
Se observa cierta competencia de los paisajes de la región por ver cuál está mejor posicionado, porque todos están diciendo más o menos lo mismo: que el mundo está lleno de problemas y que, en medio de esas crisis globales, América Latina es una oportunidad y puede contribuir a resolver esas cuestiones.
No somos el epicentro de los problemas globales, pero sí vamos a estar del lado de la solución. El mundo tiene dificultades de energía, cambio climático, de guerras comerciales, de insuficiencia de alimentos y América Latina puede presentarse como la región que va a resolver grandes preocupaciones de la humanidad.
Sin embargo, una cosa es la ambición, la intención y el sueño de tener un nuevo milagro latinoamericano y otra muy distinta es la realidad, que no es fácil porque seguimos teniendo países con mucha desigualdad, baja productividad, mucha polarización política y donde no es fácil tomar las decisiones necesarias para aprovechar este momento y convertirnos en la región milagro que va solucionar los problemas a la humanidad.
Mi mensaje es que tenemos que ser conscientes de que esta es una oportunidad que no podamos dejar pasar y de que para aprovecharla debemos tener mucho más claras nuestras tareas pendientes.
—¿Percibe que la división política que vive Latinoamérica es una amenaza al desarrollo económico y social? ¿Es el principal riesgo para el crecimiento de la región y el sueño que menciona?
La polarización es un gran obstáculo porque hace muy difíciles las reformas. Las sociedades están muy divididas y a los políticos no les llama la atención tomar decisiones que puedan generar algún costo político o algo de impopularidad.
Esta división nos conduce a un punto donde no hay acuerdos y la falta de estos hace más complicado tener cambios. La polarización nos pasa una cuenta de cobro: por un lado, genera populismos extremos y por otro, hace muy difícil el proceso de reforma.
—¿Ha desaparecido la cooperación regional debido a que la división ideológica interna se ha extrapolado a las relaciones entre países?
Sin duda. La polarización condujo a que todos los esfuerzos de cooperación e integración como la Alianza del Pacífico se vinieran a pique. No ayuda nada que si los gobiernos no son de la misma afiliación ideológica no dialoguen.
Dicho eso, hay una coyuntura especial: Sudamérica y parte de Centroamérica quedaron en manos de movimientos de derecha bien alineados con Washington. Desde ese punto de vista va a haber una afinidad y tal vez es la oportunidad para que haya algo más de colaboración. Eso se reforzará si gana Flávio Bolsonaro en Brasil.
—¿La victoria o derrota de Bolsonaro es un condicionante tan grande para un contexto más favorable de cooperación?
Tal y como está hoy la composición política de Sudamérica, con Lula no habría diálogo alguno (entre países) o sería muy limitado, mientras que con Bolsonaro sí aparece esa posibilidad de cooperación.
Lo que habría es una mayor posibilidad de que América Latina realmente actúe más coordinadamente frente a Estados Unidos y que definiera posiciones no tanto de competencia, sino más bien de cómo se complementan los países.
Las circunstancias de moverse hacia la derecha abren una posibilidad que no hubo en los últimos 10 años porque el continente estaba muy dividido.
—Desde esa perspectiva, ¿cómo aprecia el rol de su país en este relacionamiento y el papel del presidente Abelardo de la Espriella? ¿Es pronto para decir que puede tener un papel importante como impulsor de una política de desarrollo regional?
Es temprano y la verdad es que la agenda política que De la Espriella ha priorizado es más doméstica. Él ha dicho, desde el inicio, que no va a salir del país en cuatro años y eso refleja ese sentimiento.
Las prioridades están en el orden interno, pero desde Colombia puede hacer mucho por la integración de la región porque tiene buen diálogo con los demás jefes de Estado de Sudamérica y con la Casa Blanca.
Lo que interesa aquí es que los países estén más coordinados a la hora de buscar ese acercamiento con Washington en temas económicos y de seguridad. El tema es que tienen que ver también con el desarrollo de la región y los grandes proyectos de integración de esta.
Me parece que De la Espriella puede ayudar, pero no va a ser su prioridad, pues su foco está en lo en los problemas locales de economía.
—En función de las oportunidades de desarrollo que marcaba, ¿cuáles son las más importantes que tiene Colombia hoy? ¿Están alrededor de algún recurso o activo político particular?
Se va a recuperar el sector de hidrocarburos y el de minería, que han estado abandonados en los últimos años. Yo creo que ahí va a haber un impulso grande a la inversión.
En segundo lugar, Colombia va a jugar un papel de buscar el mercado de Estados Unidos en condiciones favorables, tratando de llenar un poco el vacío que deja China. Va a tratar también de hacer trabajos muy importantes en la producción agropecuaria porque tiene porciones muy amplias de territorio que no han sido aprovechadas.
—¿De qué manera se podría compensar en la región el vacío que dejaría China, un país que había afianzado su presencia en Latinoamérica durante buena parte de este siglo? ¿Es posible seguir manteniendo el vínculo con la agenda de Washington?
Sí, es de interés especialmente para Sudamérica, que no puede abandonar las relaciones económicas con China porque ya son demasiado importantes para nosotros. Lo que hay que buscar es un equilibrio y el bloque de países sudamericanos debe entender la importancia de mantener estos vasos comunicantes.
Tenemos que aprovechar y acercarnos a Estados Unidos, hacer que este país quiera reengancharse con América Latina y volver a atraerlo es una muy buena noticia para nosotros, pero ello no debe ser a expensas de que se pierdan las oportunidades económicas que se han abierto, en especial como exportadores a China.
—Ha sido parte importante del oficialismo de su país en más de una ocasión. ¿Desde esa perspectiva cuánto considera que ha cambiado la forma de hacer gobierno en Latinoamérica? ¿Hay desafíos a los que no nos hemos terminado de adaptar?
Volvamos al punto de partida: la polarización ha cambiado las formas en la política y ha cambiado no solo el estilo, sino también el contenido, porque ha acabado afectando temas de fondo como las decisiones necesarias que pueden resultar ser una buena inversión a largo plazo, pero que pueden tener un elemento impopular, difícil, donde alguien tiene que ceder.
Se ha vuelto casi imposible en nuestra región adoptar este tipo de medidas porque el ambiente tan dividido hace que se castigue severamente a los gobiernos que tratan de impulsar una privatización, un incremento de impuesto o alguna decisión de recortar el gasto público.
Esas decisiones se volvieron tremendamente impopulares y, por lo tanto, prácticamente imposibles de llevar a cabo y América Latina necesita ese pragmatismo porque hay muchas tareas pendientes que no se van a resolver a punta de buenas intenciones o de discursos. Se requieren disposiciones muchas veces polémicas, donde hay ganadores y perdedores, pero son resoluciones que hay que tomar.
En un escenario en el que nadie quiere que haya perdedores, donde nadie está dispuesto a sacrificar algo, se vuelve imposible avanzar. Nos vamos más al mundo de la retórica, de los discursos de antagonismo, la polarización y la pugna como forma de gobierno más que de las acciones.
—¿Cómo convencer a la población de que ciertas medidas son necesarias por dolorosas que sean? ¿Tenemos mecanismos para hacerlo?
Debemos volver a los valores democráticos, al valor de la mayoría, de las decisiones que buscan crear consenso y diálogos entre sectores que piensan distinto en otros campos, pero que se pueden poner de acuerdo en algunas áreas de la política pública.
Tenemos que volver a esa visión de la política que es más constructiva, buscar espacios comunes, y el ciudadano lo va a querer el día que entienda que su propio bienestar depende de eso, que su bienestar no depende de discursos, de los decibeles de esos discursos, de la pugnacidad y la polarización, sino de las acciones concretas del día a día que le resuelvan su calidad de vida.
El ciudadano va a querer el día de mañana las opciones más efectivas, no las efectistas.
—¿Cómo se percibe el rol del Perú en esta búsqueda de desarrollo desde afuera?
Se ve como un país que ha logrado, a pesar de sus dificultades políticas y de una gran inestabilidad, mantener una economía relativamente exitosa. Nadie puede estar completamente satisfecho creciendo al 3%, pero en el contexto de América Latina es una buena cifra, y es lo que está teniendo Perú.
El mundo mira al Perú como un ejemplo de cómo una economía puede desempeñarse bien en medio de una situación polarizada o inestable; sin embargo, este y los demás países de América Latina deben aspirar a mucho más.
Para eso tenemos que buscar más consensos, alejarnos del contexto en que los gobiernos en ejercicio no logran obtener respaldos suficientemente amplios como para emprender reformas y aún menos la idea de que quien está en la oposición debe operar de forma destructiva.
En muchos opositores de hoy en América Latina, lo único que se está viendo es cómo debilitar el gobierno de turno para poder recuperar el poder. Debemos buscar otra vez una política más pragmática y moderada.
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