Las últimas encuestas sobre la intención de voto en las elecciones de medio mandato indican una clara posibilidad de que, el próximo noviembre, Donald Trump pierda el control del Congreso, el Senado, o ambos. En ese caso, la ofensiva política y legal de los demócratas será interminable. Desde bloquear sus iniciativas legislativas hasta iniciar el mismísimo proceso de destitución presidencial: el impeachment. Por ello, cabe preguntarse: ¿si el presidente se viera acorralado, podría recurrir a los indultos para salvarse a sí mismo, a su familia y a sus colaboradores más estrechos?
La posibilidad ya ronda la cabeza del magnate neoyorquino. "Estoy autorizado a indultarme a mí mismo", aseguró, el pasado 15 de octubre, durante una entrevista para Newsmax. Y, sobre sus colaboradores, añadió: "No quiero que mi gente tenga que pasar por años de tonterías, contratar abogados y todo lo demás". El líder republicano sabe que la presidencia le otorga poderes para perdonar a cualquier miembro de su equipo, como lo hicieron muchos presidentes antes, incluidos Joe Biden y Barack Obama. Sin embargo, ¿su posición le garantiza la autoinmunidad?
Existe un precedente jurídico
Desde el punto de vista jurídico, el artículo II, sección 2, de la Constitución estadounidense concede al presidente la facultad de otorgar indultos por delitos federales, con una excepción expresa: los casos de impeachment. Sin embargo, el texto constitucional no aclara si el presidente puede indultarse a sí mismo. Se trata de una cuestión que todavía no ha sido resuelta por los tribunales federales. Existe, no obstante, un precedente jurídico que resulta especialmente relevante.
El 5 de agosto de 1974, poco antes de que el expresidente Richard Nixon dimitiera por el escándalo Watergate, la Oficina de Asesoría Jurídica del Departamento de Justicia concluyó que "el presidente no puede indultarse a sí mismo" porque "nadie puede ser juez de su propia causa". Así, si Trump se decanta por el autoindulto, es más que probable que este sea impugnado y acabe en los tribunales, donde, si perdiera, la protección federal se esfumaría. Por ello, es importante fijarse en las alternativas, como recurrir al vicepresidente, J.D. Vance.
El propio dictamen de 1974 planteó esta vía: "El presidente podría declararse temporalmente incapacitado conforme a la Vigesimoquinta Enmienda, permitir que el vicepresidente asumiera el cargo como presidente en funciones y que este le concediera el indulto". Esto no significa que este escenario sea factible, ya que esta fórmula jurídica no tiene precedentes legales. Además, esto no le protegería ante las condenas estatales, o podría impedir que se realizasen investigaciones que sobrepasen al indulto.
Por eso, el exfiscal federal estadounidense en San Diego, Phillip Halpern, quien procesó a dos congresistas republicanos que posteriormente fueron indultados por Trump, asegura que el presidente "está intentando acabar con la rendición de cuentas de los cargos públicos", explicó a Reuters. En junio, Ty Cobb, uno de los abogados de la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump, resumió el funcionamiento del sistema de indultos, que está determinado por "el dinero, los elogios, el partidismo y las relaciones personales". En el fondo, estos son una medida de autoprotección para silenciar a familiares, asesores y funcionarios frente a posibles responsabilidades penales federales.
Pagar los servicios prestados
Cobb confirmó que los indultos presidenciales son una de las prebendas con las que Trump paga los servicios prestados. Por ejemplo, nada más regresar a la Casa Blanca, el magnate concedió el perdón a 1.500 personas vinculadas con el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Por otro lado, una investigación de Reuters publicada el pasado 13 de octubre identificó, al menos, "85 cargos públicos indultados o beneficiados en casos relacionados con corrupción. La mayoría son republicanos o partidarios del MAGA que han evitado más de 130 años de prisión, y 15 millones de dólares en sanciones".
Trump cuenta con otra posibilidad para ser indultado: el próximo presidente podría perdonarlo, como ya sucedió, en 1974, cuando Gerald Ford indultó a su homólogo Richard Nixon. No obstante, esta opción solo sería posible si un candidato afín al magnate neoyorquino vence en las elecciones de 2028; cosa que no está garantizada. Como tampoco lo estarán las ayudas del presidente, quien no es conocido por su magnanimidad, hacia sus colaboradores.
Esto explica las primeras muestras de pánico dentro de la Administración: "Diversos integrantes del gabinete y funcionarios de menor rango están contactando con bufetes de abogados ante la posibilidad de que una victoria demócrata desencadene investigaciones parlamentarias, relacionadas con posibles intercambios de favores a cambio de indultos", según informó The Wall Street Journal.





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