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Las dos patas que fallaron a Lamine

AS Fútbol
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Quien dude de Lamine Yamal y de su extraordinaria capacidad futbolística tiene pocos argumentos más que un forofismo extremo al que conviene no acercarse. Ese no es el debate con el supertalento culé. El análisis es más profundo. La semana del crack del Barça ha sido tan dura que merece una considerable reflexión. Es evidente que queda trabajo importante por delante con él. Algo debe hacer.

Todo empezó con un Clásico intrascendente y continuó con una gala del Balón de Oro en la que fue claramente el gran perdedor. Podrán decir que su estrategia de autoproclamarse ante los medios como el mejor del mundo fue igual de arriesgada que la de Mbappé, de hecho eran calcadas, pero el resultado ha sido muy distinto: el francés del Madrid se quedó a sólo 28 puntos de Kane, mientras que el español del Barça vio más cerca por detrás a Rodri en el cuarto puesto que a los dos primeros que pelearon por el premio.

No hay duda de que a Lamine le persigue una personalidad irreverente y transgresora que gusta más entre los de su propia edad que entre los adultos, precisamente el rango de edad de los votantes al Balón de Oro. Su capacidad de farmear aura entre la juventud es inversamente proporcional al rechazo que provocan algunos de sus actos entre los más maduros. No es una crítica, es una descripción. Cualquier padre prefiere un yerno invisible que uno con las ínfulas de Lamine.

No supieron medir ese impacto negativo ni el Barcelona ni Jorge Mendes, las dos patas sobre las que se apoyó la estrategia para convertir al nuevo icono del fútbol mundial en el mejor jugador del mundo. Contra un proyecto que necesitaba riesgo como el de Mbappé y un candidato de consenso como Kane hubiera sido preferible otro perfil, uno intermedio, más neutro, al estilo Messi.

El problema es que esto no se trabaja en dos meses sino en el día a día. El Balón de Oro es la sucesión de títulos y goles, pero también de años y años de convivencia con la opinión pública, aquella sobre la que se proyecta una u otra imagen. Es ahí hacia donde debe apuntar Lamine. Hacia la cotidianidad.

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