Después de muchos intentos y del rechazo reiterado de los principales candidatos, Brasil celebró finalmente su esperado debate presidencial entre el mandatario brasileño, el progresista Luiz Inacio Lula da Silva, y el senador y candidato ultraderechista Flavio Bolsonaro. El enfrentamiento televisivo fue una muestra más de la polarización y la crispación de un país que está a punto de decidir entre dos modelos antagónicos. Las descalificaciones, las acusaciones personales y los gritos de los miembros de los equipos de campaña durante la retransmisión marcaron el ritmo de un debate bronco en el que quedó en segundo plano la discusión de los programas electorales.
Desde el principio del debate se pudo intuir lo que ocurriría durante la siguiente hora y media. El formato, pensado para un diálogo abierto y poco encorsetado, permitía que ambos candidatos dejaran atrás sus atriles y se movieran por todo el plató. Y eso fue lo que ocurrió, hasta el punto de que en más de una ocasión estuvieron cara a cara señalándose con el dedo. Además, en una estrategia similar a la que ya había empleado Jair Bolsonaro hace cuatro años —hoy condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado—, su hijo y actual candidato se situó detrás de Lula durante las intervenciones del presidente. Esta situación provocó uno de los momentos más tensos, cuando Lula, visiblemente alterado, pidió a la dirección del debate que impidiera a su rival hacer gestos mientras él intervenía.
El formato permitía que ambos candidatos se hicieran preguntas, lo que provocó que la discusión se centrara en los casos de corrupción que les afectan. Lula exigió explicaciones a su rival por las negociaciones que habría mantenido con Daniel Vorcaro, antiguo dueño del Banco Master y actualmente detenido, para obtener 134 millones de reales —más de 23,5 millones de euros— destinados a financiar una película sobre su padre, una operación bajo sospecha de encubrir pagos a su familia. Lula también arremetió contra Eduardo Bolsonaro, hermano del senador, a quien la Justicia brasileña acusa de promover sanciones de Estados Unidos contra su propio país. «Ustedes están traicionando a la patria y serán juzgados por ello», advirtió el mandatario.
«Tu nariz está creciendo, Lula. Ten cuidado», respondió Flavio Bolsonaro con ironía. El senador también recurrió a las investigaciones que afectan al hijo del presidente, conocido como Lulinha, por presuntas irregularidades y tráfico de influencias. En otro de los momentos destacados del debate, Lula acusó a Bolsonaro de ser un «miliciano», en referencia a los presuntos vínculos del entorno bolsonarista con grupos parapoliciales de Río de Janeiro. Flavio respondió mostrando una palabra escrita en la palma de su mano: «Corrupto». Además, el presidente calificó a su rival de malandro carioca, una expresión que alude al pícaro de Río de Janeiro. El comentario, que este lunes circuló por numerosas cuentas bolsonaristas en las redes sociales, fue aprovechado por Flavio, que consideró que las palabras de Lula constituían un ataque a los habitantes de esa región.
El debate del domingo ha sido el único de toda la campaña electoral, ya que el equipo de Lula alegaba que en primera vuelta la izquierda iba en coalición y la derecha con varios candidatos, lo que habría provocado que todos fueran contra él y prefería esperar a que hubiera una única figura opositora. No está claro si este será el último encuentro entre ambos, ya que hay uno propuesto para este viernes, aunque ninguna de las dos partes lo ha confirmado todavía.
Por el momento, la prensa brasileña no señala un ganador claro del primer cara a cara. Las reacciones de los medios destacan el tono negativo y crispado del debate, así como la escasa concreción de las propuestas. Mientras algunos analistas ponen el acento en la experiencia del presidente en los enfrentamientos directos, otros subrayan la serenidad del senador, en un debate cuyo impacto sobre los indecisos sigue siendo incierto.






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