Canadá y la Unión Europea dieron este jueves en Montreal los primeros pasos hacia una alianza política y económica sin precedentes, impulsada por la incertidumbre que ha generado la segunda presidencia de Donald Trump en Estados Unidos.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, recibió a los máximos representantes de las instituciones europeas con el objetivo de reducir la dependencia de la Casa Blanca y reforzar la cooperación transatlántica. Sin embargo, la propuesta de convertir a Canadá en el primer «miembro asociado» de la UE quedó fuera del borrador de la declaración conjunta ante las reticencias de varios Estados miembros.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, defendió durante su intervención del jueves la necesidad de construir una relación más estrecha con Ottawa. «Nuestra idea es sencilla: una asociación sin adhesión», afirmó, al explicar que ambas partes pueden desarrollar una cooperación más profunda que cualquiera de las establecidas hasta ahora con países ajenos al bloque comunitario.
La dirigente alemana insistió en que esta nueva etapa debe abarcar ámbitos tan diversos como la inteligencia artificial, el cambio climático, la energía y la seguridad. No obstante, su ambición chocó con la resistencia de gobiernos europeos que consideran prematuro crear una categoría institucional inexistente en los tratados de la Unión.
Alemania y Francia figuran entre los países que han expresado reservas sobre la fórmula propuesta por Von der Leyen. El principal obstáculo es la ausencia de una definición jurídica que establezca qué derechos y obligaciones tendría Canadá como miembro asociado y cómo afectaría ese reconocimiento a otros países que aspiran a integrarse plenamente en la Unión.
Ante estas discrepancias, los negociadores europeos y canadienses optaron por sustituir la expresión «miembro asociado» por el compromiso de avanzar hacia una «asociación cada vez más estrecha». Según el borrador conocido antes de la reunión, ambas partes dispondrán hasta la próxima cumbre, prevista para 2027, para definir el alcance de esta nueva relación.
Para Carney, el contenido de la alianza resulta más importante que su denominación. El primer ministro ha descartado que Canadá pretenda ingresar formalmente en la UE y ha defendido una cooperación que produzca beneficios económicos concretos. Su estrategia responde al deterioro de las relaciones con Washington, marcado por los aranceles impuestos por Trump y las tensiones comerciales entre dos economías profundamente integradas.
La dependencia canadiense del mercado estadounidense explica buena parte de esta aproximación. En 2025, Estados Unidos recibió el 71,7 % de las exportaciones de mercancías de Canadá, una concentración que Ottawa busca reducir mediante nuevos acuerdos comerciales y mayores inversiones europeas. Trump, por su parte, ha calificado de «ridícula» la propuesta de asociación y ha advertido de posibles represalias comerciales si considera que el acercamiento constituye un acto hostil.
Comercio, defensa y tecnología
La jornada del jueves estuvo dedicada principalmente a los contactos políticos y empresariales, mientras que las negociaciones formales entre los dirigentes quedaron previstas para el viernes. Carney organizó una mesa redonda con empresarios junto a Von der Leyen y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, antes de la cena oficial programada para la noche.
Entre las prioridades figura reforzar las cadenas de suministro de minerales críticos, fundamentales para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos y tecnologías avanzadas. Canadá dispone de importantes reservas de estos recursos, mientras que Europa busca reducir su dependencia de proveedores como China. También se estudian nuevas inversiones en infraestructuras energéticas y un acuerdo para facilitar el acceso canadiense a la capacidad europea de supercomputación. AFP
La cooperación militar ocupa otro lugar destacado. Canadá ya participa en el instrumento europeo SAFE, dotado con 150.000 millones de euros para impulsar las compras conjuntas de defensa. Ambas partes pretenden ampliar esta colaboración ante la guerra de Ucrania, las amenazas híbridas y la creciente competencia estratégica en el Ártico.
El acercamiento parte de una relación económica consolidada. Según datos del Consejo Europeo, los intercambios comerciales de bienes y servicios alcanzaron aproximadamente 130.000 millones de euros en 2025, más de un 80 % por encima de los niveles registrados en 2016. La UE y Canadá mantienen, además, el acuerdo comercial CETA, cuya aplicación comenzó en 2017.
La agenda incluye igualmente nuevas oportunidades para estudiantes e investigadores mediante programas como Erasmus+ y Horizonte Europa, así como una mayor coordinación diplomática en asuntos internacionales.
La cumbre concluye el viernes con la presentación prevista de una declaración conjunta que deberá concretar los próximos pasos de la denominada «Alianza para el Futuro», en un encuentro que hasta ahora ha reflejado la voluntad de Ottawa y Bruselas de construir una relación estratégica más autónoma en un escenario internacional condicionado por las decisiones de Washington.





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