Estados Unidos afronta el próximo 3 de diciembre unos comicios que servirán como termómetro del segundo mandato de Donald Trump y volverán a medir el pulso de una sociedad profundamente polarizada. La migración, la desigualdad y la violencia política figuran entre los asuntos que atraviesan el debate público, en un contexto marcado además por la creciente participación de la extrema derecha en la política estadounidense. Tema que aborda Kathleen Belew, profesora de Historia en la Universidad del Noroeste, en "Traed la guerra a casa" (Capitán Swing). Un ensayo en el que la escritora originaria de Colorado, EE UU, desentraña el surgimiento y la evolución del movimiento del poder blanco a lo largo de los años. LA RAZÓN ha tenido la oportunidad de conversar con Belew con motivo de la publicación de su libro en español.
¿Por qué es un error interpretar la violencia supremacista blanca como una suma de ataques aislados, en lugar de entenderla como parte de un mismo movimiento?
En Estados Unidos, la historia que solemos leer sobre los actos violentos del poder blanco es la de un lobo solitario, es decir, un único individuo. Normalmente se los describe como personas desequilibradas, malas personas o, cuando son varios, utilizamos la expresión "unas pocas manzanas podridas". Y eso viene de una estrategia deliberada que puso en marcha el movimiento del poder blanco para evitar ser procesado judicialmente y para evitar la infiltración de agentes federales. La estrategia se llama "resistencia sin líderes". Se implantó en 1983 y básicamente es una forma de terrorismo organizado en células: las personas pueden actuar en pequeños grupos o individualmente en favor de una causa común, pero sin mantener vínculos con los dirigentes ni con otros grupos. La principal consecuencia ha sido que hemos perdido nuestra capacidad para ver este fenómeno y responder a él como un movimiento social.
Sostiene que una de las grandes fortalezas de este movimiento era su capacidad para operar sin una jerarquía clara. ¿Ha observado algún cambio desde que "Traed la guerra a casa" fue publicado?
Este libro se escribió durante la marcha Unite the Right de Charlottesville, en 2017, en la que los activistas del poder blanco gritaban: "Los judíos no nos reemplazarán". Ese fue realmente el momento en el que este movimiento salió de los márgenes y entró en la corriente política convencional estadounidense. En los años transcurridos desde entonces hemos visto de todo: desde Trump dirigiéndose a los Proud Boys durante un debate hasta llegar al 6 de enero y el asalto al Capitolio. Los activistas del poder blanco constituían una parte muy pequeña de aquellos manifestantes, pero eran quienes estaban preparados. Llegaron con equipamiento táctico, lideraron la irrupción en el edificio y muchos fueron procesados por conspiración sediciosa.
Durante el segundo mandato de Trump ha ido incluso más allá, porque están pasando a formar parte del Estado. Pienso, por ejemplo, en miembros de los Proud Boys y los Oath Keepers ejerciendo como seguridad en mítines políticos de la derecha; en personas procedentes de estos grupos que se presentan a cargos públicos; y en una aceptación mucho más abierta de los activistas y de las ideas del poder blanco por parte de la propia Administración Trump. Eso supone un conjunto de objetivos diferente al de la "resistencia sin líderes". La resistencia sin líderes surgió en un momento en el que se volvieron violentos y pasaron a la clandestinidad porque pensaban que la política jamás podría proporcionarles el tipo de cambio que querían. Eso ya no es cierto, ahora la puerta de la política está abierta. Eso no quiere decir que ya no exista una clandestinidad, pero una parte importante del movimiento se ha centrado ahora en la política convencional.
¿Qué significó el asalto al Capitolio para el supremacismo blanco?
Creo que representa una continuación del tipo de actividad del poder blanco que habíamos visto durante los años anteriores, pero también fue un momento de colisión entre los activistas del poder blanco, el movimiento MAGA y otros movimientos marginales, como los seguidores de las teorías conspirativas de QAnon, y eso realmente los consolidó juntos como una fuerza política. Lo vemos en lo que ocurrió después: por ejemplo, en los indultos del presidente a activistas del poder blanco condenados por conspiración sediciosa. De una manera que no era tan clara durante el primer mandato, los ha reconocido jurídica y políticamente como parte de su movimiento. En el primer mandato ya había indicios, pero no era tan explícito.
¿Qué papel han desempeñado Donald Trump y su Administración en la normalización, difusión o incorporación de ideas vinculadas al movimiento del poder blanco dentro de la política estadounidense?
Trump y su Administración son un asunto un poco complicado. Es complicado saber si hacen esas cosas porque creen realmente en esa ideología, porque moviliza a su base o porque quieren provocar a la izquierda. Pero sí sabemos con certeza que Stephen Miller (Asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos) ha recomendado la novela "The Camp of the Saints", vinculada al imaginario del poder blanco, que presenta una invasión islámica de Europa y la caída de la civilización occidental. La recomendó como un ejemplo de por qué había que impedir la inmigración hacia Estados Unidos. También sabemos que Trump ha elevado y dado una plataforma pública a líderes, personas y grupos del poder blanco en muchas ocasiones. Creo que sin duda están incorporando al poder blanco como una parte de su coalición política; también diría que buena parte de la política migratoria impulsada bajo Stephen Miller -las redadas del ICE, las deportaciones, la suspensión del debido proceso, la separación de familias- presenta características propias de ideas del poder blanco.
¿Cómo de estrecha es la relación entre el movimiento MAGA y el supremacismo blanco?
Lo que debemos hacer es entender que MAGA es muchísimo más amplio que el movimiento del poder blanco. MAGA engloba a personas con grados de extremismo muy distintos. Si pensamos en el 6 de enero, había personas que simplemente estaban allí porque adoran a Trump y querían apoyarlo plantándose en la calle con pancartas. Después había personas con equipamiento paramilitar, intentando entrar por la fuerza en el edificio y conspirando para secuestrar o hacer daño a otras personas. También existen diferentes sistemas de creencias que están alineados entre sí, pero no son iguales. Por ejemplo, el poder blanco y el nacionalismo cristiano no son el mismo sistema de creencias y, en ocasiones, incluso tiran en direcciones distintas. Lo mismo ocurre con QAnon y con el movimiento MAGA en sentido más amplio. Y ahí está también el Partido Republicano convencional. Todos esos grupos están políticamente detrás de Trump en este momento. Se trata de una coalición muy frágil. En el caso del movimiento del poder blanco, por ejemplo, sospecho que muchos de sus integrantes pueden ver simplemente esta situación como una enorme oportunidad y no tener ningún vínculo fuerte con Trump. Mientras que MAGA sí tiene una vinculación muy fuerte con Trump como persona.
En una entrevista con el Los Angeles Times, señaló que el Departamento de Seguridad Nacional había estado advirtiendo que el extremismo supremacista blanco constituía la mayor amenaza terrorista para Estados Unidos. ¿Sigue estando de acuerdo con esa evaluación hoy en día?
La vigilancia gubernamental del movimiento del poder blanco cambia de forma radical en periodos muy cortos. El hecho de que el Departamento de Seguridad Nacional pudiera hacer aquella clasificación fue producto de un momento político muy concreto en el que ya no nos encontramos. El FBI bajo Kash Patel ha decidido que no va a hacer un seguimiento de la actividad del poder blanco. Eso significa que no tenemos cifras, pero no que el movimiento haya desaparecido. Cuando quienes están al frente son más comprensivos con estos grupos o simplemente no están interesados, obtenemos mucha menos información.
Dicho esto, creo que hay dos factores que debemos tener en cuenta. Uno es que los mayores niveles de violencia se producen cuando no tienen poder político. Por ejemplo, si hubiera una "ola azul" en las elecciones de mitad de mandato y los republicanos sufrieran grandes pérdidas, yo esperaría un aumento de la violencia asociado a esa sensación de frustración. Cuando Trump abandone el poder -si eso ocurre-, también esperaría una gran oleada de frustración y violencia si esa puerta política se cierra. Y el segundo factor es que toda la gente que ha sido radicalizada en este momento no va a desaparecer; ya han sido activados políticamente.
¿Hasta qué punto se ha intensificado en los últimos años la conexión entre la extrema derecha estadounidense y la europea?
Creo que ahora es mucho más fuerte. El movimiento del poder blanco empezó a conectarse mediante redes informáticas en 1983. Utilizaban tablones de mensajes conectados directamente entre ordenadores mediante códigos y publicaban listas de objetivos e ideología, pero también anuncios personales y recetas de cocina. Es decir, ya estaban haciendo activismo mediante redes sociales incluso antes de que existiera internet. No es únicamente que fueran usuarios tempranos: fueron pioneros de esta forma de organización. Y el hecho de que hayan podido aprovechar este momento histórico, en el que todos pasamos tanto tiempo conectados y las redes sociales son tan centrales para la forma en que interactuamos, ha incrementado exponencialmente su alcance y su capacidad de actuación. Naturalmente, internet facilita muchísimo las conexiones transnacionales. Lo vemos, por ejemplo, en la comunicación entre personas que llevan a cabo tiroteos masivos en distintos países. Pero también lo vemos en estos movimientos políticos que están creciendo. No ocurre únicamente en Estados Unidos, también estamos viendo campañas de extrema derecha en Francia, España, Alemania, Grecia, Polonia y muchos otros países. Y desde luego se observan unos a otros, aunque no necesariamente estén siempre en comunicación directa.
¿Ha conseguido el movimiento del poder blanco "traer la guerra a casa"?
Creo que lo consiguió en Oklahoma City. Creo que ese fue el momento de "traer la guerra a casa": el momento de los daños colaterales, en el que civiles se encontraron atrapados en la violencia propia de una guerra. Lo que me pregunto es hasta qué punto están intentando hacerlo ahora que, en lugar de eso, están encontrando una vía de entrada en la política. No obstante, si observa las calles de Chicago o Minneapolis, sí, la guerra está en casa. Todavía no tenemos cifras sobre quiénes exactamente están incorporándose al ICE atraídos por esos puestos con incentivos económicos. Pero para mí tiene sentido pensar que, si eres un activista del poder blanco interesado en ejercer violencia contra los inmigrantes y ahora pueden pagarte por hacerlo como parte del Estado, ¿por qué no ibas a hacerlo? Así que sí. Creo que están trayendo la guerra a casa y que, con mucha frecuencia, esa guerra se libra contra las personas más vulnerables de nuestra sociedad.





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