Israel votó sin perder de vista a Irán. Más de 7 millones de electores eligieron Gobierno conscientes de que el conflicto con su archienemigo está lejos de terminar. Los dos candidatos para hacerse con el control de la Knéset (El Parlamento), el actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, y el exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, Gadi Eisenkot, coinciden en considerar al régimen de los ayatolás como una amenaza estratégica, aunque presentan discrepancias en cómo combatirlo, qué limites se deben establecer y cuál debe ser el papel de Estados Unidos.
Casi todos los partidos en la carrera electoral coincidieron en la necesidad de impedir que el régimen teocrático consiga armas nucleares. Sin embargo, discrepan sobre si se debe continuar con una estrategia militar, intentar debilitar a Teherán desde dentro, o combinar nuevas sanciones y ataques selectivos con una estrategia diplomática. Netanyahu es partidario de lo primero: ahondar la confrontación militar hasta la caída del régimen. No obstante, esta estrategia ha sido un fracaso en el que los ayatolás han salido reforzados.
El jefe del Likud sigue empecinado en sumir a la región en un caos sin parangón. Sin ir más lejos, el 21 de octubre ordenó “al Ejército y al Mosad preparar el derrocamiento del régimen”, según "The Washington Post". Por ello, asegura que reforzará la producción armamentística nacional y los sistemas de inteligencia, así como reforzará las defensas de la frontera que extiende ilegalmente hacia el Líbano, Gaza y Cisjordania. Netanyahu está más lejos de la paz que nunca. Sólo opta por estrategias militares preventivas contra Irán, al contrario que su contrincante, Gadi Eisenkot, quien se inclina por esperar y responder.
El líder del partido Yashar no esconde su beligerancia hacia Teherán, pero su argumentario gira en torno a desmantelar el programa nuclear iraní como prioridad para desescalar el conflicto. “Considera que ese resultado no puede imponerse desde el aire y prioriza eliminar la amenaza con una combinación de presión económica, diplomacia y posibles ataques selectivos”, según "The Times of Israel".
Asimismo, Eisenkot sigue apostando por la idea de derrotar a los ayatolás a través de un cambio de régimen que surja del interior de la sociedad iraní. Es decir, quiere seguir con las sanciones económicas que estrangulen a la sociedad civil y las operaciones de ayuda a la oposición. No obstante, su currículum indica que no dudará en dar luz verde a operaciones militares, si la amenaza lo exige, o se presenta la oportunidad de eliminar a líderes enemigos.
Entre los otros candidatos, que sin duda resultarán cruciales para conseguir formar Gobierno ya que no se prevé que ningún de los partidos llegue a los 61 escaños necesarios para hacerse con la victoria, destaca el ex primer ministro israelí, Naftali Bennet, que propone una doctrina radical basada en que cada ataque de Hezbolá debe ser respondido con una retaliación contra Irán.
Bennet concurrió a los comicios junto a su homólogo Yair Lapid, el dirigente de la oposición, en la coalición B'Yachad. Ambos se oponen a que Irán aumente su influencia en la región, pero apuestan por “recuperar el apoyo bipartidista de Estados Unidos, reparar las relaciones con la Unión Europea y otros socios occidentales, fortalecer la cooperación con países árabes e impulsar la normalización de las relaciones con Arabia Saudí” como estrategias para acabar con el régimen iraní.




💬 Debate de la Comunidad 0